El caso de Cindy James: el misterio del hombre invisible

Los primeros años de tormento de Cindy James

El 12 de junio de 1944 nacía en Oliver (Canadá) Cindy James, la hija mayor de seis hermanos del matrimonio entre Tillie y Otto Hack. Desde la niñez, Cindy siempre tuvo la ilusión de llegar a convertirse en enfermera. En 1966 se cumplía su deseo tras completar todos sus estudios. Comenzó trabajando con niños discapacitados y posteriormente lo haría como enfermera en el área de pediatría. Sin embargo, no sólo se dedicaba a tratar a los niños en las afecciones físicas que éstos tenían, sino que su bondad y amabilidad le hizo ir mucho más allá, tratando también desequilibrios emocionales que podían tener los pequeños que cuidaba durante sus horas de trabajo. Cindy era una mujer adorada por todos y poseía unas cualidades que hacían que todo el mundo se llevara bien con ella. La familia la describía como una chica bondadosa, alegre y llena de vida.

El mismo año en que se graduó y comenzó a trabajar como enfermera, conoció en aquel hospital al que sería su futuro marido, el doctor Roy Makepeace. Nacido en 1926, Roy era quince años mayor que Cindy pero ello no supuso ningún impedimento. De hecho, él se divorciaría de la mujer con quien estaba casado para poder contraer nupcias con Cindy en diciembre del 66. La familia, en desacuerdo absoluto con el enlace, fue desoída por completo. Otto, el padre de Cindy, no lo consideraba un hombre acorde para su hija y no por la edad, sino por una serie de comportamientos que observó y que hizo levantar sus sospechas hacia las intenciones de aquel hombre, como por ejemplo, el hecho de haber falseado su relación con Cindy y no divorciarse de su ex mujer hasta meses antes de casarse con su hija. No entendían cómo por voluntad de la propia Cindy, había decidido ser la amante, durante un año entero, de Roy. 

La familia estaba convencida de que Roy se veía con múltiples mujeres y además, le veían como un hombre controlador y extremadamente posesivo. Sin embargo, veían a Cindy feliz, y eso era lo más importante de todo. No obstante, todo lo que rodeaba aquel matrimonio parecía de ensueño para Cindy y su felicidad era más que evidente. Haber conocido a Roy y haberse casado con él, había sido para ella uno de los mayores e importantes sucesos de su vida. Pero todo cambiaría años más tarde.

El 1 de julio de 1982, Cindy solicitaría el divorcio sin razones aparentes. Manifestó que era de mutuo acuerdo y que todo seguiría siendo igual que había sido hasta el momento, y al parecer, era totalmente cierto. El acuerdo de divorcio se llevó a cabo, pero tal y como Cindy había dicho, nada cambiaría. Las navidades del 82 al 83 las pasaron juntos y siguieron acudiendo a reuniones y eventos, salían a tomar una copa, a cenar, entre otras actividades que mantendrían durante algunos años más.

Sin embargo, la presión que había estado sufriendo Cindy a lo largo de todos estos años haría mella en su comportamiento. Y es que, sólo se veían cuando Roy quería hacerlo y lo mismo sucedía con las llamadas telefónicas entre ambos. Tras mantenerse todo aquello en el tiempo, Cindy comenzó a tener ataques de ansiedad y su condición mental fue poco a poco deteriorándose. Cambios en su actitud y episodios de gran violencia contra quien fue su marido a causa de una fuerte frustración, rabia e ira que había estado reprimiendo contra él. Cindy, había dejado de sentirse única para Roy.

Tras todo el estrés que Cindy estuvo sufriendo durante años, llegaron las hospitalizaciones. Fue ingresada hasta en siete ocasiones por unas supuestas autolesiones que se estaba propiciando. Fueron este tipo de comportamientos los que marcarían un punto de inflexión, cuando el abogado del médico de Roy le aconsejó que rompiese cualquier vínculo con Cindy y con su familia. De tal manera, el 1985 la recomendación se convertiría en realidad y se haría patente la ruptura definitiva entre ambos. Roy rompió cualquier vínculo con la ya su ex mujer, dejando de verse y de hablar por teléfono. Tras el divorcio, él manifestó que Cindy padecía un desorden de personalidad múltiple y es que, al parecer, quiso dejar claros los motivos por los que daba de lado a Cindy, para siempre.

Alguien acecha detrás de mi puerta

Tras el divorcio definitivo, Cindy comenzó a sufrir una serie de llamadas telefónicas. Y es que, tras descolgar el teléfono y tras unos segundos de un profundo y espeso silencio, una voz distorsionada sentenciaba la que iba a ser, su futura muerte. Posteriormente, podía oírse como se colgaba el teléfono y comenzaba el clásico y eterno pitido telefónico tras haberse terminado la llamada.

Automáticamente, Cindy puso en conocimiento de las autoridades de Vancouver lo que estaba sucediendo. Ello hizo que de inmediato, los cuerpos policiales iniciaran su investigación para ver quién se escondía detrás de aquellas misteriosas y amenazantes llamadas. Durante los siguientes tres meses la situación fue empeorando cada vez más y es que Cindy, manifestaba que por las noches podía escuchar a personas merodeando por su jardín e incluso habían llegado a romper las luces que alumbraban los alrededores. Además, la línea telefónica de su casa había sido cortada. Sumado todo ello, a las inquietantes notas amenazantes que se estaban acumulando en su buzón y expresando de manera detallada cómo sería la muerte que le esperaba. También llegó a encontrarse fotografías en el parabrisas de su coche de cadáveres en camillas que impasiblemente se dirigían hacia la morgue.

Cada mañana al despertar recibía un paquete de carne cruda. Además, una serie de gatos comenzaron a aparecer misteriosamente ahorcados en el árbol de su jardín. Y no sólo eso, sino que en ocasiones también eran dejados sobre el felpudo de la entrada de su casa. Cada una de estas acciones iba acompañada de notas amenazantes con letras recortadas de periódicos y revistas.

Cuando Cindy no se encontraba en la vivienda el supuesto acosador se colaba dentro para romper cada una de las ventanas y destripar los cojines de la casa uno a uno. Misteriosamente, jamás se encontró ninguna prueba que pudiera dar pista alguna de quién podría ser aquella persona que estaba dedicándose a perseguir de aquella manera a Cindy. Todo ello, derivó en una desconfianza por parte de la policía que investigaba el caso y es que, ¿cómo podía ser que ante tantos hechos repetidos día tras día, nadie consiguiera aportar un atisbo de luz al caso? ¿cómo era posible que nadie hubiera visto ni siquiera una vez al misterioso sujeto ni hubiera dejado huella alguna tras sus actos? Pese a ello, la policía siguió vigilando a Cindy las 24 horas del día hasta que descubrieron algo que les haría desconfiar de ella por completo. Los investigadores que estaban siguiendo el caso sorprendieron a Cindy paseando a su perra a altas horas de la madrugada por calles completamente desiertas. ¿Cómo podía una mujer que estaba temiendo por su propia vida exponerse de tal manera?

Después de los interrogatorios por aquel extraño comportamiento de la mujer, la perrita desapareció tan sólo 24 horas después, para ser hallada días más tarde atada a un árbol, sucia y manchada con sus propias heces. El acoso hacia Cindy parecía ser intermitente y es que, mientras había períodos de tiempo donde no recibía ningún tipo de amenaza, otros la sumían en una profunda angustia y desesperación. A raíz de todo ello, comenzó a escribir un diario donde plasmaría todos sus pensamientos más tormentosos fruto de aquellas experiencias. Todo lo que escribía era un penetrante caos lleno de angustia y dolor. Su falta de entendimiento ante todo lo que estaba viviendo la llevó a invertir todo el dinero que había ahorrado en un investigador privado.

Ozzie Kaban, así se llamaría aquel investigador privado que Cindy contrataría. Éste, le dio una serie de instrucciones a seguir, además de unos aparatos que mantendrían en contacto al investigador con la mujer. No obstante, pronto llegarían también sus sospechas hacia la mujer. Ozzie se dio cuenta de la reticencia de darle información y es que ella, tras la desconfianza que había ido adquiriendo poco a poco, tan sólo le quiso ofrecer aquello que ya tenía en su poder la policía. El investigador, decidió por tanto hablar con la madre de Cindy para saber cuál era la opinión que tenía sobre su hija y para su sorpresa, coincidían. 

Según la madre de Cindy, ésta tenía miedo a las amenazas y estaba guardando demasiados secretos, pero al parecer Cindy quería evitar cualquier daño mayor que pudiera afectar a su familia. Sin embargo, todos coincidían en que su actitud evasiva era cada vez más evidente. No obstante, Kaban decidió seguir investigando sobre aquello que le estaba sucediendo a su clienta e instaló luces alrededor de toda la casa de Cindy y le dio una radio y llamado <<botón del pánico>>, por si necesitaba que fuera en su ayuda. Y así ocurrió. Una noche, Ozzie comenzó a escuchar una serie de ruidos extraños a través de la radio que comunicaba a ambos. Sin pensarlo dos veces, salió a toda prisa hasta la vivienda de Cindy y lo que encontró allí le dejaría totalmente desconcertado.

Avanzando por el pasillo sin obtener respuesta de la mujer tras llamarla en repetidas ocasiones, llegó hasta la cocina donde encontró a Cindy en el suelo boca abajo. Con la cabeza ladeada y sus manos extendidas, un cuchillo atravesaba una de ellas, la izquierda, para hundirse contra el suelo y quedarse completamente en posición vertical. Una nota ensangrentada que había sido también atravesada por aquel cuchillo cubría parcialmente la mano, pudiéndose leer: <<eres una perra muerta>>. Unas medias negras de nylon rodearían el cuello de la víctima, un elemento que acabaría por convertirse en la firma del agresor en los sucesivos encuentros con Cindy.

Tras llamar a la ambulancia, Cindy fue hospitalizada de inmediato. Tras su recuperación fue interrogada, pero apenas pudo dar unos pocos detalles de lo ocurrido. La policía, fruto de todo lo investigado hasta la fecha, dio por concluido el suceso sin darle mayor importancia, pues pensaban que todo aquello había sido un montaje de la propia Cindy. Por tal razón, ni siquiera se hizo una inspección ocular para encontrar posibles huellas que delataran a un culpable. Nadie creía a Cindy, excepto una persona: Ozzie Kaban.

La mujer fue sometida a varias pruebas de polígrafo y de hipnosis para tratar de acercarse un poco más a la realidad y saber si estaba mintiendo o no. Sin embargo, todas y cada una de las palabras de Cindy fueron desestimadas al considerar que presentaba un trauma y no era capaz de responder con la suficiente claridad a las preguntas de los investigadores. Cada vez eran más las personas que desconfiaban de la palabra de aquella mujer.

La pesadilla continúa

Las llamadas anónimas y amenazantes siguieron en aumento, pero parecía que conocía a la perfección todos lo movimientos que realizaban los cuerpos policiales. Esas llamadas eran de períodos extremadamente breves, lo que impedía a los investigadores poder rastrear la línea. Además, hubo un aliciente que todavía aumentaron más las sospechas hacia Cindy y es que, cuando la policía se encontraba en la casa nunca recibía ningún tipo de llamada acosadora. Sin embargo, cuando éstos se marchaban y Cindy se quedaba sola, el tormento se iniciaba de nuevo. Los padres de la víctima, creían que el acosador estaba planeando una serie de actuaciones de manera muy inteligente para burlar a los agentes y que pareciera la propia Cindy sospechosa de inventarse toda aquella situación. Pero, ¿podría ser aquello cierto?

La familia apoyó a Cindy hasta el final y es que éstos, pensaban que se trataba de alguien muy cercano a ella y que la conocía a la perfección. Tal fue así, que se dirigieron a la policía para dar un nombre del principal sospechoso para ellos. Aquel nombre, ya era conocido por todos: Roy Makepeace.

La policía aceptó a Roy como posible sospechoso y pactó con Cindy una llamada para observar cuál podía ser la relación que había entre ambos. Y así fue. Cindy descolgó el teléfono y marcó el número que haría que Roy se encontrara al otro lado de la línea. Cuando ésta escuchó su voz, descargó todo su dolor y angustia por todos los años que la había tenido sometida y el daño que le había causado la relación que había mantenido con él. Para sorpresa de los agentes, Roy respondió de manera totalmente fría y sin ningún tipo de empatía hacia ella. La acusó, sin más, de ser una enferma. Ante aquel suceso, Cindy perdió completamente la cordura fruto de la desesperación que estaba viviendo y de manera más intensa día tras día. Sin embargo, aquella conversación grabada, se convertiría en una parte básica del nuevo rumbo que iba a tener la investigación.

Tras aquella llamada, la policía decidió interrogar a Roy y según sus declaraciones, Cindy era una persona psicótica que padecía un delirio persecutorio, alucinaciones y personalidad múltiple. Las autolesiones y la fantasía paranoica en la cual vivía le había hecho creer que él era el principal sospechoso de todo aquello, negando una y otra vez cualquier responsabilidad por lo que Cindy estaba viviendo. La policía estuvo durante cinco largos años investigando a Roy y jamás pudieron encontrar nada que le vinculara con los hechos. Pero las palabras de aquel célebre doctor, se convertirían en la sentencia de muerte para Cindy.

En busca de una nueva vida

Cindy decidió mudarse a otro lugar. Cambió de residencia, pintó su coche de otro color y cambió su apellido por el de <<James>>. Sin embargo, nada de lo que hiciera por huir parecía funcionar. Su acosador siempre parecía encontrarla una y otra vez, independientemente de lo que hiciera por desaparecer. Tal era así, que en una ocasión fue hallada a tres kilómetros de su casa tirada en una zanja. Vestía con botas de trabajo de un hombre y un guante en una de sus manos. Tenía todo el cuerpo repleto de fuertes contusiones y signos de haber sido agredida sexualmente. Además, también tenía consigo un elemento que ya era familiar: una media de nylon negra alrededor de su cuello. También presentaba una evidente hipotermia.

Ante tales hechos, la policía descartó cualquier agresión hacia la mujer, suponiendo que previamente había mantenido relaciones sexuales consentidas. Cindy no recordaba nada de lo sucedido y pidió a sus padres que la acompañaran durante su hospitalización hasta que se recuperara de las heridas y los golpes que había sufrido. Después de su estancia en el hospital y tras haber recibido el alta médica, Cindy decidió pasar unos días en casa de su mejor amiga, Agnes Woodcock, y su marido Tom. 

Una de las noches, mientras todos se encontraban dormidos, fueron despertados por un fuerte olor a humo y un estruendo golpe. Intuyeron que la procedencia venía del sótano, los tres corrieron hacia allí bajando las escaleras a toda prisa. Al abrir la puerta encontraron toda aquella estancia repleta de humo e intensas llamas de fuego. Tras encontrarse con aquella escena, subieron las escaleras hasta llegar al teléfono que, para su sorpresa, la línea estaba cortada. Salieron a la calle en busca de ayuda y la fortuna que ellos habían creído encontrar al ver un hombre en las cercanías de su casa, fue efímera. Al tratar de llamar su atención con el fin de pedir auxilio, aquel hombre salió corriendo hacia la oscuridad siendo engullido por ésta sin saber siquiera de quien podría tratarse.

Automáticamente, la policía se personó en la vivienda de Agnes y Tom para recopilar todo tipo de información. Determinaron que el incendio se había producido en el interior de la vivienda y que, evidentemente, había sido provocado. Sin embargo, cuando trataron de encontrar cualquier evidencia que pudiera orientar la investigación a descubrir la identidad del pirómano que había provocado aquello, no encontraron ninguna. De inmediato, Cindy se convirtió en la principal sospechosa de aquel incendio. Tras el episodio y sumado a la falta de creencia hacia ella, derivó en una serie de burlas denominando a aquel supuesto sujeto <<el hombre invisible>>.

Una espiral de desesperación

La vida de Cindy era cada vez más tormentosa y su salud mental iba paulatinamente decreciendo. La tensión de Cindy era tal que trató de vivir en casas móviles y desplazarse frecuentemente de lugar, cambiar de identidad y pintar nuevamente su vehículo. Sin embargo, comenzaba a dudar de si en algún momento había sido creída por alguien. Con más de cien reportes distintos a la policía de cada una de las amenazas que había estado sufriendo, quedaron en un completo olvido. Un rechazo social que la obligó a refugiarse de nuevo en aquel diario donde expresaba todo lo que estaba sufriendo por aquel acoso, sumando además, la indiferencia de todos. La tensión que había estado acumulando a lo largo de todos estos meses y años se convirtió en un colapso nervioso. El psiquiatra decidió que lo mejor para ella era que quedara internada en un psiquiátrico durante un tiempo para poder ser atendida adecuadamente.

Durante tiempo, Cindy había pensado en quitarse la vida sintiendo cada vez más, que era lo único que le haría obtener la paz que tanto buscaba. El 2 de julio de 1985, Cindy escribió las siguientes palabras en su diario: <<Estoy tan sola. Nadie en el universo va a entender esto jamás. De alguna manera, yo vivo en una realidad diferente a los otros. Existo junto a ellos, pero siempre por separado. He sido atormentada y acosada por alguien que me conoce lo suficiente bien como para saber lo que realmente me duele. Siento una gran necesidad de justicia, pero tengo que aceptar que nunca la obtendré>>.

Después de 10 semanas, Cindy salió del hospital y lo primero que le dijo a sus padres es que ya sabía quién era su acosador y que iba a enfrentarse con él. Paralelamente, el investigador privado de Cindy, había conseguido grabar una de las amenazas telefónicas y que a día de hoy todavía se conserva. 

Un trágico desenlace

El 25 de mayo de 1989, Cindy desapareció misteriosamente cuando se dirigía a un centro comercial. Su vehículo fue hallado aparcado en los alrededores de su barrio y en el interior de éste, algunas compras que había realizado un regalo perfectamente envuelto. Varias manchas de sangre habían sido proyectadas en la puerta del conductor y las pertenencias de Cindy se encontraban bajo el asiento. Cuando la policía tuvo conocimientos de lo que había sucedido, desestimó por completo buscarla y prestarle un mínimo de atención más. Creyeron automáticamente que era una escena más de Cindy. Sin embargo, dos semanas más tarde, su cadáver fue hallado en un terreno aledaño a una casa abandonada. Atada de pies y manos y con contusiones por todo su cuerpo, había sido estrangulada con una media negra de nylon que todavía se mantenía fuertemente amarrada a su cuello.

Una mancha de inyección en su brazo hizo que los agentes buscaran agujas por todo el perímetro, pero no hallaron nada y es que, la autopsia reveló que su muerte se había producido por altas dosis de morfina y otras sustancias tóxicas. Tras el panorama, hasta aquel hombre sospechoso de haber salido corriendo tras el incendio, fue buscado para declarar, mas sin éxito alguno de encontrarlo. Fueron 84 las personas que fueron interrogadas y ninguna de ellas pudo aportar pista alguna que orientara la investigación de manera clara para poder resolver qué misterios se escondían tras el acoso y asesinato de Cindy. ¿O sí?

Patrick McBride: El único sospechoso del crimen de Cindy

Amante de Cindy y de profesión, policía. Aspecto que nunca le reveló a Cindy. Patrick se convirtió en el foco de toda habladuría y es que, siendo policía, era lógico creer que conocía los movimientos de sus compañeros, era conocedor de cuándo se estaba vigilando su casa y de las intervenciones telefónicas que se realizaban. También debía ser conocedor de cómo se realizaban las inspecciones oculares y cómo evitar ser descubierto eliminando sus propias huellas de los escenarios del crimen.

Los móviles que se barajaron en aquel momento y que pudieron llevar a Patrick a cometer tales hechos podrían haber sido los celos, sadismo o algún tipo de conspiración con el ex marido de Cindy. No obstante, Patrick jamás fue investigado por la propia policía. La aversión que había generado Cindy para los investigadores llegó a calificarse su muerte como <<suceso desconocido>>, buscando de una vez por todas, zanjar el tema. Hartos de haber estado investigando su situación durante años y deseando por todos los medios acabar con aquello.

La policía terminó declarando que se había tratado de un suicidio. No investigaron la posibilidad de homicidio y continuaron con el dantesco mote de <<el hombre invisible>>. Los esfuerzos de la policía se centraron en demostrar que había sido la propia Cindy la que había cumplido lo que un día escribió en su diario y es que, el suicidio iba a ser la mejor elección para ella.

En contrapartida, los padres jamás creyeron las hipótesis policiales y se mantuvieron firmes en su creencia de que Cindy, había sido realmente asesinada. Otto falleció en 2010 y poco después, su esposa. La hermana menor de Cindy, Melanie, tardó 14 años en completar un libro hablando sobre la muerte de su hermana, tras tener acceso a todos los documentos pertinentes para ello. Su intención era demostrar que su hermana había sido realmente asesinada. Sin embargo, los enigmas que rodean la muerte de Cindy siguen a día de hoy igual de latentes.

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Fuentes:

http://thetroublewithjustice.com/2014/07/05/who-killed-nurse-cindy-james/

https://vancouvertrueborns.com/post/150657118691/perhaps-the-most-disturbing-story-related-to-the

https://www.vancourier.com/news/vancouver-s-creepiest-unsolved-mysteries-1.1261787

https://www.reddit.com/r/UnresolvedMysteries/comments/57463c/cindy_james_is_found_dead_in_1989_after_6_12/

https://web.archive.org/web/20140831003619/http://allthingscrimeblog.com/2014/01/08/who-killed-nurse-cindy-james/

https://www.youtube.com/watch?v=sbrAggQE2EA&feature=youtu.be


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