Los asesinos de la caja de herramientas: Lawrence Bittaker y Roy Norris

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El asesinato de una persona siempre deja una huella en la sociedad. Muchos de los crímenes que alcanzan notoriedad gracias a los medios de comunicación, son los que escriben principalmente la historia negra de un país. A finales de los 70 ocurrieron una serie de crímenes que estuvieron planeándose durante años en una lúgubre celda de una prisión americana.

Dos delincuentes que tras una larga trayectoria criminal por parte de cada uno, acabaron siendo compañeros de rejas. Lo que en un principio parecían ser meras fantasías, acabaron siendo asesinatos en serie que conmocionarían a la sociedad de la época por la atrocidad de éstos. Además, el 31 de octubre sería la fecha clave: el último de sus crímenes. Al poco tiempo serían detenidos y condenados a la pena capital.

Los crímenes que cometieron Lawrence Bittaker y Roy Norris, también conocidos como los asesinos de la caja de herramientas, muestran una serie de características propias de sus conductas y que la criminología puede ayudar a explicar este tipo de comportamientos criminales. Lo que en un principio parecen ser personalidades radicalmente diferentes, ambas confluyen en un punto en común que les harán unirse para saciar el lado violento de ambos.

Lawrence Bittaker y Roy Norris

Como suele ocurrir en este tipo de casos, cuando hablamos de asesinos en serie, en un altísimo porcentaje si acudimos a sus primeros años de vida podremos entender muchas de las conductas que llevan a cabo cuando son adultos.

Una serie de traumas o de conductas nocivas y peligrosas, sobre todo emocionalmente, que quedan interiorizadas y aprendidas en el niño que, sumado a una predisposición biológica, acaba creando un verdadero monstruo. Los factores ambientales, por tanto, suelen ser decisivos en este tipo de casos.

Los criminales Lawrence Bittaker y Roy Norris, aunque llevaron unas trayectorias delincuenciales en su inicio un tanto diferentes y su personalidad también tenían ciertas diferencias. El elemento común que terminó por unirles fue más fuerte que cualquier otra cosa.

Por ello, para comprender las conductas de una persona adulta es necesario acudir a aquellas huellas emocionales que se produjeron durante su niñez y que han sido interiorizadas, aprendidas y, por consiguiente, expresadas a través de sus conductas durante la madurez. Veamos a continuación qué les ocurrió durante la infancia a Lawrence y a Roy.

Huellas emocionales

¿Quién era Lawrence Bittaker?

Si nos remontamos a la infancia de Lawrence, éste nació en un seno de un matrimonio que no deseaba tener hijos, lo cual les llevó a entregarlo a un orfanato y éste, a su vez, a una familia adoptiva. Lawrence comenzó a delinquir a la edad de 12 años y no dejó de hacerlo a lo largo de toda su vida.

Tenía un nivel de inteligencia superior a la media, con 138 puntos, sin embargo, pronto abandonó la escuela por parecerle aburrida. Este es un factor común entre las personas con una inteligencia superior a la media, pues no les motiva lo suficiente.

Los robos, peleas e incluso algún apuñalamiento eran el día a día en la vida de Lawrence y le valió para entrar en un centro de menores a causa de su conducta. Cuando salió de allí a los 18 años, se encontró que sus padres adoptivos se habían mudado de estado y le habían abandonado por completo.

Evidentemente, este hecho le haría mella, más si cabe, y siguió cometiendo un delito tras otro. Los siguientes 20 años aproximadamente se los pasó entre rejas con algunos periodos de libertad. Fue diagnosticado por los psiquiatras como un psicópata y con una gran capacidad para manipular.

¿Quién era Roy Norris?

Paralelamente, se estaba gestando otro delincuente llamado Roy Norris, pues se llevaban tan sólo ocho años entre ambos. Mientras que Bittaker había nacido en 1940, Roy lo hizo en 1948. Conociendo aspectos de su infancia, podemos observar que se dan ciertas circunstancias que le producirían una intensa huella emocional de la que no podría desprenderse el resto de su vida. Tal y como le ocurrió a Lawrence. 

Roy también fue un hijo no deseado y con una madre adicta a las drogas. Esta convivencia hizo que acabase en algunas casas de acogida, donde llegó a sufrir abuso en una ocasión. Norris también tuvo un intento de suicidio, trató de inyectarse aire mediante una jeringuilla en una vena de uno de sus brazos.

Pero el intento fracasó y no pudo llegar a consumar su suicidio. Poco después se alistaría a la Marina, pero cayó en las drogas y se convertiría en un auténtico adicto a la heroína y a la marihuana. Al enterarse los altos mandos fue dado de baja.

Tras todo ello, daría comienzo su trayectoria delincuencial propiamente dicha en el año 1969, tras desencadenar una serie de delitos sexuales. Ataba de forma sorpresiva a mujeres para posteriormente violarlas. Incluso llegó a cometer un asesinato al quitarle la vida a una joven apedreándole la cabeza.

Tras las diversas violaciones fue encarcelado y los médicos le diagnosticaron una personalidad esquizoide y como un delincuente sexual con trastornos mentales. 

En 1975 fue puesto en libertad condicional al suponer los médicos que no era ningún peligro para la sociedad, pero se equivocaron, como era evidente. Volvió a acechar a mujeres y a cometer violaciones que, tras ello, fue encarcelado nuevamente y llevado a la misma prisión donde se encontraba Lawrence. Es en este preciso instante donde se produce el cruce de camino entre ambos. 

Cruce de caminos: planeando los asesinatos

Ambos coincidieron en la misma prisión y pese a sus primeras diferencias, los dos llegaron a congeniar tras encontrar dos puntos que les unían claramente: la violencia sexual y la misoginia. Durante su estancia en prisión estuvieron fantaseando sobre una cuestión en concreto: cómo asesinarían a adolescentes cuando obtuvieran la libertad.

Aquello que parecía una fantasía o una manera de entretener aquellas horas muertas en la cárcel, acabó siendo una realidad. Lawrence salió tres meses antes que Roy de la penitenciaria y aunque ambos habían logrado encontrar trabajo poco después, decidieron reunirse una noche en un hotel para replantear nuevamente aquellos macabros planes que un día se quedaron en el tintero.

Aquella noche establecieron todas las pautas al mínimo detalles para llevar a cabo sus crímenes. De tal manera, planearon comprar una furgoneta con la que secuestrarían a las jóvenes, pero no sin antes practicar cómo iban a hacerlo. Por eso, conducían por las autopistas recogiendo a chicas que hacían autostop, llegando a interactuar con una veintena de ellas.

Sin embargo ninguna fue asaltada ni violada, pues tan sólo estaban practicando maneras de cómo acercarse a ellas para ganar mejor su confianza y también para encontrar lugares apartados fuera de posibles testigos que pudieran verles. Cuando estimaron que aquello había sido suficiente comenzaron los crímenes en serie.

Los crímenes de los asesinos de la caja de herramientas

En un periodo de cinco meses, del 24 de junio al 31 de octubre, cometieron cinco crímenes. Todas sus víctimas fueron mujeres, y siguieron un modus operandi muy similar en todos ellos. La última de las muertes fue la de Shirley Lynette Ledford, de 16 años, ocurrida el 31 de octubre del 79 y que les costó la detención por fin un mes después y las respectivas condenas por ello. 

Las víctimas

Lucinda Lyyn Schaefer

Aunque ambos habían estado ensayando cómo iban a llevar a cabo sus crímenes, realmente no habían ideado un plan estrictamente definido y algunas de sus acciones fueron relativamente improvisadas. Mientras merodeaban con su vehículo y en el cual habían instalado en la parte de atrás una cama, habían escondido una caja de herramientas debajo y una nevera con varias latas de cerveza, vieron a lo lejos a la que sería su primera víctima.

Lucinda acababa de salir de la iglesia que frecuentaba y Norris trató de acercarse a ella y convencerla de que subiera a la furgoneta para beber cerveza con ellos y fumar un poco de marihuana.

Esta primera estrategia no les funcionó en absoluto, así que decidieron conducir un poco más adelante y preparar su plan B. Abrieron la puerta corredera que tenía el vehículo y forzaron a Lucinda para introducirla dentro y cerrar la puerta de manera inmediata. De tal manera, y una vez dentro, fue llevada hasta el punto clave donde cometerían las violaciones y posterior asesinato.

La chica no ofreció ningún tipo de resistencia y tras ser agredida sexualmente en repetidas ocasiones por ambos criminales, fue estrangulada ayudada con un percha metálica que apretaron alrededor de su cuello. Su cuerpo fue envuelto en una cortina de ducha y por último, lanzada por un cañón con la intención de que los animales la hicieran desaparecer.

Andrea Joy Hall

Dos semanas después del crimen de Lucinda, el 8 de julio, Andrea también fue secuestrada por Bittaker y Norris. Cuando estuvo dentro de la furgoneta, Norris se avalanzó sobre ella y tras una intensa lucha donde la joven trató de resistirse, ésta fue sometida finalmente. Roy la amordazó y la ató de pies y manos y la llevaron al mismo punto exacto donde habían asesinado a la anterior chica.

Una vez allí la violaron en dos ocasiones y la obligaron a practicar sexo oral. Además, un nuevo elemento se incorporaba a su modus operandi: la fotografía. La joven fue desnudada y obligada a posar para la Polaroid que tenían. Más tarde y con ayuda de un pica hielos acabaron con su vida introduciéndolo por ambas orejas hasta llegar al cerebro. También fue estrangulada y posteriormente arrojada por un precipicio.

Jackie Doris Gilliam y Jackeline Leah Lamp

El 3 de septiembre ambas subieron voluntariamente a la furgoneta tras haber recibido la oferta de llevarlas al destino que ellas querían en el vehículo de aquella pareja de delicuentes. Lamp, de 13 años y Gilliam de 15, comenzaron a fumar la marihuana que les ofrecieron y a disfrutar del viaje.

Sin embargo, una de ellas, Lamp, se percató que Bittaker, que era quien conducía el vehículo, se había desviado del camino y ante lo cual la joven intentó huir abriendo la puerta corredera de atrás. Roy, le atestó un golpe con unas pesas en la cabeza dejándola inconsciente e inició una pelea con la otra chica.

Bittaker detuvo la furgoneta pensando que podrían levantar sospechas y quiso ayudar a amordazar a ambas chicas. Mientras, Lamp recuperó la conciencia pero fue golpeada nuevamente y lograron atar a las dos jóvenes finalmente.

Fueron llevadas a la guarida que ellos habían elegido para cometer sus crímenes y durante dos días fueron torturadas y violadas. Posaron desnudas para la Polaroid obligadas y también grabaron en vídeo alguna violación. Bittaker alegó que había enterrado aquella cinta en un cementerio y jamás pudo recuperarse la cinta.

También confesó haber torturado a Gilliam apuñalando sus pechos con un pica hielo y haber empleado unas tenazas para arrancar parte de sus pezones.

Gilliam fue asesinada por Bittaker de la misma manera que Andrea y Lamp muerta a manos de Norris, la cual fue golpeada con un martillo en la cabeza y fue estrangulada por Bottaker hasta ocasionarle la muerte definitiva. Seguidamente, ambos cuerpos fueron arrojados por un precipicio.

Shirley Lynnete Ledford

Shirley estaba haciendo autostop para acudir a una fiesta de Halloween cuando fue secuestrada por ambos criminales. Las investigaciones que se realizaron por parte de la policía consideran que no subió a la furgoneta por la fuerza, sino que reconoció a Lawrence porque era cliente habitual en la cafetería donde ella trabajaba.

Entre ambos amordazaron y ataron de pies y manos a la joven mientras era amenazada con un cuchillo. Sufrió toda clase de golpes, tanto puñetazos como ayudados por un martillo que le ocasionaría múltiples fracturas en el cráneo, brazo izquierdo y senos. También fue torturada con unos alicates que provocaron serios desgarros en las partes genitales de Shirley.

Sufrió diversas violaciones y además, todo ello fue grabado con una grabadora. Acabaron con su vida estrangulándola con una percha metálica que apretaron con alicates y tras quitarle la vida abandonaron su cuerpo en un jardín de una vivienda privada elegida completamente al azar. 

Investigación, arresto y modus operandi

Todas las jóvenes habían sido reportadas como desaparecidas pero no existía ningún indicio que llevara a saber qué era lo que había sucedido con las jóvenes. Sin embargo, un fallo en la estrategia de ambos delincuentes haría que acabasen detenidos por la policía.

Norris se había encontrado con un antiguo compañero, Dalton, y le había estado confesando lo que había hecho con Bittaker en los últimos meses. Éste, sin pensarlo, consultó con su abogado y le aconsejó que lo pusieran en conocimiento de las autoridades.

Tras hacer caso a aquellos consejos, la policía comenzó a establecer relación entre la versión de Dalton y los indicios que tenían sobre los casos que tenían abiertos de esas jóvenes. Muchos de los detalles que facilitaba coincidían con las pistas que tenían los agentes.

De tal manera, ambos fueron detenidos como sospechosos de aquellos casos que tenían pendientes de dar respuesta. Además, también coincidía con los detalles que habían aportado otras jóvenes que habían sido violadas por estos criminales pero no habían sido asesinadas.

El 30 de noviembre de 1979 llegaría la confesión. Norris no pudo soportar aquella presión y se sintió obligado a confesar todo lo que habían estado realizando ambos, Bittaker y él, en los últimos meses.

Lo más probable es que la personalidad de Bittaker, el cual recordemos presentaba psicopatía, haya generado unos niveles más bajos de empatía y, por consiguiente, menos estrés ante la situación al no generarle ningún remordimiento o sentimiento de culpabilidad sobre su conducta.

El nivel de violencia de Bittake era mayor que el de Norris y además, se había intensificado conforme había ido cometiendo más crímenes. Paralelamente a este aumento de la violencia, también se produjo un incremento de nuevos hechos en relación a su modus operandi.

En ese sentido, lo que primero fue una violación y un estrangulamiento, posteriormente añadió fotografías, videos y unas muertes más violentas generando más poder, dominio y también confianza sobre el manejo de la situación. Esto también llevó consigo el recrearse incluso más tiempo sobre su víctima, atreviéndose a secuestrar a dos adolescentes y mantenerlas en cautiverio durante dos días.

La zona donde actuaban siempre era la misma, Redondo Beach y las montañas de San Gabriel. Habían inspeccionado la zona antes de actuar y habían planificado sus crímenes en aquellos lugares. Este hecho les generaba confianza al actuar dentro de su zona de confort.

Los cuerpos de las jóvenes pudieron ser rescatados a excepción de dos, el de Lucinda Schaefer y el de Andrea Hall, gracias a que Norris llevó a los agentes a los puntos exactos donde habían acudido para abandonar los cuerpos sin vida de las víctimas.

Ambos fueron acusados de asesinato. Actualmente, Lawrence Bittaker se encuentra en el corredor de la muerte. Roy Norris, fallecía en la prisión por causas naturales el 24 de febrero de 2020 a los 72 años.

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