Historias de terror – Entierro prematuro

cementerio

Llevaba puesto un precioso vestido de un intenso color vino. El cuello era alto, con un encaje fino y negro de ligera transparencia que dejaba ver parte de la piel de su cuello, adornado con un camafeo coronando la garganta. Las mangas recorrían sus brazos hasta llegar a sus muñecas donde unos puños de pedrería las rodeaban con delicadeza y el mismo encaje que rodeaba su cuello cubría parte de sus manos. Sus cabellos oscuros y rizados habían sido colocados sobre su pecho de forma delicada. Se notaba que provenía de una familia adinerada y había sido enterrada con sus mejores galas. El sepelio se había producido hacía poco tiempo aunque no sabría decir con exactitud cuándo. La inexperiencia todavía me hacía cometer algunos errores pero al menos no parecía tener los primeros avisos de putrefacción y eso significaba que podrían darme algo de dinero por el cadáver. Tenía el rostro ya algo pálido pero el invierno estaba siendo especialmente frío y húmedo y eso también ayudaría en su conservación. 

Había anochecido y el silencio únicamente era roto por el sonido de la lluvia caer sobre las decenas de lápidas de dura piedra que se veían a través de la puerta de acceso a aquel panteón. La espesa niebla londinense me protegía de miradas furtivas que pudieran sorprenderme y gracias a eso también me había resultado más sencillo colarme en el camposanto. Mientras trataba de sacar aquel cadáver del féretro, un gato negro entró de repente maullando dándome un pequeño sobresalto sacándome del ensimismamiento en el que había entrado. Su cuerpecito comenzó a frotarse con aquel majestuoso ataúd de un negro tan oscuro como lo era aquella noche. De un salto se posó sobre las faldas del cadáver y con regia elegancia me mostró sus pequeños y afilados colmillos mientras clavaba sus ojos de esmeralda sobre los míos. Un sonoro y corto bufido inundó el panteón haciéndome retroceder unos centímetros. Sus pequeñas patitas comenzaron a caminar sobre aquella mujer que yacía impasible deteniéndose en su vientre y emitiendo un alarido que retumbó entre las paredes del panteón para después dar un salto y salir corriendo para perderse entre las lápidas y la niebla. 

Volvió a rodearme el silencio. Tardé en reaccionar algunos segundos después de aquella enigmática escena en la que me había visto envuelto repentinamente. Pero no podía perder más tiempo, mi compañero seguramente estaría fuera esperando y además podrían descubrirnos en cualquier momento. Traté de rodear con mis manos el cuello de aquella mujer para incorporarla pero la rigidez cadavérica comenzaba a hacer su trabajo, aunque tras un poco de esfuerzo pude lograrlo. Pasé mis brazos por debajo de los suyos y tiré con fuerza hasta sacar medio cuerpo del ataúd. El forro que cubría la base y las paredes internas del féretro quedaron al descubierto y también una gran mancha de sangre que había empapado las telas. 

El peso de la mujer muerta que sostenía entre mis brazos no impidió que quedara totalmente paralizado. Lentamente deposité el cuerpo en el suelo mientras un temblor recorría todo mi cuerpo y sentía un intenso frío recorriendo toda mi espina dorsal. Sin poder apartar la vista de aquel horror, mis pies comenzaron a retroceder lentamente hasta notar sobre mi espalda la fría piedra de la pared. El llanto de aquel bebé resonó en mi cabeza, clavándose como decenas de agujas de hielo sobre las sienes. Entretanto su pequeño y frágil cuerpecito trataba de moverse en la tela empapada en sangre y restos de placenta. Una arcada subió por mi garganta. Mi cuerpo quedó doblegado casi de forma totalmente involuntaria. Podía sentir la sangre agolparse en mi frente provocándome un intenso dolor de cabeza. Estaba sintiendo por vez primera lo que era la fragilidad absoluta. Mis piernas flaquearon y ambas rodillas impactaron contra el suelo. Una de mis manos actuaba con rapidez de forma instintiva tratando de sujetar el vómito que aguantaba en contra de mi voluntad, pero noté el sabor amargo de la bilis en mi boca. El panteón comenzó a girar en torno a mí acompañando rítmicamente mi abrir y cerrar de ojos luchando por mantener la conciencia. Lo último que recuerdo fueron los verdes ojos de aquel gato negro emergiendo de entre la niebla e hincándome de nuevo su profunda y aterradora mirada.

Ana de Mendoza

***

Puedes escuchar la extraordinaria narración del relato en el programa de Elena en el País de los Horrores en la sección de El club de los marineros muertos:

https://www.ivoox.com/never-stop-the-madness-audios-mp3_rf_45433289_1.html


4 comentarios sobre “Historias de terror – Entierro prematuro

    1. jajajaja Lidia, no tenía intención de continuarlo pero puedo tomarte la palabra. Seguro que se me ocurre algo con lo que seguir narrando la vida del personaje ladronzuelo… Pero en principio era final cerrado!!

    1. Gracias!! Me alegro de que lo disfrutaras. No descarto una continuación en el futuro ya que me lo habéis pedido. Lo valoraré. 😊

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