Betsy Aardsma: asesinato en la biblioteca

Betsy Aardsma

«¡Qué alguien ayude a esta chica!» Fueron los gritos desgarradores de un testigo que rompió el silencio de la biblioteca Pattee. Aquel hombre vio como Betsy Aardsma se desplomaba en el suelo del pasillo número 51 el 28 de noviembre de 1969. Los libros, que habían caído sobre la joven dejándola prácticamente sepultada, reposaban desperdigados cubriendo también parte del suelo del pasillo.

Hoy os narro la historia de Betsy Aardsma, una joven estudiante de 22 años cuyo caso sigue sin resolver más de 50 años después de haberse cometido. Las distintas circunstancias que sucedieron momentos después de un aparente desmayo en el pasillo 51 de la biblioteca, no ayudaron precisamente a resolver el caso. Más bien todo lo contrario.


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Pasillo 51 de la biblioteca Pettee: el desmayo de Betsy Aardsma

Sharon Brandt y Betsy Aardsma eran compañeras de la Universidad de Penn State. Betsy necesitaba acudir a la biblioteca par terminar un trabajo de inglés que todavía tenía pendiente, por lo que la tarde del 28 de noviembre de 1969 se dirigió hacia la biblioteca del Campus. Ambas amigas habían quedado que después de que Betsy terminara el trabajo quedarían en verse para ir al cine y ver juntas una película. Mientras tanto, Betsy entraba en la biblioteca y se acercaba hasta el bibliotecario que se situaba detrás del mostrador para preguntarle dónde podía encontrar la información que estaba buscando. Tras las indicaciones recibidas, Betsy subió hasta el segundo piso y sus pies la llevaron hasta el pasillo 51. Sus ojos comenzaron a inspeccionar cada lomo de los libros que tenía frente a sí.

El silencio de la biblioteca únicamente quedaba roto por ligeros pasos amortiguados sobre la moqueta que la rodeaban mientras hojeaba libros y pasaba páginas y páginas buscando información para su trabajo. Betsy se encontraba en un escenario donde, quien tiene planeado cometer un asesinato, debe actuar con sigilo y sumo silencio. ¿Quién iba a pensar que en un lugar así podría cometerse un crimen? ¿Quién iba a pensar que en un lugar así pasaría desapercibido un criminal que sigue manteniendo su anonimato medio siglo después?

Betsy Aardsma
Betsy Aardsma

El escenario

Los estudiantes que estaban en ese momento en la biblioteca alzaron sus ojos de las páginas de los libros que estaban leyendo al escuchar como una gran pila de ellos caía estrepitosamente en uno de los pasillos. Aquello también alertó a los trabajadores. Uno de los empleados decidió acercarse hasta el punto desde donde había venido el sonido. Una joven con un vestido rojo había sido sepultada por unas cuantas decenas de libros. Todo apuntaba a que, tratando de sostenerse en pie, se había intentado agarrar a los libros de los estantes que acabaron cayendo sobre sí misma cuando se desplomó de espaldas. El empleado de la biblioteca gritó. Pidió auxilio. Eran las 16:55. Una joven se ha desmayado en el pasillo número 51. Está inconsciente.

No tardaron en llegar otras personas que ofrecieron su ayuda. Todo había sucedido en cuestión de unos 10 minutos. Las sacudidas sobre el cuerpo de Betsy eran insistentes. No se despertaba. «¡Llamen a una ambulancia!». El teléfono de del Centro de Salud Ritenour situado en el propio Campus comenzó a sonar. Eran las 17:01.

– Una joven ha perdido el conocimiento. No se despierta.

– ¿Tiene pulso?

Las maniobras de reanimación eran contundentes pero no había respuesta por parte de Betsy. Su cuerpo yacía inmóvil, flácido y rodeado de libros. En cuestión de minutos llegaron los sanitarios. Se la llevaron para tratar de salvarla pero no pudieron más que certificar su muerte a las 17:19 horas.

El informe de autopsia confirma el crimen de Betsy Aardsma

Los intentos por salvarle la vida habían sido completamente en vano. Nada habían podido hacer por salvarle la vida. Las incógnitas comenzaban a girar alrededor de la muerte de esta joven. Nadie entendía cómo una joven de 22 años y sin ningún tipo de patología previa había caído desplomada en el suelo de una biblioteca mientras consultaba información para un trabajo. Mientras le realizaban maniobras de reanimación un médico se percató de la sangre. Ordenó detener las reanimaciones. Con unas tijeras y rasgando las ropas de la víctima, salió a la luz la prueba irrefutable que confirmaba el crimen de Betsy Aardsma.

El informe de autopsia confirmó lo que ya se temía: Betsy había sido asesinada. Un arma blanca perforó la zona del seno izquierdo. De unos 3 cm de ancho y unos 15 cm de profundidad, el arma había penetrado hasta traspasar la arteria pulmonar. Esto provocó que la mayor parte de la sangre se desviara hasta los pulmones impidiéndola gritar y muriendo rápidamente después de que sus pulmones se encharcaran con su propia sangre. Betsy vestía un suéter blanco grueso y encima un vestido rojo también de tela gruesa. Los tejidos absorbieron los restos de la sangre que pudo emanar de la herida y esto impidió que quedara a la vista de todos. También que la tela roja disimulara la sangre que había traspasado.

Pero el asesinato de Betsy cambiaba radicalmente la historia. Si había sido apuñalada quería decir que el pasillo 51 de la biblioteca se acababa de convertir en un escenario del crimen y, en consecuencia, habían compartido espacio y tiempo con su asesino. En algún momento entre las 16:45 y las 16:55 se había producido el asesinato. Los estudiantes y los empleados de la biblioteca habían compartido espacio y tiempo con el asesino de aquella chica. Mientras todos acudían para auxiliar a Betsy alguien corría hacia el lado contrario. Pero, ¿quién?

El escenario del crimen

El pasillo había sido limpiado y los libros recogidos y vueltos a colocar en su sitio. Cuando los investigadores llegaron hasta allí, un sentimiento desolador les sobrecogió. Los estudiantes habían vuelto a caminar por el pasillo sin ningún tipo de restricción y habían vuelto a consultar los libros que cayeron sobre Betsy. No sólo se habrían eliminado las pocas pruebas de las que pudieran disponer sino que además toda el área del crimen había sido pisoteada por decenas de personas nuevamente.

Era finales de 1969. Las pruebas de ADN no existían y las pocas pistas que podían haber obtenido habían desaparecido. Al menos… así parecía. Pero decidieron, igualmente, comprobarlo.

La policía estatal empleó luz ultravioleta para detectar fluidos corporales. La principal finalidad era averiguar si algún resto de sangre de Betsy podía haber quedado esparcido por el pasillo y del que no se hubieran percatado en su momento.

Las luces apagadas y la luz ultravioleta encendida dejó ver una escena llena de evidencias que iban a ser prácticamente inservibles. Centenares de manchas de semen se revelaron con la luz pero todo aquello tenía una explicación. Una explicación, que por cierto, iba a complicar todavía un poco más la investigación. Los estudiantes guardaban entre los libros revistas pornográficas y usaban aquel pasillo para mantener citas entre ellos. Este punto fue relevante para la investigación y para el desarrollo de una teoría que cobraría fuerza. Se llegó a interpretar que Betsy pudo haber sido sorprendido a una pareja homosexual manteniendo relaciones sexuales en el pasillo y que decidieron acabar con la vida de Betsy para evitar que pudiera contar algo de aquello. Sobre una silla encontraron algunas revistas pornográficas heterosexuales y homosexuales, así como una lata con huellas dactilares parciales que nunca pudieron ser cotejadas con éxito.

Se entendió, por tanto, que aquella zona apartada de la biblioteca se empleaba por los jóvenes para mantener encuentros sexuales esporádicos y que las múltiples evidencias de restos biológicos encontrados en la zona dificultaban sobremanera el hallazgo de alguna pista que les sirviera realmente para resolver el caso.

La investigación del crimen de Betsy Aardsma

El crimen de Betsy Aardsma había supuesto un shock para los estudiantes y trabajadores del campus de la universidad. Era preciso tratar de dar respuesta a este suceso pues, de no haberla, quedaban en el aire preguntas que generaban mucha incertidumbre. ¿Podrían estar ante un criminal indiscriminado? ¿Estaban seguros el resto de estudiantes? Era necesario hallar la motivación que llevó a alguien a acabar con la vida de Betsy y había escogido un escenario tan particular como el de una biblioteca.

Y la insistencia dio sus frutos. Entre tanta evidencia revelada en el pasillo 51 hallaron lo que, parece ser, buscaban: una ligera proyección de sangre. Aquello que se reveló frente a los ojos de los investigadores les ayudó a atar algunos cabos, aunque no los suficientes como para poder cerrar el caso. La proyección muy posiblemente surgiera de la propia herida tras retirar el arma que había sido empleada para cometer el crimen. No se hallaron restos de sangre ni heridas defensivas en las manos de Betsy, lo que indicaba que había sido apuñalada por la espalda y no había tenido la posibilidad de defenderse.

¿Había percibido Betsy la presencia de su asesino? ¿Pudo acercarse lo suficiente hasta ella sin levantar sospechas porque se conocían previamente? ¿O había sido lo suficientemente sigiloso para que Betsy, enfrascada leyendo un libro, no se percatase en absoluto de la presencia de su asesino?

Esta era una cuestión a resolver, pues la versión de la historia podría cambiar radicalmente. Si se conocían previamente y eso había facilitado al tarea al asesino para acercarse, el cerco de búsqueda se reducía notoriamente, centrándose en la esfera social de la víctima. Si su asesino había elegido a su víctima, quiere decir que quería matar a Betsy Aardsma. La observación del espacio físico y las dimensiones del pasillo donde se encontraba Betsy en el momento de su muerte, indicaba que su asesino tuvo que haber ido de frente hacia su víctima.

El pasillo era demasiado estrecho para que dos cuerpos cupiesen uno al lado del otro, salvo que uno de ellos se apartada para dejar paso. Tampoco hubo gritos, ni intención de huir por parte de la víctima. No hubo forcejeo. Fue todo demasiado rápido. La apuñaló en el corazón. Rápido y sin dubitar. Las hipótesis de que fuese un crimen pasional comenzaban a cobrar cierta fuerza.

Los agentes que investigaban el caso se multiplicaban conforme el caso se volvía más complejo y con evidencias de las que surgían preguntas sin respuesta. Los agentes se pusieron a trabajar para intentar averiguar qué personas pisaron el suelo de aquella biblioteca para intentar encontrar testigos que arrojaran algo de luz a este caso.

Un golpe de media suerte

Mike Summers, el agente que había estado gestionando los trabajos llevados a cabo en el escenario del crimen en busca de evidencias siguió intentándolo. Las posibles pruebas perdidas o contaminadas complicaban la tarea de investigación. Sin embargo, los conserjes que habían recibido la orden de limpiar y ordenar la escena del crimen únicamente se habían centrado en el pasillo 51. Pero el asesino tuvo que huir por algún sitio. Por este motivo, los investigadores llevaron a cabo una exhaustiva inspección ocular por toda la biblioteca y acabaron encontrando una evidencia: unos restos de sangre que pertenecían a la víctima en las escaleras que llevaban al Nivel 3 de la biblioteca. Gracias a ello habían podido establecer una ruta de huída por parte del asesino.

Sin embargo, todavía era insuficiente la información que tenían sobre este caso. Era preciso contar con los testigos oculares que contaran lo que habían visto y, sobre todo, si habían percibido comportamientos o actitudes sospechosas por parte de alguna persona que se encontraba en el momento del asesinato en la biblioteca.

Los testigos del caso Betsy Aardsma

Las pesquisas llevadas a cabo para intentar encontrar el arma con la que se cometió el crimen fueron totalmente infructuosas. No hubo ni una sola evidencia, ni un sólo hilo del que tirar para poder encontrarla. Llegaron incluso a ofrecer la cifra de $25000 a quien pudiera llevarles directamente hasta el asesino de Betsy Aardsma. No hubo suerte. Las comprobaciones estadísticas arrojaron un resultado de que 400 personas, de media, entraban y salían de la biblioteca entre las 14:30 y las 17:00. Horas estimadas en las que víctima y verdugo estuvieron en la biblioteca.

Los datos del 28 de noviembre de 1969, sin embargo, arrojaron cifras distintas y es que un total de 90 personas acudieron aquel día. La reducción de público pudo deberse también al hecho de que era la semana de Acción de Gracias y viernes, ¿pudo tener esto en cuenta este detalle el asesino? La intuición, me arriesgaría a decir, que sí.

Dos testigos: Uafinda y Erdley, vieron correr a una persona por los pasillos de la Biblioteca Pattee en el momento en que se produjo el crimen. Según sus declaraciones, aquel sospechoso salió corriendo de la zona de donde se había producido el crimen. En un espacio cerrado donde se agrupan un centenar de personas más los trabajadores suponía para la policía tener, al menos, la esperanza de que alguno de ellos hubiera visto algún comportamiento sospechoso por parte de alguien. 

Ambos testigos consiguieron aportar algo de información gracias a las descripciones físicas que hicieron del potencial sospechoso. Esto sirvió para crear un retrato robot del asesino de Betsy. 

Richard Haeffer
Retrato robot

Los primeros sospechosos: William Spencer e Iarry Maurer

William Spencer fue el primer sospechoso denunciado ante las autoridades como presunto asesino de Betsy Aardsma. Tras la denuncia confesó haberla asesinado. Afirmó que había posado para él desnuda para que pudiera llevar a cabo un trabajo de escultura. Este punto nunca pudo ser corroborado y la policía tampoco pudo encontrar pruebas que le vincularan directamente con el crimen más allá de su confesión.

Por otro lado, Iarry Maurer, compañero de clase de Betsy, también fue considerado como sospechoso del crimen. Ambos se conocían desde hacía tan solo unas semanas pero no se pudo comprobar que hubiesen tenido algunas diferencias entre ellos y que existiese un motivo suficiente como para que Iarry quisiera acabar con la vida de Betsy. Además, sus rasgos físicos eran radicalmente opuestos a los que afirman los testigos: rubio, de estatura media y sin gafas. Un aspecto muy distinto a lo que buscaban los investigadores.

Finalmente, el que la creencia considera que es el verdadero autor del crimen de Betsy: Richard Haefer. 

Richard Haefer: el único y verdadero sospechoso del crimen de Betsy Aardsma

Cuando un caso se vuelve altamente mediático o rodeado de una gran dosis de misterio, no faltan aquellos que pretenden esclarecer el caso. En Estados Unidos es frecuente que autores dediquen parte de su tiempo a la investigación de forma totalmente particular y plasmen sus conclusiones en libros que después se publican y se exponen abiertamente a todo aquel que tenga interés en saber qué opina o qué a averiguado ese investigador.

Derek Sherwood y David DeKok centraron sus investigaciones en este caso y ambos consideran que el verdadero autor del crimen es, sin ningún género de duda, Richard Haefer, el profesor de geología, entonces estudiante, de la Universidad de Penn State. 

Con vínculos sociales algo cuestionables, Richard intentó mantener relaciones con mujeres para ocultar una homosexualidad que por aquellos años suponía un verdadero problema social. Esto le llevó a intentar convencer a varias mujeres, viajando hasta donde ellas se encontraban, para que mantuvieran una relación con él. Sus formas desesperadas de declararse sólo le ofrecían puertas que se le cerraban a modo de negativa y que acrecentaba su frustración.

Presentaba episodios de ira descontrolada y el hecho de que residiera muy cerca de Betsy hizo que las sospechas cobrasen más fuerza. Además, se sabía que ambos habían mantenido una amistad y que Betsy había decidido poner fin poco antes de haber sido asesinada.

Siguiendo el mismo modus operandi que con otras mujeres, Richard había visitado el apartamento de Betsy en diversas ocasiones. Esta información se la ofreció Sharon Brant, la amiga de Betsy. 

Richard Haeffer Betsy Aardsma
Richard Haefner, 1970. | Foto vía theobjective.com

La policía no dudó en hablar con Richard, quien reconoció haber mantenido esa amistad a la que Betsy decidió poner fin y cuya decisión no compartía. 

Además, el retrato robot de la policía guarda un parecido sorprendente con Richard.

Después del suceso, Richard Haefer continuó con sus estudios sin pisar durante dos años el campus universitario.

En marzo de 2002, Richard Haeffer falleció en el baño de un hospital tras sufrir un desgarro de la aorta y cuya sangre se acumuló en los pulmones. Le impidió gritar, le impidió pedir auxilio. Se desplomó sobre las baldosas del baño y falleció, misteriosamente, de una forma muy similar a Betsy Aarsdam. 

Siete años más tarde, en 2009, unas conversaciones salieron a la luz. El sobrino de Heafer contactó con Derek Sherwood para contarle algo de lo que había sido testigo. Haefer fue acusado de haber abusado sexualmente de dos niños del vecindario aunque, en ese sentido todo apuntaba que fue una denuncia falsa y aquello no prosperó. Sin embargo, cuando Haefer contactó con su madre para contarle lo sucedido estuvieron hablando del crimen de Betsy Aarsdam. “Hijo mío, ¡mataste a esa niña y ahora me estás matando a mí!”


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Fuentes:

https://www.guioteca.com/grandes-misterios/

https://www.nvinoticias.com/

https://www.nbcnews.com/dateline/cold-case

Un comentario sobre “Betsy Aardsma: asesinato en la biblioteca

  1. Como comentaba en el canal de YouTube, excelente el trabajo realizado, Ana. Desde luego, debido a la época en que sucedió el caso y las circunstancias que rodearon el mismo, podríamos decir que se unieron muchos factores necesarios para que éste extraño caso pasara a engrosar la lista de «casos sin resolver». Un saludo.

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