Ian Brady y Myra Hindley: los asesinos del páramo

Ian Brady y Myra Hindley, los asesinos del páramo, conmocionarían a toda Inglaterra, sobre todo por el crimen de la pequeña Lesley Ann Dowey. Ambos protagonizarían una serie de crímenes que marcarían un antes y un después en la historia criminal británica.

Ian y Myra, una pareja con infancias truncadas a causa de sucesos que marcarían sus vidas. Un cruce de caminos que despertarían los instintos más oscuros de Ian, un joven con una personalidad agresiva y Myra, una mujer atrapada por el encanto de un hombre que haría entremezclar lujuria, dolor y sangre a partes iguales.

Hoy recordamos los sucesos más famosos de la crónica negra de Gran Bretaña, haciendo un repaso a las vidas de los dos protagonistas que despertaron el odio de todo un país. Hablamos de su modus operandi, de su juicio y de su comportamiento posterior a los arrestos.

¿Quién era Ian Brady?

Los primeros años de Ian Brady

El 2 de enero de 1938, nacía en Glasgow el que se convertiría en uno de los asesinos en serie más recordados de la historia criminal de Inglaterra. Junto con su pareja, la cual conoció durante su juventud, cometieron entre ambos unos crímenes difícilmente olvidables y que les costaría el apodo de <<los asesinos del páramo>>.

Generalmente, detrás de una historia de crímenes, se esconde en la personalidad del asesino una serie de elementos que concurren durante la infancia y que repercuten en sus comportamientos durante la etapa adulta.

En el caso de Ian, no iba a ser distinto, pues la infancia que éste tuvo, le repercutiría a la hora de gestar el lado más oscuro del cual ya tenía una predisposición intrínseca. Y es que al parecer, su padre biológico había sido un periodista que falleció a una temprana edad, a unas pocas semanas del fallecimiento del propio Ian.

Peggy, su madre, habiéndose visto completamente sola y al cuidado de un recién nacido, le fue complicada su crianza y decidió, en un principio, buscar una niñera. De tal manera, colocó un anuncio donde solicitaba ayuda y encontró un matrimonio que le pareció de confianza. Este matrimonio recibió a Ian cuando tenía tan sólo cuatro meses, adoptando el apellido de Sloane tras su adopción.

Sin embargo, lejos de olvidar a su hijo, solía acudir regularmente al nuevo hogar de Ian, llevándole regalos y tratando de ver cómo su hijo crecía desde la lejanía y sin revelar jamás la verdadera identidad. Ian veía que aquella mujer parecía adorarlo de manera totalmente desinteresada.

No obstante, las visitas fueron decayendo de manera regular. Mientras que al principio acudía todos los domingos, éstos fueron poco a poco espaciándose en el tiempo hasta que cesaron definitivamente cuando Ian habría cumplido los 12 años de edad. Quien había sido <<la tía Peggy>>, parecía haberse olvidado definitivamente del pequeño Ian. Ante tal situación, los padres adoptivos decidieron confesar la verdadera identidad de Peggy, lo cual provocó un fuerte impacto en el pequeño al sentirse rechazado por su madre biológica.

El desarrollo de un lado violento

La personalidad que se estaba formando en Ian no iba a resultar ser un punto a su favor, pues comenzaron los graves ataques de furia que terminaban incluso en autolesiones golpeándose la cabeza contra las paredes. Este tipo de comportamiento violento fue arraigándose más con el tiempo y volviéndose absolutamente incontrolables. Esto provocó que poco a poco fuera rechazado en su entorno vecinal a causa de la agresividad que manifestaba ya desde bien pequeño.

Era conocido por su violencia hacia perros y gatos, los cuales maltrataba sin ningún tapujo. Tampoco le ayudó su torpeza con el balón. Pretender jugar con otros niños se convertía en una odisea, llegando a ser conocido en el barrio por ineptitud jugando al futbol.

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Ian Brady

Los páramos de Loch Lomond: un lugar favorito

Cuando tenía nueve años de edad y durante una excursión a los Páramos de Loch Lomond, fue protagonista del episodio que se convertiría en el punto de inflexión para Ian. Mientras sus compañeros dormían posados sobre la hierba, él decidió caminar unos cientos de metros hasta posarse en lo alto de una cima. Cuando se percataron los compañeros, trataron de llamarle pero tuvo que ser la profesora quien diera la última palabra para que volviera.

Al tratar de comprender la reacción que había tenido tras haber subido aquella cima, Ian respondió que se había sentido poderoso y fuerte al haber observado desde lo alto la inmensidad que había a su alrededor. Dijo haberse sentido el dueño de todo aquello.

Aquella sensación que había vivido le repercutiría durante el resto de su vida, pues aunque parecía tener una inteligencia superior a la media y haber sacado altas calificaciones en los exámenes, sentía que no quería pertenecer al colectivo de estudiantes modelo, sino más bien al de los rebeldes.

Durante los primeros años de la adolescencia, comenzó a tener fascinación por la ideología nazi y sus símbolos. Ello le llevó a adoptar el mote de <<El Alemán>> por el resto de sus compañeros. Además, comenzó a leer al marqués de Sade y las tendencias sadomasoquistas empezaron a ser visibles, pues el maltrato físico y psicológico hacia sus compañeras era más que evidente.

Cuando contaba con la edad e 17 años, adoptó el apellido de Brady, la nueva pareja de su madre biológica y comenzó a trabajar en una carnicería lo que le llevó a despertar su interés en la mutilación.

Además, el alcohol y el juego se convirtieron en elementos más de su vida cotidiana  y su comportamiento le llevaría a varios arrestos e incluso a pasar algún tiempo entre rejas. Paralelamente a ello, volvía a aquellos páramos que tanta fascinación había creado en él cuando tenía tan sólo nueve años de edad.

En ellos, se dedicaba a torturar a los animales y a mostrar su lado más oscuro con éstos. Las torturas que ejercía sobre éstos eran aberrantes y sería entonces cuando comenzaría a cavar las primeras tumbas para enterrar a aquellos animales, tanto muertos, después haber sufrido sus martirios, como vivos.

A los 21 años, en 1959, empieza a trabajar en el almacén de la empresa química Millward’s.

¿Quién Myra Hindley?

Los primeros años de Myra Hindley

Nacida el 23 de julio de 1942 en Manchester, creció en un ambiente violento a causa del maltrato que recibía de su padre, Bob. Criada por su abuela desde bien pequeña, la situación familiar no sería sostenible en el tiempo y fruto de aquellos maltratos, la madre, Nellie, decidió divorciarse en 1965 para volver a contraer nuevamente matrimonio. Esta vez con Bill.

Durante sus estudios se caracterizó por ser una alumna ejemplar, gozando de un cociente intelectual de 107 puntos. Buena alumna, responsable, escritora, atleta y gran nadadora. Aunque se convirtió en objeto de burlas para el resto de compañeros por poseer caderas anchas y una nariz afilada, las palizas que había recibido por su padre durante su niñez la hicieron desarrollar un carácter emocional fuerte y empático para con el resto.

El sufrimiento, tanto hacia personas como animales, le producían un fuerte malestar, pues el sufrimiento que había padecido durante su niñez la hizo desarrollar un carácter afable, comportándose amablemente siempre con sus compañeros.

Durante los primeros años de su adolescencia comenzó a trabajar como niñera, reforzándose u reputación de chica encantadora y amable, ganándose la confianza de padres que dejaban a su cargo de Myra a sus pequeños hijos. Incluso llegó a forjar una fuerte amistad con uno de los chicos a los que cuidó, Michael, el cual tenía 13 años de edad y se convirtió prácticamente en el hermano pequeño de Myra. Pero algo estaba a punto de suceder que cambiaría el carácter de Myra para siempre.

La tragedia que cambió a Myra para siempre

La vida de Myra se vio azotada por un suceso traumático y su carácter cambiaría para siempre con tan sólo 15 años. Michael le había pedido que la acompañara a nadar una tarde pero Myra, declinó la oferta excusándose diciendo que estaba cansada. Sin embargo, Michael si iría a nadar aquella tarde.

Myra Hindley los asesinos del paramo
Myra Hindley

Horas más tarde, la noticia llegaba a oídos de Myra y el dolor y remordimientos la inundaron por completo. Michael había fallecido ahogado. Myra estaba fervientemente convencida que de haber ido, Michael seguiría vivo, lo que le produjo un fuerte sentimiento de culpa que la llevó a convertirse al catolicismo. Se dedicó a escribir, a encender velas y expresar su dolor mediante fuertes llantos.

Descuidó sus estudios y provocó que la familia de Myra se alarmase por la exagerada reacción que había tenido y tanto tiempo estaba durando. En 1957, abandonó por completo los estudios y encontró su primer empleo en el cual se ganó la confianza de sus compañeros y se convirtió en una buena empleada en una empresa de ingeniería eléctrica.

Además, conocería a quien sería su primera pareja en 1959, aunque no prosperó la relación. Parecía que Myra estaba superando la pérdida de Michael y poco a poco volvía ser aquella joven amable que todo el mundo había conocido.

El 16 de enero de 1961, encontró trabajo en la empresa química Millward’s como mecanógrafa. Sería entonces cuando Ian y ella establecerían contacto por primera vez.

El día en que Ian Brady y Myra Hindley, los asesinos del páramo, se conocen

Fue aquel 16 de enero de 1961 cuando el cruce de caminos entre Ian y Myra daría inicio a una serie de historias dignas de la más terrorífica novela. Para Myra, fue un auténtico flechazo, pero para Ian tan sólo fue una nueva compañera más. Una indiferencia que duraría un largo año pero que mientras Myra plasmaba todos los sentimientos que Ian le hacía sentir en un diario. Dicho diario no se descubriría hasta 1965, tras el arresto.

Pero todo cambiaría el 22 de diciembre de ese mismo año, 1961, cuando ambos empezaron a entablar conversación en la cena de Navidad de la empresa. Tras una considerable ingesta de alcohol, ambos empezaron una relación y durante las primeras citas Ian se encargó de hacerle conocedora de todas sus lecturas, así como de la ideología que él mismo procesaba. La invitó a ver <<Los juicios de Nuremberg>>, a leer <<Mein Kampf>>, <<Crimen y Castigo>> y las obras del Marqués de Sade.

Lentamente fue adquiriendo la misma ideología que Ian y cambió radicalmente su estilo. Se tiñó el pelo de rubio a petición de Ian y comenzó a vestir como lo hacían las mujeres alemanas tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. Botas negras de cuero con tacón alto que excitaban a Ian y con una licencia de armas entre las manos de Myra.

Ian no podía sacarse ese permiso, pues al haber sido expresidiario la ley no se lo permitía, pero no le impidió convencer a Myra de que lo hiciera por él. Además, dejó de lado el catolicismo persuadida por las palabras de Ian, volviéndose atea.

Además, durante las relaciones sexuales comenzaron a fotografiarse y pretendieron iniciar una carrera pornográfica, aunque pronto desistieron ante la idea. Absorta por los pensamientos obsesivos de Ian, terminó por convertirse en aquello que él deseaba. Le enseñó el placer que le despertaba el sadomasoquismo y terminó llamándola <<Myra Hess>>, en honor al apellido del militar alemán <<Robert Hess>>, clave para la Alemania bajo el mando de Adolf Hitler.

Pronto la llevaría a los páramos que tanto fascinaban a Ian, quedando también absorta por ellos Myra. Todas las ideas iban calando en aquella joven perdidamente fascinada por Ian. Todas menos una: el maltrato a los animales, ante lo cual siempre se negó.

Sin embargo, el resto de discursos sí calarían en Myra e incluso llegaría a odiar a quienes tanto amor había repartido durante su adolescencia para cuidarlos: los niños. La idea de seres despreciables hizo mella en la mente de Myra. Un hombre que se había convertido en su Dios y que según declaraciones posteriores de Myra amaba y temía a la vez. ¿Realmente caló el discurso y estaba convencida de ello o el temor la hizo someterse a límites abisales?

Los crímenes de Ian Brady y Myra Hindley. El día en que se convirtieron en los asesinos del páramo

Durante los dos años que llevaban manteniendo la relación amorosa, Ian había terminado por perder el interés en el robo a bancos que habían estado cometiendo durante este tiempo. Los impulsos sexuales de Ian iban en aumento y comenzaba a tener la necesidad de satisfacerlos, por supuesto, con la ayuda de Myra.

Pauline Reade

El 12 de julio de 1963, Pauline, una adolescente de16 años, había quedado con unas amigas para ir a una fiesta. Sin embargo, a última hora las amigas decidieron no ir pero Pauline no quería perdérsela. De tal menra, inició su camino sola y salió de su casa alrededor de las 20:00 de aquel día.

Myra se la acercó y se convirtió en la cómplice de Ian al convencerla de que la acompañara hasta los páramos para que la ayudara a buscar un guante que se la había perdido. Sin embargo, la realidad era muy distinta a lo que le había contado a Pauline.

Ian las siguió en su moto hasta llegar aquellos páramos que se convertirían en la pesadilla de aquella inocente joven. Ian la golpeó y arrancó el vestido rosa que llevaba puesto. La azotó en repetidas ocasiones y seguidamente la violó. Myra fue, impasible, testigo de toda aquella escena.

Una vez finalizó la agresión sexual, a Pauline se la estranguló con un cinturón y se enterró en un hoyo que cavaron entre ambos. Los intentos de la policía por hallar el cuerpo de la adolescente fueron completamente en vano, pues no encontraban ni rastro de lo que le podía haber ocurrido.

John Killbride

Esta vez, un niño de 12 años, había ido al cine con un amigo el 23 de noviembre de 1963 y cuando finalizó la película fueron hasta el mercado para ver si podían ganar algo de dinero ayudando a los mercaderes ambulantes a recoger sus puestos. Su amigo, finalmente se marchó a casa y el pequeño John se quedó un tiempo más en el mercado. Myra se le acercó y lo abordó.

Ésta, le pidió que le ayudara a buscar un objeto que se le había perdido y que le recompensaría económicamente si lo encontraban. De tal manera, siguiendo las indicaciones de Myra, la acompañó hasta el páramo donde ya esperaba ansioso el propio Ian.

Cuando llegaron, Ian comenzó a golpear a John y le obligó a quitarse la ropa. Una vez hecho, Ian lo violó analmente y el pequeño John cayó inconsciente en el suelo. Al tratar de ejecutarlo con una pistola que Ian traía consigo, ésta no funcionó, así que espero a que John recobrara el conocimiento para asfixiarlo con un cinturón.

Seguidamente, Mary, la cual había estado contemplando la escena de manera absolutamente pasiva, ayudó a su pareja a cavar el hoyo para enterrar al pequeño. Nuevamente, las búsquedas de la policía ante la desaparición de John no dieron resultado alguno.

Keith Bennet

Keith, un pequeño de 12 años, desaparece el 16 de junio de 1964. Conducido hasta el mismo páramo, corrió la misma suerte que la víctima anterior. Siguiendo exactamente el mismo modus operandi que el anterior, aunque esta vez, la pareja actuó junta para proceder al engaño.

La desaparición no se descubrió hasta la mañana siguiente, al echarlo en falta la abuela quien lo esperaba en casa y no apareció, dando por hecho que los padres habrían decido no dejarlo ir aquel día. El cuerpo de este pequeño nunca se descubrió, pues ni Ian ni Myra quisieron revelar jamás dónde lo enterraron.

Lesley Ann Downey

La niña de 10 años se encontraba en un parque de atracciones. Había ido ella sola aquel día y terminó cruzándose con los asesinos del páramo. Éstos, habiéndole comprado un algodón de azúcar y ganado su confianza, terminaron llevándola a su ya habitual escenario del crimen. Una vez allí, la obligaron a desnudarse pero la niña se opuso a tal petición, pero la resistencia no impidió que acabase torturada igualmente. Ian sacó su cámara de fotos e hizo un total de 9 fotografías de la pequeña en posturas sexualmente explícitas. Ante los llantos de la pequeña, Myra sacó su grabadora y decidió inmortalizar aquello. Ian la violó anal y vaginalmente, para seguidamente asfixiarla con un cinturón.

El material que habían obtenido del crimen de Lesley les sirvió a ambos para recordarlo y mantener relaciones sexuales entre aquellas fotografías y la grabación de fondo, donde también se escuchaba la canción de los Beatles, la cual habían decidido poner durante los minutos que duró la agonía de aquella pequeña. La pareja la enterró a la mañana siguiente.

Jennifer Tighe

El 30 de diciembre de 1964, Jenny desaparece misteriosamente. Engañada, torturada y violada, mantuvieron el mismo modus operandi. Este crimen en un principio no se relacionó con Ian y Myra, pero Myra confesó finalmente que ellos fueron los responsables de la muerte de Jenny.

Edwards Evans

Fue la última víctima conocida de la pareja. Convencido de que acompañase a Myra mediante insinuaciones sexuales, acabaron en casa de la pareja. También se le golpeó, se le desnudó y se le torturó estando amarrado al sofá. Aquella noche Myra había decidido ir a casa de su hermana pequeña, la cual vivía con su pareja, David Smith.

Dado que se había alargado la velada y eran las altas horas de la madrugada, David se ofreció a acompañarla hasta su casa. Al llegar, Myra le invitó a pasar y mientras ésta le preparaba unas tazas de té, su cuñado decidió esperar leyendo algunas etiquetas de vino. De repente, escuchó un grito profundo que llamó su atención y salió de la estancia para ver de dónde había procedido aquello. Entró en el salón y observó el cuerpo del joven que se encontraba tan ensangrentado y desfigurado a causa de las torturas que pensó en un principio que se trataba de un muñeco.

Sin embargo, pronto cambiaría su opinión al observar que todavía se movía. Ian cogió un hacha y la clavó hasta en dos ocasiones en el cráneo del joven y seguidamente, lo estranguló con un cable eléctrico al ver que no podía acabar con su vida.

David quedó atónito ante aquella escena e Ian al finalizar lo miró y dijo <<ya está hecho. Era el más sucio>>. Seguidamente le pidió que le ayudara a transportar el cadáver y Myra entró con aquellas tazas de té. Viendo el panorama accedió a ayudarles a subir el cuerpo y cuando terminó ideó una excusa para volver a su hogar. Myra, fiándose de su cuñado de que no contaría nada, le dejó marchar tranquilamente.

No obstante, la idea de volver a casa quedaba muy lejos en la mente de David, acudiendo inmediatamente a la comisaría de Policía de Manchester. Ésta acudió inmediatamente para corroborar las palabras de David y la pareja quedó inmediatamente detenida por el asesinato del joven.

***

Juicios y desenlace final de los asesinos del páramo

Ian confesó. Confesó haber matado a Edward y otros tantos crímenes más. pero también confesó no arrepentirse de ninguno de sus actos. Más y más pruebas iban saliendo a la luz. Fotografías de las víctimas. Fotografías de ellos mismos sobre las tumbas donde yacían los cuerpos todavía calientes de las vidas que habían arrebatado.

Los juicios se convirtieron en un escándalo y un odio atroz de la opinión pública hacia la pareja. Pues mientras la madre de la pequeña Lesley tenía que escuchar aquellas grabaciones durante el juicio y se desplomaba del tremendo dolor que sufría, Ian y Myra sonreían. Además, también trataron de culpar a David Smith de los crímenes, haciendo creer que era realmente él el único responsable. Sin embargo, ello sólo les sirvió para aumentar el odio hacia ellos. Una excusa poco creíble y que lejos de desviar la investigación, los perjudicó más si cabe.

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La pareja sobre una de las tumbas de sus víctimas

El 6 de marzo de 1966 se les condenó a cadena perpetua. Myra tenía prohibido cualquier contacto con el exterior, pero una de las funcionarias le dejó, discretamente dar un pequeño paseo por el parque bajo custodia. Sin embargo y pese a las gafas oscuras que llevaba y otros elementos que pretendían disimular su apariencia, un reportero la reconoció y terminó publicando las fotografías, convirtiéndose en portada de todos los periódicos.

Myra jamás volvió a ver la luz del sol y a la funcionaria le costó el puesto de trabajo. No obstante, Mary tenía admiradores secretos y no tan secretos que le hacían llegar sus cartas, flores y otros regalos a su celda. El caso más llamativo fue el de un niño de 13 años que le escribió para decirle que estaba convendido de que ella era buena persona y que había cambiado por completo después de todo este tiempo.

En 1970, Myra rompería todo contacto con Ian y éste, además, sería llevado a un hospital psiquiátrico en 1985. Lejos de arrepentirse de sus crímenes siguió jactándose de ellos, sobre todo del caso que más dolor causo, el de la pequeña Lesley por sus grabaciones y fotografías. Con un desorden claro de la personalidad y un narcisismo desorbitado. Además, también dedicó parte de su tiempo a la publicación de un libro sobre asesinos en serie y una autobiografía bajo instrucciones de no publicarse hasta que no falleciera.

El 15 de noviembre de 2002, Myra fallecía a causa de una insuficiencia respiratoria. Dos rostros que marcaron la historia negra de Gran Bretaña y que, aun pasadas las décadas, todavía siguen guardando entre las tierras del páramo algunos de los cuerpos de los niños que asesinaron en su día y que no han logrado ser hallados todavía.

Si te ha gustado te recomiendo la historia de Barbara Graham, drogas y sexo envolvieron la vida de esta mujer que acabó en la cámara de gas tras un intento de robo que salió verdaderamente mal.

Fuentes:

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-39937808

https://www.biography.com/crime-figure/myra-hindley

https://www.mirror.co.uk/news/uk-news/harrowing-last-words-girl-10-21339085

https://www.lavanguardia.com/hemeroteca/20160502/401507360881/asesinatos-los-asesinos-del-paramo-inglaterra-crimenes.html

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