El crimen de la familia Clutter: asesinada a sangre fría

Truman Capote, ilustre de la pluma y el papel, inmortalizó en su novela <<a sangre fría>>, un caso que se convertiría en uno de los más conocidos de la crónica negra americana. Los años 60 dispararon el número de casos de asesinatos de Estados Unidos, y el crimen de la familia Clutter sería la antesala a la sangrienta época que esperaba, que sería también llevada más tarde al cine con el mismo nombre, en 1967.

Los Clutter y las memorias de Dick Hickock: un relato hallado medio siglo después que nadie quiere sacar a la luz

El crimen de los Clutter tendría una fuerte repercusión y el escritor Truman Capote lo tomaría como directa inspiración para su novela <<a sangre fría>>. 

Alrededor de unas 200 páginas de manuscrito fueron hallados tras una investigación de The Wall Street Journal. Y es que, al parecer, el periodista y escritor Truman Capote, trató de comprar aquellas páginas escritas por uno de los asesinos. Sin embargo fue un rotundo fracaso y, en contrapartida, decidió silenciarlo.

Entre aquellas líneas, parece aflorar una personalidad psicopática. Un nulo remordimiento al narrar los hechos acaecidos aquella madrugada en la vivienda de los Clutter. Cuenta el terror que vivieron los cuatro miembros de la familia y plasma las frases que recuerda haber pronunciado antes de efectuar los diferentes disparos. <<Me gustaría ver al embalsamador tapar ese agujero>>, dijo antes de asesinar al hijo pequeño.

Al parecer, los hechos que se describen en ambos relatos parecen concordar, mas no el móvil. Mientras que Truman Capote y el juez que dictaminó la sentencia abogan por un robo frustrado, Dick deja expresado claramente que él tan sólo estaba llevando a cabo un mero encargo. De ser así, ¿quién contrató a aquellos sicarios para que acabasen con la vida de los Clutter? Y, ¿es realmente cierta esta versión?

Dick envió una copia a un periodista de Kansas llamado Mack Nations, y éste a su vez, realizó dos copias más que envió a un abogado de la fiscalía y a la editorial Random House. Ambos ignoraron aquellos escritos. Truman trató de hacerse con aquel escrito mas no hubo forma. Nations no estaba dispuesto a entregarle aquello. Un año después de la ejecución de ambos criminales, <<a sangre fría>> se convertiría en un best seller a nivel mundial.

A día de hoy la única copia que parece existir la mantiene la familia de aquel abogado que lo dejó en herencia a sus hijos. De momento no parece haber intención de sacar a la luz la versión de los hechos de un criminal.

Pero de momento… vamos con la historia. 

¿Quiénes era Herbert y Bonnie Clutter?

Herbert William Clutter nació en 1911 en una familia de ascendencia alemana. Pronto se interesó por la agricultura y decidió estudiar en la Universidad Estatal de Kansas sobre ello. Allí, conoció a un joven apellidado Fox, que resultaría ser el hermano de su futura mujer, Bonnie Fox. Tanto Herbert como Bonnie habían residido a pocos kilómetros de distancia, pero no sería hasta que se produjo esta fortuita casualidad cuando se conocerían y se enamorarían, contrayendo matrimonio en 1934.

Bonnie había decidido estudiar enfermería, pero renunció a los dos años tras no aguantar la vida dentro de un hospital. Primero, el matrimonio residiría en Garden City y posteriormente se trasladarían hasta Holcomb habiendo cosechado ya grandes éxitos. Herbert llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de la región y el matrimonio ostentó una alta reputación dentro de la sociedad. Sin embargo, Bonnie caería en una profunda depresión que le haría pasar hasta por las manos de cuatro psiquiatras diferentes. No sería hasta pocos días antes de su muerte que se percatarían que su malestar no provenía de algo mental sino de algo físico. Al parecer, la raíz del problema estaba en su columna vertebral que, tras una operación, podría volver a recuperar su vida habitual y que sus crisis emocionales deberían cesar por completo.

Durante sus años de matrimonio habían tenido un total de cuatro hijos, tres niñas y un niño. La noche del crimen, dos de las hijas ya no residían en la vivienda, pues una había contraído matrimonio y la otra estaba estudiando enfermería en la universidad.

El crimen de los Clutter: un robo frustrado que acabó con sus vidas

Perry Smith y Dick Hickock acechaban los alrededores de la vivienda de los Clutter la noche del 14 de noviembre de 1959. Una interminable fila de árboles se disponía a cada lado del camino de tierra que llevaba hasta la casa de los Clutter. Sobre las 23:30 de la noche se encontraban frente a la puerta y de forma bastante ágil lograron acceder al domicilio con la intención de robar las pertenencias y hacerse con la caja fuerte que tenía el matrimonio. Según la información que tenía Dick, aquella caja fuerte tenía montones de billetes que alcanzaban la cifra de los $10000.

Tras acceder a la casa ambos delincuentes, se encontraron de frente con la familia a la que decidieron atacar sin más preaviso, dejando a cada uno de ellos en la habitación donde habían sido encontrados. Los mantuvieron inmovilizarlos de pies y manos para realizar su trabajo tranquilamente. Iban con un sólo objetivo: hacerse con aquel botín de varios miles de dólares. El registro de la vivienda comenzó sin mucha demora y las pertenencias de la familia empezaron a volar en todas direcciones para quedar esparcidas en su totalidad por el suelo. Libros, figuras, sábanas… los minutos pasaban pero el botín seguía sin aparecer. La frustración comenzaba a reinar entre aquellos delincuentes con sed de dinero en medio de aquel caos en que habían convertido la casa de los Clutter. No tardarían en percatarse de que la información de la que disponía Dick, y la que les había hecho llegar hasta allí, era totalmente falsa. 

La ira podía contemplarse en los ojos de ambos criminales al darse cuenta de la inexistencia del botín y de que su hazaña no iba a traerles ningún fruto. Ambos se miraron y casi sin intermediar palabra comenzó la ejecución de la segunda parte del plan. Herbert fue llevado al sótano mientras seguía atado de manos y pies. Una vez allí, Smith sacó un cuchillo de caza y lo deslizó firmemente por la garganta de Herbert. Éste, ahogando un grito que entremezclaba el dolor y el terror al sentir como el frío cuchillo atravesaba de lado a lado su gaznate y la sangre caliente se deslizaba por el cuello empapando la camisa, intentó zafarse. Un brusco y seco movimiento de brazos hizo que su mano izquierda se soltara. La adrenalina ni siquiera le hizo darse cuenta del arañazo que quedó en su mano tras el roce de la cuerda. Una herida que quedo cubierta en pocos segundos de una fina capa de sangre. Smith se percató de ello y reaccionó rápidamente frente a los lentos movimientos de Herbert. Las últimas fuerzas que le quedaban tras la herida mortal que le había propiaciado se agotaron con el esfuerzo de intentar soltarse. Herbert cayó de rodillas al suelo apoyándose con ambas manos mientras sentía cómo se iba desangrando lentamente por la garganta, mientras regurgitaba restos de sangre mezclados con saliva. Smith, dándole la espalda dió unos pasos hasta alcanzar una escopeta y unos cartuchos. Lo hacía con prisa, y no por miedo a que Herbert se levantara con la intención de atacarle, sino por temor a no poder llegar a tiempo para el tiro de gracia. Finalmente apoyó el frío cañón sobre el cráneo de Herbert. 

***

Al otro lado del sótano se encontraba Dick atando y amordazado al hijo menor del matrimonio, Kenyon, de 15 años de edad. Un fuerte disparo interrumpió su tarea de hacer los últimos nudos de las cuerdas que dejarían al chico completamente indefenso. Tras darse la vuelta con un aterrador zumbido en los oídos contempló una inmesa proyección se sangre en la pared y otras pequeñas salpicaduras que le habían manchado parte de la chaqueta y la cara. El cuerpo de Herbert yacía extendido boca abajo en el suelo y un pequeño charco de sangre comenzaba a formarse alrededor de su cabeza. Dick se volvió nuevamente hacia el pequeño y vió como dos grandes lágrimas caían siguiendo el recorrido que ya habían hecho anteriormente otras tantas más. Se oyeron unos pocos pasos de Smith que se aproximaban hacia él mientras seguía sujetando entre sus manos la escopeta con la que instantes antes había acabado con la vida de su padre a escasos metros. Dick se apartó y tras esquivar el cuerpo de Herbet se dirigió hacia la puerta con la intención de abandonar aquel escenario del crimen. Tras cruzar el umbral volvió a escuchar un disparo igual de ensordecedor, y acto seguido, los pasos de Smith que le empezaron a seguir hasta alcanzarle. Tendido en un sofá de piel negro quedaba en reposo el cuerpo de aquel adolescente mientras la sangre se derramaba por encima de dos cojines blancos sobre los que quedó apoyada su cabeza. Cerraron la puerta con cierta calma y ambos fueron a buscar al resto de la familia Clutter que se había quedado olvidada. 

***

Nancy Clutter, la única de las hijas que todavía vivía con el matrimonio, había escuchado perfectamente dos disparos desde la planta de arriba. Tras algunos segundos de profundo silencio que sólo era roto por su respiración entrecortada, escuchó nuevamente pasos que se dirigían a la escalera. Aquellos pasos se convirtieron en fuertes pisadas que retumbaban y hacían crujir la madera de cada escalón que pisaban con aquellas botas negras de cuero que calzaban.

Se encontraba tumbada en la cama y podía apreciarse ciertos signos de lucha en la cama tras haber intentado inútilmente soltarse para poder escapar. Vió entrar a ambos criminales en su habitación y cómo se detenían frente a ellas mientras Smith seguía sujetndo aquel rifle. Comenzó a invadirla un profundo terror y nuevamente los ojos se le llenaron de lágrimas. Dick cogió a Nancy por los pies y tiró de ella hasta colocarla en el borde de la cama y sentarla. Tenía parte del pelo mojado de la cantidad de lágrimas que había estado derramando mientras escuchaba cómo asesinaban a su padre y a su hermano. 

El cañón del rifle de Smith volvió a accionarse tras haberlo colocado en la parte posterior de la cabeza de Nancy, cerca del oído derecho. Otro estruendo disparo volvió a inundar toda la vivienda y sólo fue seguido de un largo y profundo grito de la única persona que quedaba viva en la casa: Bonnie Clutter. 

El grito había provenido desde lo más profundo de su pecho, pues la mordaza le impedía articular palabra alguna. Se mantenía recostada sobre la cama de matrimonio absolutamente inerme. Tenía algunas rozaduras sobre las muñecas y tobillos tras haber estado intentando soltarse para ayudar a su marido y sus hijos hasta que aceptó resignada cuál iba a ser el final. A través de la puerta aparecieron las dos figuras de ambos criminales que estaban a punto de cometer el cuarto y último asesinato. Smith rodeó la cama mientras la mirada de Bonnie le seguía. Apoyado en el marco de la puerta dejaba caer Dick su cuerpo mientras contemplaba la escena impasible. Nuevamente, Smith levantó el rifle y apuntó a la sien izquierda de Bonnie. 

Silencio.

***

Dos cuerpos habían quedado suspendidos en el aire con un sutil balanceo. Algunos curiosos se habían acercado hasta la prisión de Langsing, en Kansas, el 14 de abril de 1965. Habían sido detenidos hacía algunos años tras varios meses de búsqueda por el asesinato del matrimonio Clutter y dos de sus hijos. 

El hallazgo de los cuerpos se había producido al día siguiente de cometerse el atroz crimen cuando a través de la ventana del salón de la casa de los Clutter se asomaron dos amigas de Nancy. Habían echado en falta su visita rutinaria en los servicios dominicales de la iglesia Metodista. Ambas se miraron al observar el claro desorden que había en la vivienda y decidieron entrar rápidamente para comprobar que Nancy y su familia estaban bien. 

Tras acceder a la vivienda sus pasos no tardarían en detenerse al observar unas pisadas sangrientas que iban paulatinamente difuminándose, provenientes del sótano y dibujando un recorrido hacia el piso de arriba. Esquivando lentamente cada huella ambas jóvenes subieron a la planta de arriba para acudir a la habitación de Nancy. La puerta estaba entornada y los ojos de una de ellas miraron discretamente a través del resquicio. Con una mano, empujó la puerta lentamente y pudo sentir como el corazón se encogía súbitamente. Con ambas manos trató de ahogar un grito tapándose la boca mientras los ojos se empañaban de lágrimas. Había reconocido a Nancy entre aquellas sábanas que habían quedado completamente empapadas de sangre. 

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