Barbara Graham: pena de muerte por asesinato

Barbara Graham

–  Si toma aire profundamente antes de que los pellets de cianuro sean liberados en la cámara de gas, ayudará a que el proceso se agilice. – Le dijo el verdugo a Barbara.

– ¿Cómo diablos lo sabe? – Respondió ella.  

Prostitución. Drogas. Robos. Asesinatos. Estas palabras podrían definir la vida que vivió Barbara Graham. Un cóctel explosivo dado a una dura infancia, rechazada y pasando año tras año de orfanato en orfanato. 

Los primeros años de Barbara

Una calurosa noche de 1923 daba a luz Hortense Ford a Barbara con 17 años. Hacía unos pocos años que había logrado salir del reformatorio y había comenzado a dedicarse a la prostitución para poder subsistir. No le permitía tener una vida digna pero al menos podía conseguir comer algo prácticamente todos los días. La llegada de Barbara había sido totalmente inesperada pero trató de cuidarla dentro de sus posibilidades. Sin embargo, al cabo de un tiempo nacería su segunda hija, Claire, y todavía se vería más agravado, si cabe, su problema de supervivencia. 

Aunque con dos hijas pequeñas a cargo, conoció a Joseph Wood que acabaría casándose con ella y fruto de este matrimonio nacería su tercer hijo, Joseph Robert Wood. Sin embargo, aunque parecía que la vida le estaba regalando algo de estabilidad todo se truncó con la muerte de su marido poco después, lo que la volvería a convertir en una madre soltera a cargo, esta vez, de tres hijos pequeños. 

Parecía que Hortense no podía dar a sus hijos una vida estructurada, ni tampoco una educación que permitiera a sus hijos crecer y desarrollarse dignamente, por lo que tomó la decisión de entrar a Barbara en un orfanato con tan sólo dos años de edad. La pequeña apuntaba maneras, pues la describían como una niña inteligente pero los cuidadores iban y venían… lo que impedía a Barbara echar raíces en un entorno tranquilo. Rodeada siempre de extraños y sumado al abandono de su madre, provocarían en su personalidad una huella difícil de cicatrizar. La joven creció entre aquellas ciscunstancias y pronto se producirían los primeros arrestos por encaminarse hacia la mala vida. Durante su adolescencia llegó la primera detención por vagabundear por las calles, hecho que le sirvió para ir directamente al reformatorio nuevamente. Esta vez, al mismo donde había crecido su madre durante toda su niñez y parte de la adolescencia de ésta. 

Cuando Barbara logró salir del internado en 1939 contaba ya con 16 años y la búsqueda de contraer matrimonio no tardó en presentarse. Tan sólo un año más tarde, en 1940, se casaría con un guardacostas, se inscribiría en una escuela de negocios y pronto tendría dos hijos con quien se convertiría en su marido, Harry Kielhamer. Sin embargo, el matrimonio no fue próspero y tan sólo dos años más tarde se divorciarían, quedándose la custodia de los hijos Harry.

Los fracasos amorosos de Barbara iban en aumento, pues en los siguientes años contraería matrimonio nuevamente en dos ocasiones más, pero ninguno de los dos prosperaría. Tras todo ello, comenzó a conocerse a Barbara como <<la gaviota>>, y es que con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y sin un lugar estable hacia donde ir, decidió desempeñar la prostitución al igual que lo hizo su madre. Comenzó a frecuentar bases navales militares para ofrecer sus servicios sexuales pero pronto llegarían nuevamente los arrestos y es que, en 1942, ella junto con otras prostitutas volarían hasta Long Beach y San Diego, lo que le costaría el arresto en las bases navales de dichas ciudades, así como en San Pedro, por prostitución.

Con 22 años, Barbara tenía un gran encanto, rojos cabellos y atractivo sexual, lo que le llevó a desempeñar nuevamente servicios sexuales pero esta vez en un burdel de San Francisco. Sería aquí donde se introduciría en el mundo de las drogas y el alcohol, y se codearía en grupos de delincuentes y ex convictos, llegando con ello sus siguientes condenas, y es que en un juicio había asistido como testigo aportando falso testimonio, lo que le llevaría a ser juzgada y a cumplir su condena en la prisión de Tehachapi, en California. Tras ello, se trasladaría a vivir a Nevada donde trabajaría como camarera en un hospital, pero su estancia allí sería corta, pues al poco tiempo tomaría un autobús rumbo a Los Ángeles, donde nuevamente ejercería la prostitución y conocería a su cuarto marido, un camarero, criminal y drogadicto llamado Henry Graham, con quien contraería matrimonio en 1953 y tendría su tercer hijo.

La carrera delictiva de Barbara

El anhelo de llevar una vida tranquila y asentada se acentúa en el interior de Barbara. Resignada prácticamente a la idea de que ese estilo de vida resulta utópico para ella, se acomoda en una vida rodeada de drogas, prostitución y delincuencia. Pues es a través de su nuevo marido, que consigue contactos que le llevarán totalmente a la perdición.

Perkins y Santo, serían dos criminales que entrarían a formar parte del círculo de Barbara. Amigos de su marido, y con un historial delictivo a sus espaldas, comenzaron las primeras insinuaciones hacia Barbara. Ésta, acostumbrada a la profunda y arraigada mala vida de su marido, llena de delincuencia y drogas, no tarda en oír las peticiones de sus dos nuevos amigos. Perkins, sin embargo, no sólo buscaba a Barbara como cómplice de un nuevo delito, sino que su interés iba más allá de eso, quedando cegado por la belleza de la mujer de su amigo. Barbara se percató y no tardaría en ceder a los deseos de Perkins, convirtiéndose no sólo en su amante, sino en su cómplice para asaltar una vivienda.

Perkins, le había estado hablando a Barbara de una viuda adinerada de 64 años de edad. Al parecer, sabía que tras la muerte del marido, había heredado una gran cantidad de dinero en efectivo y que guardaba entre las cuatro paredes de su casa. La suma de dinero era bastante imponente, por lo que Barbara y sus cómplices no tardaron en idear el plan. Un plan que llevarían a cabo el 9 de marzo de 1953.

Aquel día, Barbara se acercó decidida a la puerta de la viuda con la intención de llamar mientras sus camaradas aguardaban a que ésta lograra entrar de alguna manera en la vivienda o al menos, despistara a la mujer lo suficiente como para robarle el dinero.

Barbara llamó al timbre y aguardó unos segundos antes de que se abriera la puerta y apareciese al otro lado del umbral aquella adinerada viuda. Con voz amable, Barbara le pidió que le dejara utilizar el teléfono, pues necesitaba hacer una llamada urgente. La viuda, se retiró para no entorpecer el camino de Barbara y le ofreció pasar dentro de la vivienda indicándole dónde estaba el teléfono. El plan, parecía estar funcionando.

Fuera se encontraban Perkins y Santo junto con otros dos delincuentes más que ayudarían con el plan, True y Shorter. Todos ellos se encontraban al acecho, pues tras abrir la puerta la viuda para que Barbara pasara, los hombres salieron repentinamente y entraron de manera violenta dentro de la casa. Acorralando a la mujer, exigieron el dinero que ésta había heredado de su marido pero se negó en rotundo a darles nada. Tras la negativa, Barbara enfureció y comenzó a acribillarla a golpes con la culata de un arma provocándole severas heridas en el cráneo. Sin embargo, ello no fue suficiente para ésta y decidió seguir con su ataque cogiendo una almohada y colocándola sobre su cara hasta provocarle la muerte por asfixia.

Tras matar a la viuda, los cinco se dispusieron a registrar la vivienda por completo pero no encontraron absolutamente nada, abandonado la vivienda con las manos vacías pero con una fuerte frustración sobre cada uno de ellos.

Un trágico final

Las investigaciones de la policía se llevaron a cabo y consiguieron detener a los miembros de la banda. True, mantuvo un papel relevante durante los arrestos y juicio por el asalto a la vivienda de aquella viuda, pues declaró en contra de Barbara a cambio de convertirse en un testigo del Estado y obtener la inmunidad judicial. Mientras Barbara alegaba su inocencia más absoluta una y otra vez, la prensa no dudaba en rellenar las portadas de sus periódicos con su rostro y el sobrenombre que se había ganado para los periodistas: <<Bloody Babs>>.

Ante la desesperación de Barbara por demostrar la inocencia que ella alegaba fue <<víctima>> de un engaño que le costaría su defensa y la máxima de las condenas. Una de las internas con quien ella compartía celda, le dijo que por la cifra de $25 000 dólares, un amigo suyo podría hacerse pasar por su pareja y decir que estaban juntos en el momento en que se produjo en atraco y muerte de la víctima. Lo que Barbara desconocía, es que era un plan de la policía, y que ese supuesto <<novio>> era realmente un policía encubierto que buscaba la confesión de Barbara. Tal es así, que con una grabadora escondida, aquel policía encubierto le dijo a Barbara que sólo se inventaría la coartada si ésta confesaba que realmente había estado en la escena del crimen. Barbara, lo confesó, y esa grabación fue suficiente en el Tribunal para declararla culpable y ser sentenciada a la pena de muerte. Perkins y Santo corrieron la misma suerte que Barbara, y fueron también sentenciados a muerte.

El 3 de junio de 1955 se había programado la muerte de Barbara a las 10:00 de la mañana, sin embargo, se pospuso 45 minutos más. Cuando faltaban apenas dos minutos para la ejecución, volvió a aplazarse hasta las 11:30. Finalmente, a las 11:28 fue llevada ante la cámara de gas y pidió una venda para los ojos, pues no quería ver al público que había acudido hasta allí sólo para verla morir. Antes de entrar pronunció las siguientes palabras: “La gente buena siempre está tan segura de que tienen razón…”.

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