Dennis Rader, BTK: ¿Es Zodiac? | Perfil psicológico: diario de un asesino

Dennis Rader asesino en serie mascara

Dennis Rader (BTK) llevaba una vida normal con su mujer Paula Dietz. Pero acabo relacionado con Zodiac, por sus asesinatos en serie y su perfil psicológico. Actualmente cumple 10 cadenas perpetuas por haber arrebatado la vida a un total de 10 personas entre los años 1974 y 1991.

Dennis Rader y Paula Dietz

Siguiendo un claro modus operandi que le define perfectamente en su apodo, mantuvo el anonimato durante tres largas décadas que sembraron el pánico allá donde cometía sus terribles crímenes. Además, fue relacionado con el famoso asesino del Zodiaco, cuando la policía estableció paralelismos entre ambos, aunque a día de hoy sigue siendo una incógnita su verdadera identidad.

Rader, escondiendo su rostro tras una máscara, llevaba una vida completamente normal con el resto de sus vecinos. También pertenecía a la Iglesia Luterana de la que era diácono.

Hoy me adentro en su mente para narrarte en primera persona qué pudo sentir al cometer sus asesinatos.

***

Dennis L. Rader

Los primeros asesinatos de Dennis Rader BTK

Parezco un tipo corriente, pero no lo soy. Parezco un tipo con una vida normal, pero lo cierto es que detrás de la imagen que públicamente quiero mostrar de mí mismo, se esconde un verdadero monstruo del que soy totalmente consciente de su existencia. 

Era un vecino ejemplar. Educado, amable y cortés con quienes vivían en casas colindantes a la mía y de mi familia. Y sí, tenía familia. En 1971 me casé con Paula Dietz, con quien tendría dos hijos. Tan sólo mis víctimas y yo eran conscientes de mi verdadero yo. 

Las fantasías sexuales sádicas fueron gestándose desde que tengo uso de razón prácticamente, así que no sabría ni siquiera decir cuándo comenzó todo esto. Me he sentido verdaderamente solo durante prácticamente toda mi vida. Mi madre me ignoraba especialmente y estoy convencido de que esto hizo mella en mi carácter. Y puedo afirmar que, aunque cuando asesinaba cometía algunos errores, mi punto fuerte siempre ha sido saber camuflarme. De hecho, durante los años en los que estuve comentiendo los crímenes, instalaba alarmas en las viviendas de los vecinos que estaban aterrados por BTK, el estrangulador.

A principios de los 90 creo que empezaron a surgir algunas sospechas. Decían que era un hombre celoso y estricto y que acosaba a mujeres solteras. De hecho, un vecino me acusó de haber matado a su perro gratuitamente. Qué cosas…

Luego comencé a mandar cartas… y a contar cómo sucedieron los crímenes. Consiguieron localizarme. Pero eso quiero contarlo más adelante… vayamos por el principio, cuando entré en la casa de la familia Otero y cometí mis primeros asesinatos.

El crimen de la familia Otero: el primer asesinato de Dennis Rader BTK

Hacía bastante frío aquel 15 de enero de 1974. Recuerdo estar junto a un árbol tratando de refugiarme del frío mientras ideaba la manera de colarme en la casa de la familia Otero. Acababa de cortar el cable del teléfono para dejarles totalmente aislados y anularles cualquier posibilidad de contactar con la policía en un despiste mío.

Llevaba semanas, quizá meses, fantaseando con aquello. Es cierto que el plan no estaba elaborado al milímetro pero en mi cabeza rondaba una idea que el monstruo que habita en mi y surge de vez en cuando, tenía claro que quería que fuese real de una vez por todas.

Solté una bocanada de aire que se convirtió en un espeso vaho a la vez que la puerta de la casa de los Otero se abría un perro salía feliz hasta el jardín. A modo casi de impulso aligeré el paso y empuñe mi pistola imitando el estilo de James Bond. La cara de Joshep, aquel padre de familia que rondaba los 40 años fue todo un poema. No dudé en seguir apuntándole a la cabeza mientras me colaba con decisión en su casa, cerrando luego la puerta. 

Nadie decía nada. Estaban asustados. La verdad es que no esperaba encontrarme al padre de familia. Eso rompió un poco mis esquemas. Pero allí estaban todos. La familia al completo. Mirando el arma con los ojos abiertos como búhos y respirando entrecortadamente. Los dos hijos del matrimonio retrocedían con pasitos cortitos y asustados. Su madre se puso por delante de ellos, imponiendo el instinto protector de una madre por encima de su propio miedo. Pero ya ves… como si le fuera a servir de algo. 

Miré a Joshep nuevamente. Me ofreció dinero y su coche. Qué iluso… pensaba que se trataba de un triste robo a una vivienda a una familia que por poco no tiene donde caerse muerta. De esos ladrones nadie habla. No pasan a la historia. Son indiferentes y simplemente son recordados durante un corto espacio de tiempo en el vecindario. Después pasan a ser un número en las estadísticas anuales sin más. Y yo, claramente, no quería eso. 

Mientras seguía apuntándoles con la pistola, les obligué a subir hasta el dormitorio. Allí les até de manos y pies. Coloqué una almohada bajo la cabeza de Joseph para que estuviera cómodo y ante las quejas de que las cuerdas apretaban demasiado, cedí a sus peticiones, así que se las aflojé hasta un par de veces.

Tampoco era cuestión de que me vieran como un monstruo… Además, había olvidado la máscara que iba a formar parte de todo el plan, así que ya habían tenido tiempo de sobra para memorizar mis rasgos e identificarme cuando me fuera de aquí. Me atraparían y se acabaría la diversión. Así que… que empiece el espectáculo. 

Mientras estaban todos atados, me acerqué a la pequeña Josephine. La tumbé sobre la cama y fingí violarla. Lloraba y gritaba. Lo hizo tan fuerte que creí que me reventaría un tímpano. Le coloqué una mano sobre la boca ahogando el siguiente grito y escuché claramente el llanto de sus padres de fondo mientras observaban aquella escena con los ojos inyectados en puro terror. Se me escapó una carcajada. 

Me levanté y cogí una bolsa de plástico. No era demasiado grande pero cumpliría perfectamente su función. La coloqué en la cabeza de Joseph y con ayuda de unos cordones rodeé su cuello y apreté ligeramente. La verdad es que nunca lo había hecho antes, así que no sabía realmente la fuerza que tenía que aplicar para estrangular a un ser humano.

En realidad, cuando digo que no lo había hecho antes me refiero a que no lo había hecho con personas. Los animales fueron una vía de escape para muchas de mis frustraciones durante mi adolescencia, cuando aquella panda de miserables se burlaban de mi. Decían que era lento o me llamaban retrasado porque no aprendía al mismo ritmo que los demás… 

Rodear la cabeza de Joseph con esa bolsa y esas cuerdas suponía el mayor éxtasis. Hasta ahora me masturbaba con las sogas y practicaba la asfixia erótica y la verdad que no estaba mal… pero sentir entre mis manos el sufrimiento extremo de otro ser humano estaba superando todas mis expectativas. Había imaginado cómo podía ser aquello… sin embargo, sentirlo y palparlo tan cerca, estaba siendo el mayor de todos los clímax. Pero tenía que mantener la cabeza fría, no podría cometer ningún error o me descubrirían cuando investigasen todo esto.

Me acerqué a la señora Otero. En su cara seguía dibujado el horror. La pequeña Josephine estaba en la cama y su hermano pequeño sentado en el suelo, llorando e intentando hacer el menor ruido posible. Cogí una cuerda y rodeé el cuello de la señora Otero hasta que perdió el conocimiento. Como dije antes, no sabía muy bien cuánta fuerza aplicar para matarla pero no debió ser la suficiente porque al cabo de unos minutos recuperó la conciencia. De hecho, lo hizo mientras intentaba estrangular a su hija.

Encima, el padre tampoco había muerto e hizo un agujero en la bolsa desesperadamente para intentar aspirar algo de aire. No me quedó más remedio que colocar otra bolsa sobre su cabeza y luego encargarme de terminar con la estrangulación de la madre y la hija. Y así lo hice. Rodeé nuevamente la cabeza de Joseph con una bolsa ¿o era una camiseta? La verdad es que hace tanto tiempo que ni siquiera soy capaz de acordarme de ese detalle… pero logré asfixiarlo.

De eso no me cabe la menor duda. Sin embargo, al darme la vuelta aquella mocosa volvía a tener los ojos abiertos y a respirar. Maldita cría. La cogí y me llavé hasta el sótano, pero no sin antes comprobar que ninguno de los que estaban allí se podrían escapar. Bajé por las escaleras con ella a cuestas y la dejé en el suelo. Saqué del bolsillo otro trozo de fina cuerda y rodeé su pequeño cuellecito con ella. No era gran cosa pero estaba seguro de que sería suficiente.

Pasé la cuerda por una viga y tiré. Tiré con fuerza y noté como el cuerpo de la niña se elevaba sin mucha dificultad. Era flacucha y algo menuda. Su cuerpo se balanceaba suspendido en el aire, a unos 30 centímetros del suelo, mientras pataleaba intentando pelear por seguir viva. Sentí una erección. Me masturbé allí mismo mientras la pequeña se había transformado lentamente en un péndulo.

En las investigaciones de la policía descubrieron restos de semen sobre su muslo. Fue un gran fallo mío, pero tampoco les sirvió de mucho. Tuve que ser yo quien les contase a los agentes qué pasó aquella noche en ese sótano. 

Cuando acabé, volví a subir hasta la habitación. Joseph y Julie habían dejado de respirar. Faltaba el pequeño, que seguía en el suelo atado. No quería seguir estando más tiempo en aquella casa, así que lo estrangulé de forma rápida y me dispuse a limpiar la casa para eliminar cualquier rastro mío que me implicara directamente en aquella matanza. Encontré las llaves del coche y me fui de allí. Conduje hasta Dillon y abandoné el vehículo a su suerte… 

Este fue el primero de mis asesinatos. No había estado mal para empezar. Pero algunos a los que estaban investigando parecía que sólo buscaban la notoriedad del caso… así que tuve que actuar. Aquello era sólo obra mía, pero os contaré más adelante qué hice al respecto. Primero quiero hablaros de cómo maté a Kathryn Bright. 

El crimen de Kathryn Bright y otros cinco asesinatos

Ya habían pasado unos pocos meses desde que asesiné a la familia Otero. No al completo, eso sí. El hijo mayor llegó al poco tiempo de que yo abandonara la casa y encontró a sus padres y sus dos hermanos pequeños asesinados. En abril de ese mismo año, de 1974, el monstruo que habita dentro de mí volvió a resurgir. Ya la había visto anteriormente y le había estado siguiendo la pista.

Los criminales como yo siguen un patrón y tienen, lo que llaman, un modus operandi. Y yo no era quien para cambiar eso, así que lo seguía tal y como se debía de hacer. Mis impulsos sexuales me desbordaban y tenía que calmar aquello como fuera posible. Kathryn iba a formar parte de todo mi plan, así que no fue difícil entrar por la puerta de atrás y esperarla dentro de casa hasta que llegara. 

Sin embargo, no llegaba ella sola. Me trastocó un tanto mis planes… pero aquel mocoso no iba a arruinar el cumplimiento de mi objetivo. Sus caras de asombro mostrando el horror en sus ojos ya los había podido ver anteriormente. Me eran familiares.

La pistola sólo era para intimidarles e hicieran lo que les ordenase sin rechistar, pero verse encañonados a unos pocos centímetros de distancia les dejaba prácticamente paralizados y sollozando. Subimos los tres hasta la habitación y allí le dije a Kevin que atara a su hermana. Obedeció. Luego me lo llevé a la habitación contigua. Le seguí apuntando con la pistola así que me era verdaderamente fácil.

Una vez allí le até las manos a él y luego intenté estrangularle, pero forcejeó y las cuerdas se soltaron. La pelea fue corta entre ambos. Saqué la pistola que había guardado y apunté a su cabeza. La sangre salpicó en todas direcciones manchando las blancas paredes y haciendo un contraste un tanto perturbador. No estaba acostumbrado a eso. 

Volví a la habitación donde estaba Kathryn atada y la vi llorando y pataleando como una histérica. Sabía que la estrangulación me iba a ser prácticamente imposible pero lo intenté. Mientras lo hacía escuché ruidos en la habitación contigua donde acaba de disparar a Kevin. No estaba muerto y encima todavía le quedaban fuerzas para querer seguir peleando. Volví a desenfundar el arma y sin pensarlo dos veces disparé nuevamente.

El impacto de la bala sobre su cabeza hizo que su cuerpo se doblase hacia atrás y cayera al suelo produciendo un sonido brusco y seco. Un charco de sangre iba creciendo bajo su cráneo mientras el nervio de uno de sus ojos hacía que se cerrara intermitentemente. 

No tenía más tiempo que perder. Mi plan había tenido contratiempos desde el principio, así que Kathryn no moriría estrangulada. Sería mucho más rápido. Cogí un cuchillo y se lo clavé en los costados. Justo debajo de las rodillas. No recuerdo si fueron dos o tres puñaladas, pero las suficientes para dejarla insconsciente para que muriese desangrada lentamente.

Mientras me secaba unas gotas de sudor que caían sobre mi frente, escuché la puerta principal abrirse. Creí que se trataría de la policía pero me equivocaba. Kevin había sobrevivido a los dos disparos y se había escapado de casa dirigiéndose hasta su coche que había aparcado unas manzanas más lejos. 

Recogí, limpié todo lo más rápido que pude y salí de la casa velozmente, me metí en mi coche y volví a casa con mi mujer y mis dos hijos. Luego me enteré a través de las noticias que Kevin había sobrevivido. No así Kathryn, que murió poco tiempo después. Mi única preocupación en aquel momento era que Kevin pudiera reconocerme. 

Shirley Vian. Nancy Fox. Marine Hedge. Vicky Wergele y Dolores Davis. Mis últimas víctimas.

Shirley Vian, Nancy Fox, Marine Hedge, Vicky Wergele y Dolores Davis. En todas y cada una de ellas traté de llevar a cabo el mismo modus operandi. Así lo hacen los grandes criminales sexuales y yo era uno de ellos. Evidentemente ya habían empezado a investigar los otros asesinatos que había cometido meses atrás. El que más revuelo estaba causando era el de la familia Otero.

Habían detenido a dos tipos que decían que habían cometido esos asesinatos y sentí una gran furia. Estaban haciéndose publicidad a costa de mi trabajo y esfuerzo los muy miserables. Aquel asesinato lo hice yo solo y no necesité la ayuda de nadie y eso debía de quedarles claro, tanto a las autoridades como a toda la sociedad americana. 

Era una lástima que estuvieran sufriendo pero este monstruo que llevo dentro se me hace absolutamente incontrolable en ocasiones. Siento la necesidad de liberarlo y la única manera que tengo de saciarlo es arrancándole la vida a esas mujeres.

Lo sentía por ellos, por esa sociedad que intentaba seguirme la pista, pero era superior a mis fuerzas. Con respecto a aquellos dos títeres, no tuve más remedio que dar las explicaciones pertinentes por escrito. Debían de saber que no estaban ni siquiera cerca de atraparme, aunque en el fondo imaginaba mi cara llenando portadas de periódicos y abriendo todos los noticieros.

Sería conocido mundialmente por todo lo que hice y he de reconocer que aquella idea me gustaba cada día más. Sin embargo, prefería seguir cubriendo mi rostro con esa sucia máscara para evitar que mis víctimas vieran quién soy, aunque después las asesinara y me masturbara sobre sus cuerpos. 

Después vinieron otros tantos asesinatos más. Tardaron tres décadas en poder atraparme y fue, simplemente, por un golpe de mala suerte, porque creo que podría haberme quedado en el absoluto anonimato de por vida si no hubiera sido por aquel estúpido error. Me había dado cuenta de que asesinar a mujeres maduras era más fácil, tenían menos fuera y oponían una resistencia muy débil.

De esto me di cuenta al asesinar a Marine Hedge en 1985. Tenía 53 años. No sucedió lo mismo al quitarle la vida a Vicki Wegerle. Se notaba su juventud… aquella que conseguí arrancarle finalmente, pero me dejó completamente agotado. Así que mi próxima víctima sería, nuevamente, una mujer más frágil. Y así fue. En 1991 assesiné a Dolores Davis, de 62 años.

La verdad es que lo tenía todo planeado y lo llevé a cabo con la mayor discreción, como siempre intentaba hacer. Me escabullí de una de las reuniones de boy scout y me fui hasta casa para ponerme mi ropa de “trabajo”. Ya me entiendes… 

Fui hasta la casa de Davis e irrumpí después de que se quedara dormida. La até y la estrangulé sin ningún esfuerzo. Qué fácil fue… aunque no tenía tiempo que perder. La saqué de su casa, la metí en el maletero y conduje hasta un lago que no quedaba muy lejos de allí y abandoné el cuerpo por un rato. Volví a limpiar todo rastro que pude haber dejado y cuando acabé volví a por el cuerpo de Davis y lo lancé bajo el puente del condado de Sedgwick. 

Cuando acabé volví a casa a ponerme mi ropa de boy scout y regresé al campamento para unirme de nuevo a las actividades. Sin embargo, no podía dejar de pensar en el cadáver de aquella mujer… por lo que decidí volver a tomarle algunas fotografías. Necesitaba inmortalizarla. Y así, pasé nuevamente desapercibido hasta 2004.


El día que me detuvieron

Pobrecitos. Iban desesperados dando muestras de ADN suyas para limpiar su nombre. Todos eran sospechosos de mis crímenes. Todos menos yo, que ni siquiera figuraba en la lista de sospechosos de la policía. Les iba a ser imposible atraparme, así que decidí pasármelo bien a costa de su ignorancia para resolver mis asesinatos.

Comencé a enviar algunas pistas… a ver si por casualidad aunque fuera, conseguían descubrir algo. En ese momento me creía invencible… pero como ya adelanté antes, cometí un grave error que fue lo que provocó que todos estos años de anonimato se desmoronasen. Mandé varias pistas… principalmente cartas y acertijos con mi firma personal:  BTK.

Aunque también fui más explícito y conté detalles de cada uno de los asesinatos para que vieran que iba en serio. Pero cometí un error al enviar aquel CD. La policía accedió a los metadatos del disco y ahí descubrieron mi verdadero nombre: Dennis; y una conexión con la Iglesia Luterana.

El 25 de febrero de 2005 me detuvieron y el 18 de agosto de ese mismo año sería condenado y comenzaría la cuenta atrás del cumplimiento de mis 10 cadenas perpetuas. Al menos mi nombre pasó a la Historia.

Cronología y mapa de los asesinatos de Dennis Rader (Murderpedia)

Si te ha gustado, te recomiendo el artículo de Edmund Kemper. Puedes leerlo haciendo click aquí:

Fuentes:

https://es.gizmodo.com/la-vida-de-este-hombre-era-tan-aparentemente-normal-que-1829221211

https://www.lavanguardia.com/sucesos/20181221/453659251088/dennis-l-rader-btk-asesino-en-serie-boy-scout-depredador-sexual-atar-torturar-matar-las-caras-del-mal.html

https://elpais.com/elpais/2016/11/11/icon/1478882727_432836.html

https://www-1.kansas.com/news/special-reports/btk/article1003753.html

http://edition.cnn.com/2005/LAW/06/27/rader.transcript/

https://www.cbsnews.com/pictures/btk-victims/13/

https://murderpedia.org/male.R/r/rader-dennis-otero-family.htm

https://survivingbtk.weebly.com/kathryn-bright.html

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