Crímenes macabros: el asesinato de los Petit (Cheshire)

CAPÍTULO I. Sudor y sangre

Will se despertó al instante del fuerte golpe. Un objeto romo había impactado con tal violencia sobre su cabeza que no tardó en notar la sangre deslizándose por la sien izquierda y un dolor agudo inundándole por completo. Los músculos del cuello se tensaron. La sangre descendía por toda su cara mientras varias gotas caían y manchaban sus pantalones. Estaba cubierto por lo que parecía uno de los edredones que durante el invierno colocaba su mujer Jennifer sobre la cama. Lo guardaba en el sótano durante los meses de verano así que parecía que no estaba muy lejos de casa, aunque fuese incapaz de recordar cómo había llegado hasta allí. 

Sintió otro golpe en su hombro izquierdo que pronto haría que su brazo quedase totalmente entumecido. Se percató de que ambas manos estaban atadas a su espalda y le era completamente imposible moverse. Conforme recuperaba la conciencia, notaba como diversas partes de su cuerpo estaban totalmente doloridas. La pierna derecha le producía un dolor tan intenso que estaba seguro de que alguno de los huesos estaba roto. Recibió otro golpe sobre la cara que impactó directamente en el tabique nasal provocándole una hemorragia que dejaría parte del edredón empapado en unos pocos segundos. Varias lágrimas salieron con fuerza de sus ojos entremezclándose con la sangre. Mientras, intentaba calmar las ganas de soltar el fuerte llanto que le aprisionaba la garganta. Quería evitar que el dolor de cabeza se intensificase. 

Escuchó la voz de dos hombres que hablaban entre sí a pocos centímetros de él. No reconocía ninguna de las dos voces que oía pero sabía que se dirigían a él cuando le preguntaron por una caja fuerte. <<¿Qué caja fuerte?>>, pensó. Su familia no tenía nada de gran valor en aquella casa que necesitase tal protección. No sabía qué responder. Estaba tan aturdido que apenas podía centrar su pensamiento en su mujer y en sus dos hijas, Mihaela y Hayle. ¿Dónde estarían? ¿Qué les habrían hecho estos dos salvajes?

Un nuevo golpe proveniente desde abajo impactó en su mentón sacudiendo su cabeza hacia atrás con tal violencia que estuvo a punto de vomitar. El dolor de cuello era insoportable y el ataque de tos lo estaba empeorando. Comenzó a proyectar sangre contra el edredón con el que estaba cubierto con cada tosido. Se había mordido la lengua y notaba el sabor metálico en la boca y como descendía por su garganta parte de ella. El edredón se escurrió hacia atrás, quedando levantado unos dos palmos del suelo. Le dejaba ver dos pares de botas negras que apuntaban hacia él. Trató de decirles entre balbuceos que se estaban equivocando de lugar. Aquellas risas sarcásticas le indicaban que poco le estaban creyendo.

Tras un silencio de unos pocos segundos se escuchó como una pistola estaba siendo cargada. Estaba casi convencido de que iban a ejecutarle ahí mismo. Lo que había sido su hogar durante veinte años se estaba convirtiendo en su propio callejón sin salida. Para él y para toda su familia. Aquel par de botas se dieron la vuelta y desaparecieron de su vista. Respiró con cierto alivio mientras escuchaba alejarse los pasos hacia la puerta, que se cerró provocando un sonido metálico que causó un eco en todo el garaje. 

CAPÍTULO II. $15 000

Jessica conducía en dirección al banco. Todavía tenía las marcas en las muñecas de las cuerdas con las que la habían dejado atada toda la noche. Sabía que sus hijas seguían en la casa y muy posiblemente en las habitaciones de la planta superior. Las había estado escuchando llorar prácticamente toda la noche. Estaba casi convencida de que también estaban amordazadas y maniatadas al igual que lo había estado ella. La noche anterior, mientras terminaban de cenar, dos tipos entraron en casa y sin mediar palabra comenzaron los golpes. Había visto como uno de ellos se llevaba a Will hasta el sótano totalmente inconsciente después de que le golpearan en la cabeza con su propio bate de béisbol. A ella la habían dejado atada en el sofá sin ninguna posibilidad de moverse.

A aquellos dos tipos, Komisarjevsky y Hayes, iban buscando una caja fuerte. Les había oído hablar entre ellos. Habían estado comentando que tenían que encontrar como fuese aquella caja fuerte para llevarse un botín de $30 000. ¿De dónde habrían sacado semejante rumor? Desde su posición en el sofá, había visto cómo abrían todos y cada uno de los cajones buscando objetos de valor, hasta que encontraron aquella libreta del banco con la suma de dinero que ellos buscaban. Lo querían a cualquier precio y estaban dispuestos a hacer lo que fuera por conseguirlo. 

Pasó toda la noche inmovilizada sin poder dormir. Aquellos criminales decidieron quedarse allí toda la noche esperando a que amaneciera y abrieran las puertas del banco. Tenía que ser Jessica la que les hiciera los honores. Aquella Jessica que había estado escuchando la paliza que le habían dado a Will y que ni siquiera sabía si seguía vivo. Insistía en saberlo, pero cualquier intento de diálogo se convertía en una agresión física hacia ella y lo último que quería era que aquella violencia se acabara proyectando también sobre sus dos hijas, así que decidió no hacer más preguntas. 

Seguía conduciendo en dirección al banco mientras trataba de recapitular todo lo que había estado viviendo en las últimas horas. No había mucho tráfico y tampoco se veía a demasiada gente en las calles. Sabía que un arma cargada se escondía bajo la chaqueta de aquel criminal y estaba lista para ser utilizada con todas las consecuencias si se le ocurría hacer cualquier cosa que no entrara en los planes de aquellos malnacidos. Hayes miraba al frente. Era a él a quien le había tocado acompañarla. 

Detuvo su coche frente a la puerta de la sucursal y bajó del vehículo con sumo cuidado, seguida por la mirada amenazante de Hayes. Veía cómo la gente entraba y salía del banco ajena a todo lo que estaba sucediéndole. Entró y esperó su turno durante quince largos minutos hasta que pudo acercarse al mostrador para solicitar la cantidad de $15 000. <<Los necesito para salvar la vida de mi familia. Estamos secuestrados desde anoche. Por favor, no llamen a la policía>>, dijo Jennifer. 

Tras la retirada de tal cantidad, Jennifer volvió al vehículo de nuevo y emprendieron la vuelta hasta el domicilio. Allí les estaba esperando Komisarjevsky.

CAPÍTULO III. Golpe de media suerte

Will frotaba la cuerda que rodeaba sus muñecas contra una de las columnas de hierro de la estantería donde guardaba las herramientas de jardinería. El sudor resbalaba por su frente sobre la sangre seca. Notaba el calor que emanaba de la cuerda sobre sus manos y percibía que quedaba poco para terminar de romperla definitivamente. Tras un suave chasquido las manos quedaron totalmente liberadas. El entumecimiento de ambos brazos era tal que tardó varios segundos en poder retirarse el edredón que todavía le cubría la mayor parte de su cuerpo. 

Escuchó como la puerta de su casa se cerraba y la voz de aquellos hombres sonaban alegremente entre risas. Se levantó de la silla pero se percató de que ambos tobillos también estaban atados con la misma cuerda. El nudo había sido hecho con tanta fuerza que por mucho que lo intentaba no conseguía deshacerlo. Se arrastró hasta la puerta del fondo del garaje que tenía acceso directo a la parte de atrás de la vivienda y, con un poco de suerte, su vecino Dave podría ayudarle. 

Abrió la puerta con sumo cuidado, intentando que la falta de engrase de las bisagras llamaran la atención de Komisarjevsky y Hayes. La luz del sol le cegó por completo y el escozor hizo que ambos ojos se inundaran de lágrimas. Los secó y rápidamente comenzó a deslizarse por el césped en dirección a la casa de Dave mientras escuchaba máquina de cortar el césped. 

***

El capitán del Departamento de la Policía de Cheshire, Robert Vignola, se dirigía hasta el domicilio de los Petit junto con un par de agentes. Hacía unos minutos que había recibido la llamada del director del banco y les había estado contando las extrañas palabras que había pronunciado Jennifer mientras solicitaba la retirada de los $15 000.

No tardaron más de diez minutos hasta llegar a la vivienda de los Petit y con total discreción ambos vehículos de la policía se detuvieron frente a aquella vivienda donde no parecía estar sucediendo nada. Vignola se amparó en el protocolo, así que decidió esperar para actuar. 

Will seguía arrastrándose lentamente por el césped de la parte de atrás del jardín. Llamaba a Dave con las pocas fuerzas que le quedaban pero la cortadora de césped no dejaba que sus gritos llegaran hasta él. Sin embargo, Dave se percató de que algo extraño se acercaba hasta su parcela y vio a aquel hombre cubierto de sangre reseca que parecía solicitar su ayuda. Sin reconocerle y sin saber que era su vecino Will con quien había compartido casi dos décadas como vecinos, se acercó corriendo deteniendo la cortadora de césped. Por detrás de Will, dos agentes aparecieron empuñando el arma y apuntando a Will. Dave se detuvo a poco más de un par de metros de su vecino. 

<<¡No es a mi a quien tenéis que apuntar! ¡Salvad a mi mujer y a mis hijas que están secuestradas dentro de la casa!>>. Los agentes reaccionaron con rapidez y para cuando llegaron a la parte de delante de la casa, sus compañeros ya habían detenido un vehículo con dos hombres en su interior que levantaban las manos en señal de rendición. Pero, mientras dedicaban su atención a Komisarjevsky y Hayes, un humo negro y potentes lenguas de fuego inundaban toda la casa entera. Los gritos ahogados de las tres mujeres que se habían quedado atrapadas en el interior de la casa cesaron poco a poco antes de que pudieran reaccionar. 

Cuando llegaron los bomberos, el interior de la casa se había reducido a cenizas. Los cuerpos de Mihaela y Hayle reposaban calcinados sobre cada una de sus camas. El de Jennifer, en el sofá del salón. Sus verdugos habían vaciado dos bidones de gasolina enteros y una cerilla había hecho el resto. 

El caso se considera como uno de los más brutales en los últimos años de la crónica negra estadounidense. 

Fotografías de la familia Petit y del incendio provocado por Komisarjevsky y Hayes

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Fuentes:

https://eu.usatoday.com/story/news/2017/07/17/cheshire-connecticut-home-invasion-murders-10-years-later/483863001/

https://www.nytimes.com/2019/10/31/us/steven-hayes-cheshire-transgender.html

https://youtu.be/29DPtCgRVUo

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