El Hannibal Lecter polaco: se hizo una máscara con la cara de su padre

«El Hannibal Lecter polaco». Así fue apodado un joven asesino que cometió un atroz crimen que conmocionó Polonia. Pese a que la prensa se hizo eco sobre este hecho, su rostro jamás vio la luz y de su nombre tan sólo conocemos su nombre de pila: Vladymir.

Hoy os cuento la crónica de este caso pero primero tenemos que echar la vista atrás para conocer otro caso previo con el que fue relacionado casi inmediatamente. Los perfiladores criminales estaban seguros de que se trataba de un asesino en serie.

Un crimen que vinculado al de Katarzyna Zowada

Antecedentes del asesinato de Katarzyna Zowada

El 6 de enero de 1999 aparecen los restos de piel de Katarzyna Zowada en las aguas del río Vístula, en Cracovia. Había sido desollada y se había confeccionado un bañador de mujer con los restos de su piel. Unos marineros que navegaban por el río notaron que se había atascado algo entre las hélices de su barco y tras retirarlo pudieron percatarse casi de inmediato de lo que se trataba.

Este caso podéis leerlo en el siguiente enlace que os dejo, donde os cuento con todo detalle la crónica del crimen.

El caso de la joven Katarzyna estaba sin resolver. Pero el crimen era tan meditado que los perfiladores criminales estaban convencidos de que no estaban ante un asesino inexperto ni de que fuera a cesar su actividad criminal de inmediato. Tan sólo tenían hasta la fecha un antecedente de desollamiento en el país. Se trataba de Jan, un ciudadano que llevaba una vida completamente normal, pero que en 1983 decidió acabar con la vida de su mujer y de su hijo y después desollarlos. Acto seguido, iría hasta el río Vístula para deshacerse de los restos.

Cuando se produjo el asesinato de Katarzyna Zowada, Jan estaba en libertad condicional. Fue el primer candidato a sospechoso por parte de los investigadores por ciertos rasgos parecidos hallados entre ambos casos. Sin embargo, el estado demacrado en el que se encontraba y los problemas de salud que acarreaba, les indicaba que era muy poco probable que Jan fuera el asesino de Katarzyna. El siguiente pensamiento fue evidente: tenemos un asesino que volverá a actuar muy pronto.

Conociendo al Hannibal Lecter polaco

Vladymir tenía 26 años y provenía de una familia ucraniana. Durante la década de los años 20 se trasladaron hasta Kazajistán y posteriormente en la zona norte del Cáucaso. En 1991 Vladymir se trasladó hasta Polonia para iniciar sus estudios en medicina en la universidad de Jagellónica, aunque los abandonaría un año después. Al cabo de dos años, su padre vendería la casa que tenía en Rusia y se trasladaría con él a Polonia, comprando una casa en la aldea de Brzyczyna. Al poco tiempo también se mudaría allí su abuelo Wladek, de 80 años, al poco tiempo.

El padre de Vladymir había roto el matrimonio con su madre y había iniciado una relación con otra mujer 30 años más joven. Esto supuso un shock para él, además de verse abandonado por completo por parte de su padre. Estas consecuencias de abandono también las sufriría su hermana. Pese a que el padre tenía un poder adquisitivo relativamente alto y ellos, en cambio, tenían problemas económicos, él decidió invertir su dinero en otros quehaceres en vez de ayudar a su propia familia.

Estos hechos provocaron en Vladymir un profundo rencor hacia su padre. El odio fue acrecentándose en su interior hasta que decidió liberarlo. Según diversas fuentes Vladymir no vivía con su padre y su abuelo, quienes sí que compartían techo. Otras fuentes determinan que se trasladó a vivir con ellos tres meses antes de la comisión del crimen.

La noche del 30 de mayo de 1999

Wladek ya había subido las escaleras que llevaban a la plata de arriba de la casa en dirección a su habitación. Se había sentado en la cama y estaba preparándose ya para acostarse cuando los gritos de su nieto le interrumpieron. Estaba llamando a su padre. No le reclamaban, así que no parecía ser nada importante. Apagó la luz y entró en un profundo sueño.

El padre de Vladymir, que todavía estaba despierto, escuchó los gritos de su hijo que provenían del sótano. Le estaba llamando. Bajó las escaleras y sorpresivamente notó como una descarga eléctrica invadía todo su cuerpo. Se quedó paralizado en el suelo dolorido pero no se había cumplido el objetivo: acabar con su vida. Acto seguido, algo punzante le penetraba repetidamente y de forma muy rápida por el abdomen y pecho. Vladymir había afilado la punta del destornillador y se había visto en la obligación de ejecutar el plan B. Las heridas perforaron los pulmones y el corazón por lo que su muerte no tardó en llegar.

El ritual planificado de «El Hannibal Lecter polaco»

Valdymir cogió una cuerda y la ató fuertemente a los tobillos de su padre. La pasó por uno de los barrotes de la ventana del sótano y tirando fuertemente el cuerpo de su padre se elevó invertido sobre el suelo. Con un bisturí quirúrgico comenzó a cortar la piel del pecho y cuello hasta separarla del resto del cuerpo. Con la ayuda de una pala y varios golpes secos consiguió seccionar la cabeza por completo. Volvió a coger el bisturí y realizó con incisiones en fosa poplítea (parte de atrás de las rodillas). Con un cubo recogería la sangre que emanaba del cuerpo.

Seguidamente, cogería la cabeza y subiría las escaleras hasta llegar a su habitación. Una vez allí, trabajó durante toda la noche en la confección de una máscara con la piel del rostro de su padre. Incluso, disponía de prótesis que fue añadiendo al rostro para poder corregir algunas zonas de la cara. Cuando hubo terminado, salió hasta el jardín y lanzó el cráneo entre la maleza. La máscara fue tratada con sal para secar la piel y evitar que la descomposición natural hiciera su trabajo antes de tiempo.

La mañana del 31 de mayo de 1999: hora del desayuno

La mañana del 31 de mayo de 1999 todo parecía transcurrir con normalidad en la casa. Wladek había bajado hasta la cocina para preparar el desayuno cuando vio a su hijo bajar las escaleras. Llevaba su ropa habitual, un sombrero, una bufanda y unas gafas. Ambos se sentaron en la mesa y mantuvieron una conversación trivial. Pero Wladek notaba una voz un tanto distinta en su hijo.

– Hijo, te cae un líquido rojo por detrás de la oreja.

– Debe ser pintura…

Conversación declarada que mantuvo Wladek con su nieto

Cuando terminaron de desayunar, Vladymir, que fingía ser su padre llevando la máscara que se había confeccionado la noche de antes, salió por la puerta y se sentó en un banco cercano. Paralelamente, Wladek bajó hasta el sótano y se encontró con el escenario del crimen. Ante aquel espanto, corrió hasta casa de unos vecinos en busca de ayuda.

Vladymir corría calle abajo en busca de un escondite. Desde una ranura observaba cómo la policía rodeaba su casa. Cuando pudo salir, acudió hasta la parada de un autobús de Libértow y se sentó en un banco que había allí mismo. Fue detenido a los pocos minutos. Todavía llevaba puesta la máscara del rostro de su padre.

El cuero cabelludo de la cabeza, el cuello y la parte superior del pecho, así como el destornillador y la pala, fueron encontrados en el sótano. En la habitación de Vladymir se halló aguja e hilo, el bisturí quirúrgico, prótesis y algunas partes más de cuero cabelludo de la víctima.

El caso de «El Hannibal Lecter polaco»: entendiendo la mente del asesino

«El Hannibal Lecter polaco» es como se conoce a este joven asesino que atrajo la atención de los perfiladores criminales. Entender los motivos que condujeron a este criminal a cometer semejante acto eran de máximo interés.

El crimen se plantea en base a gestos puramente simbólicos para Vladymir. Todo acto que ejecuta tiene un significado y nada es fruto del azar. Las entrevistas que le hicieron fueron verdaderamente reveladoras para comprender la oscura lógica de su mente. Para él, el asesinato de su padre, es la máxima expresión artística de sus emociones. Una representación de la mezquindad humana y de lo que simbolizó su padre al abandonar y dejar arruinada a su familia.

¿Qué simboliza la crucifixión invertida y la decapitación?

«La cabeza de este tipo de sinvergüenza no debe colgar ni siquiera en la cruz del diablo. El valor de un hombre se puede reconocer en sus valores más que en su propio rostro». Estas fueron las palabras textuales que pronunció Vladymir cuando explicó los motivos por los que había colocado a su padre en esa posición.

Tirar el cráneo a la maleza significaba para él liberarlo del cuerpo. Hacerla desaparecer, ya que entendía que la cabeza era la culpable de todos los males, donde se fraguan las peores intenciones. El hecho de emplear el rostro de su víctima y hacerse pasar por su padre alegó ser un mero juego. Quería saber si su abuelo sería capaz de reconocerle.

Le diagnosticaron un trastorno esquizoide de la personalidad y fue condenado a 25 años de prisión el 21 de noviembre del 2001. Wladek, su abuelo, abandonó Polonia tras el crimen, teniendo que intervenir desde Rusia para poder tomarle declaración formal durante el proceso del juicio.

Fuentes de consulta:

Kunz, J., & Cross, A. (2001). Victim’s scalp on the killer’s head: An unusual case of criminal postmortem mutilation.

https://www.antyradio.pl/News/Hannibal-Lecter-

https://krakow.naszemiasto.pl/

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