Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee: el asesino más sádico

En Milwaukee, Wisconsin, nacería a mediados de 1960, Jeffrey Lionel Dahmer. Sería conocido como el asesino más sádico de todos los que se hubieran conocido hasta la fecha. Recibió varios apodos: el carnicero, el caníbal, el monstruo de Milwaukee… Y sus terroríficos asesinatos pasarían a ser conocidos mundialmente y su historia, llevada a la gran pantalla.

Hoy recordamos en Crónicas de la Calle Morgue un clásico de la crónica negra que no podía faltar en el blog.

El matrimonio de “Los Dahmer”: la infancia de Jeffrey

Joyce Annette “Rocky” Flint, nació el 7 de febrero de 1936 en Columbus. Trabajadora en un centro para pacientes con sida, Joyce era una mujer que sufría de depresión e intentó suicidarse en alguna ocasión.

joyce dahmer
Joyce, madre de Jeffrey Dahmer

Durante sus años de juventud conoció a Lionel Dahmer, con quien contraería matrimonio y tendrían dos hijos: Jeffrey y David, naciendo éste cuando Jeffrey tenía 5 años. Jeffrey le vería vería como un rival contra quien competir por la atención de los padres. Una atención que llegaría de forma insuficiente para el entonces, pequeño Dahmer.

Además, el trabajo de Lionel Dahmer como químico obligaba a la familia a tener que trasladarse constantemente de residencia. Esto afectaría poco a poco a Jeffrey. Definitivamente, en 1967, los Dahmer compraron una casa en Bath, Ohio, donde se asentaron y Jeffrey pasaría el resto de su infancia y adolescencia. Por aquel entonces, Jeffrey tenía 7 años y los primeros comportamientos extraños del pequeño empezaron a surgir. Esto no pasó desapercibido para sus padres, quienes intuían que tanto cambio de residencia le impedía forjar relaciones duraderas con otros niños. Optaron por regalarle un perro, que se convirtió en el mejor amigo de Jeffrey.

Jeffrey Dahmer con su perro

Lionel solía llevarse a su hijo de pesca, quien comenzó a tener actitudes violentas con los peces que pescaban. Los abría en canal mientras todavía estaban vivos y contemplaba como se diluía lentamente la vida del pez. Pero no fue suficiente y con 10 años, recorría las cunetas de las carreteras cercanas en busca de animales que habían perecido a causa de algún atropello. Los introducía en bolsas y se los llevaba a casa. Una vez allí, los abría para observar el interior de sus cuerpos. Gracias al formol, conservaba en botes varios tipos de insectos.

Los años de adolescencia de Jeffrey Dahmer

Un joven que se refugiaba en tras una apariencia de chico divertido, abierto y con un sentido del humor característico, le hizo destacar entre sus compañeros durante sus años de estudiante y acabaría por ganarse la fama de “el payaso de la clase”. Pero esto cambió por completo. Se volvió introvertido y comenzaron a considerarlo como el «raro» durante sus años de adolescencia, incluso recibió alguna agresión por parte de alguno de sus compañeros. Durante la secundaria llevaba a cabo trabajos en el periódico y practicaba tenis algunos días a la semana. Pero los problemas con el alcohol empezaron a ser cada vez más evidentes.

El matrimonio Dahmer comenzaba a desmoronarse. Las peleas eran cada vez más frecuentes y Jeffrey huía de casa con el fin de no escuchar los gritos que sus padres se propiciaban cada vez con más frecuencia. La angustia le llevaba a recorrer cunetas y a buscar, cada vez con más ímpetu, animales arrollados. Paralelamente, sus fantasías más oscuras comenzaban a materializarse en su mente; unas fantasías que le torturarían constantemente.

“Pues… fue un perro grande que encontré en la carretera. Iba a separar la carne, blanquear los huesos, reconstruirlos y venderlo. Pero no llegué a hacerlo. No sé cómo empecé a meterme en esto; es una afición un poco rara. Encontré al perro y lo rajé para ver cómo era por dentro. Después se me ocurrió que sería divertido clavar la cabeza en una estaca y dejarla en el bosque. Llevé a uno de mis amigos y le dije que me lo había encontrado entre los árboles. También le tomé una fotografía”

Declaración de Jeffrey Dahmer en una entrevista con Ressler

Lionel y Joyce deciden finalmente separarse. Este suceso marcaría a Jeffrey de por vida, cuando el sentimiento de abandono se intensifica por completo. Por aquel entonces no había cumplido todavía los 18 años de edad. A los pocos meses, Lionel contrae nuevamente matrimonio con una mujer llamada Shari. Sus fantasías y los acontecimientos que estaba viviendo en su familia, hicieron que definitivamente se volviese adicto al alcohol y a las drogas.

Lionel Dahmer y Shari en una visita a Jeffrey en el correccional de Columbia

Los crímenes de Jeffrey Dahmer «El Carnicero de Milwaukee»

El primer asesinato: Steven Hicks el autoestopista

Era el verano de 1978, el mes de junio concretamente. Jeffrey se había quedado solo en casa aquella semana, ya que su madre estaba pasando unos días fuera con David. Ante aquella situación decidió salir a beber. De regreso a casa nuevamente y pasadas las 5 de la madrugada, un joven atractivo y sin camisa hacía autoestop a orillas de la carretera a tan sólo un kilómetro de la casa de Dahmer. Se trataba de Steven Hicks: su primera víctima mortal. Se acercó hasta él disminuyendo progresivamente la velocidad hasta quedarse a su altura. Tras ciertas dudas, finalmente se decidió a invitarle a casa a tomar unas cervezas y fumar marihuana.

Jeffrey Dahmer
Jeffrey Dahmer

Las fantasías sexuales y de violencia se habían ido fraguando a fuego lento en su mente, condicionando por completo su conducta y su forma de ver las relaciones con otras personas. Sentía atracción sexual por los hombres, fantaseaba con recogerlos a orillas de una cuneta, llevarlos a su casa y poner en práctica sus fantasías sádicas que había estado imaginando durante tiempo. Se acababa de presentar ante sus ojos el principio de uno de sus deseos más oscuros. Unos deseos que se convirtieron en su único refugio y en el sustituto de unas relaciones que se fueron desgastando progresivamente durante su etapa de la adolescencia.

Durante el tiempo que pasaron juntos en la habitación de Jeffrey, éste pudo percatarse de que no era gay, como reconoció ante Ressler en su entrevista. No obstante, todo se torció cuando Hicks le anunció que tenía que marcharse. Dahmer sintió una profunda sensación de abandono y en un arrebato de ira, golpeó en la cabeza con una mancuerna a Steven que cayó al suelo, viéndose estrangulado con la misma mancuerna que le había hecho caer. Steven había sido asesinado y Jeffrey era consciente de su acto. Anduvo por la casa durante un tiempo, se masturbó y después bajó al sótano con el cadáver, dejándolo allí durante toda la noche.

Las fantasías sádicas se manifiestan en el primer crimen

A la mañana siguiente, Jeffrey salió de casa para comprar un cuchillo de caza. Al regresar, bajó al sótano y abrió el vientre de su víctima y ante sus vísceras, se masturbó. Tras esto, descuartizó el cuerpo y lo metió en bolsas de basura que después cargó en el maletero de su coche con la intención de deshacerse de su víctima en un vertedero. De camino fue detenido por la policía pero creyeron su versión de que únicamente se trataba de basura. Jeffrey sólo recibió una multa de tráfico.

“Volví a dejar las bolsas en el sótano. Agarré la cabeza, la lavé, la puse en el suelo del cuarto de baño, me masturbé y luego volví a meter la cabeza, con el resto de las bolsas, abajo. A la mañana siguiente metí las bolsas en una tubería de desagüe enterrada que medía unos tres metros. Aplasté la entrada de la tubería hasta cerrarla y las dejé unos dos años y medio dentro.

Declaración de Jeffrey Dahmer a Ressler en su entrevista.

Pasado ese tiempo, regresó y trituró los huesos que esparció después por la maleza del jardín. El reloj y las pulseras de Steven Hicks fueron arrojadas al río.

Los intentos frustrados de reorganizar la vida de Jeffrey Dahmer

En el otoño de 1978, Jeffrey se matricula en la universidad de Ohio tras ser convencido por su padre, pero sus problemas con el alcohol se acentúan cada vez más, y es exactamente el 26 de septiembre de 1978 cuando, oficialmente, tiene problemas con la justicia. El crimen de Steven Hicks era un misterio para todos en aquel momento. Jeffrey Dahmer conoció a un chico asiático de 13 años al que ofreció $50 por una sesión de fotos y él aceptó.

Por aquel entonces, Jeffrey se había mudado el día anterior a un apartamento en Milwaukee y era ahí donde iban a realizar la sesión de fotografías. Cuando el joven comenzó a sentirse acosado y acariciado por Jeffrey, se asustó y salió corriendo. Este suceso fue denunciado por los padres del joven y el 30 de enero de 1979 fue condenado a 10 meses de prisión.

El abandono de los estudios y la condena por lo sucedido en su apartamento, hace que Lionel convenza a su hijo para acceder al ejército y es en ese mismo año, en 1979, es cuando Dahmer viaja hasta Alemania ya como militar. Pero su alcoholismo sigue presente y haciendo estragos en su vida. A los pocos años es expulsado a causa de su adicción.

Su caótica vida le llevó a acercarse hasta su abuela, a una localidad cercana a Milwaukee, con el fin de alejarse de los pensamientos que le perseguían durante años. Comenzó a frecuentar la iglesia y se convirtió en un hombre de fe. Jeffrey era consciente de lo que sucedía en su vida y su intención era frenar los impulsos sexuales y sádicos que le habían llevado a cometer aquel acto atroz contra Steven Hicks. Pero todo fue en vano.

Un punto de inflexión en la biblioteca

Cuando Jeffrey contaba con 23 años, comenzó a trabajar en una fábrica de dulces. Seguía reprimiendo su homosexualidad y también sus fantasía. Por aquellos años la homosexualidad no estaba bien vista en Estados Unidos y el propio Dahmer creía que los pensamientos que tenía y su forma de ser, estaba directamente ligado a ello. Esto le llevó a intentar reprimir con fuerza sus impulsos una y otra vez, pero todo cambió una tarde que estaba en la biblioteca leyendo un libro tranquilamente. Una nota cayó sobre su mesa a escasos centímetros de él. Al alzar la mirada para ver qué estaba sucediendo, vio como un joven se alejaba. La nota tenía un contenido sexual que, aunque en ese momento hizo caso omiso a aquello, le afectó de tal manera que recaería más fuertemente en el alcohol, sexo y drogas pocos meses después.

Sus deseos sexuales y fantasías más oscuras donde imaginaba tener relaciones sexuales con hombres que después asesinaba y descuartizada, habían vuelto a despertar nuevamente. Jeffrey comenzó a frecuentar bares de ambiente con el único fin de encontrar alguna víctima con la que saciar sus impulsos. Sin embargo, él seguía siendo consciente de lo que le sucedía y trató de frenar sus estímulos, una vez más. Por esta razón, robó un maniquí de una tienda que guardaba en el armario y que utilizó para satisfacer sus deseos sexuales durante un tiempo.

La carrera criminal de ‘El carnicero de Milwaukee’

En 1986 Jeffrey acaba siendo detenido por exhibicionismo público y por tratar de desenterrar a un joven recién fallecido para abusar sexualmente de su cuerpo.

“Leí la esquela de un joven de dieciocho años y me presenté en el tanatorio. Vi el cadáver y era un hombre muy atractivo. Cuando lo hubieron enterrado, agarré una pala y una carretilla con la intención de llevarme el cadáver a casa. Alrededor de medianoche me dirigí al cementerio, pero el suelo estaba helado y tuve que abandonar mi propósito”.

Declaración de Jeffrey Dahmer al FBI.

Tiempo más tarde, concretamente una noche de 1987, Jeffrey había decidido acudir a un bar de ambiente gay. Aquella noche iba a convertirse en el desencadenante definitivo que daría pie a una serie de crímenes que acabarían conmocionando más allá de las fronteras de Estados Unidos. En el bar, Dahmer conoció a un joven llamado Steven Tuomi. Ambos se sintieron atraídos sexualmente, por lo que acordaron ir a una habitación de hotel para practicar sexo. Ambos comenzaron a beber hasta que a la mañana siguiente Dahmer abrió los ojos y trató de adivinar lo que había sucedido.

padres de Jeffrey Dahmer
Padres de Jeffrey

Ocultando el cuerpo de Steven Tuomi

El cuerpo de Steven Tuomi estaba tumbado de espaldas sobre la cama y su cabeza caía ligeramente por unos de los bordes. Tenía varias lesiones y algunas costillas rotas. Los antebrazos de Dahmer tenían contusiones, lo que dedujo que había estado golpeándole hasta la muerte.

Encerró el cadáver en el armario y salió a comprar una maleta grande con ruedas. Solicitó quedarse otra noche más en el hotel y al día siguiente, con el cuerpo de Steven metido en la maleta, llamó a un taxi, pidió al taxista que le ayudara con la maleta y volvió a casa de su abuela. Una vez allí, bajó la maleta al sótano y lo dejó aproximadamente una semana. En uno de los momentos de ausencia de su abuela, aprovechó para llevar a cabo los mismos actos que hizo con su primera víctima. Después de desollar el cuerpo, envolvió en una colcha los huesos que después trituraría con una maza. El cráneo lo metió en lejía concentrada para blanquearlo, pero acabó deshaciéndose de él al quedar demasiado frágil a causa de la propia lejía.

La facilidad de asesinar sin ser descubierto: los crímenes entre 1987 y 1991

Jeffrey Dahmer se había percatado de lo fácil que le había resultado engañar y pasar desapercibido con sus crímenes, lo que provocó una cascada de asesinatos desde ese mismo instante. El siguiente fue Jamie Doxtator, un joven que esperaba en la parada de autobús y que directamente recibió una oferta de dinero a cambio de sexo. De igual manera se acercó a Richard Guerrero. Esto le valió que fuera procesado por abuso de menores, pues ambas víctimas eran menores de edad.

Sin embargo, esto no le impidió seguir buscando nuevas víctimas, y en 1989 conoció a Anthony Sears, volviendo a sus inicios de ofrecer una sesión de fotografías para poder atraerles hasta su apartamento. Una vez allí, estranguló a Anthony y una vez muerto violó su cadáver y lo descuartizó. Jeffrey no podía soportar la idea de ver como los hombres que le habían acompañado hasta casa decidieran darse la vuelta y marchar. Su máximo deseo es que se quedaran con él. Sus víctimas siguieron acumulándose y en julio de 1991 había acabado con la vida de 16 hombres.

Un descuido con Konerak Sinthasomphone

La trayectoria criminal de Dahmer había llegado a un punto de violencia y sadismo extremo. Pero seguía pensando cuál podía ser la mejor manera de someter a sus víctimas para tener un control absoluto de ellos. Konerak fue su penúltima víctima, aunque dadas las circunstancias él podría haber sido el punto y final de la serie de asesinatos de Jeffrey. No fue así.

En mayo de 1991 Jeffrey invitó, como era de costumbre, a la víctima a su apartamento. Una vez allí, le drogó para poder realizarle unas trepanaciones en el cráneo con el fin de inyectarle un ácido. Jeffrey creía que con esta práctica se convertirían en una especie de zombies que doblegarían su voluntad hasta tal punto de perder la conciencia de sí mismos. Cuando hubo acabado de introducirle el ácido en la cabeza, salió a comprar bebidas y en ese espacio de tiempo, Konerak salió a la calle desnudo intentado huir. Aquello provocó un revuelto en el vecindario y Jeffrey, tras regresar a casa, salió en su búsqueda. La situación fue bastante comprometida pero Jeffrey pudo buscarse la excusa perfecta ante la policía y los vecinos: simplemente era su amante y había bebido demasiado.

La imposibilidad de Konerak para hablar le facilitó mucho la tarea. Los policías creyeron su historia, hasta el punto de ayudarle a regresar a casa y dejar al joven sentado en una silla. Cuando los policías salieron de casa, Jeffrey acabó con la vida del chico estrangulándole. Los agentes manifestaron que del interior de la vivienda se desprendía un olor acre pero no comprobaron de qué podía tratarse. Si lo hubieran hecho, se hubieran percatado de las decenas de pruebas de los otros asesinatos.

Arresto en 1992

Tracy Edwards: la última víctima de ‘El carnicero de Milwaukee’

El 22 de julio de 1991, un joven sale huyendo de la casa de Jeffrey Dahmer. El escándalo vuelve nuevamente al vecindario. Pero esta vez la policía sí decide intervenir y en medio de una tensa situación, detienen a Dahmer que intenta escapar de la justicia dejando atrás las centenares de pruebas que guardaba en su casa. Fotografías de cadáveres, restos de cuerpos humanos, sangre en las paredes, siete cráneos y una cabeza en el congelador. Un hedor de putrefacción impregnaba la vivienda. La noticia se extendió por el barrio y varios vecinos decidieron presentarse en la casa de Jeffrey con sus armas en mano. Dispararon.

Fue llevado al Correccional de Columbia y, en un primer momento, se le declaro culpable aunque con un atenuante por su enajenación mental. Este atenuante fue rechazado finalmente. En consecuencia, la sentencia dictaminó 15 cadenas perpetuas. En el Correccional de Columbia fue entrevistado por Robert K. Ressler del FBI, y en su opinión, si bien Dahmer debía permanecer entre rejas para el resto de sus días, debía hacerlo en un hospital psiquiátrico y no en una cárcel común. Durante las entrevistas, reconoció haber practicado la necrofilia y el canibalismo. Afirmó que necesitaba mantener los cráneos crerca porque así tenía la sensación de poder permanecer junto a ellos permanentemente.

El 28 de noviembre de 1994 se vio involucrado en una pelea, recibiendo una serie de golpes en la cabeza que acabaron con su vida de camino al hospital.

Poco después de su muerte, un abogado de la ciudad de Wisconsin preparó una subasta con objetos personales de Dahmer. Entre ellos se encontraba la cortina de ducha, el cepillo de dientes y el refrigerador donde guardaba los cuerpos de sus víctimas.

Perfil psicológico de Jeffrey Dahmer

El comportamiento y la personalidad de Jeffrey Dahmer es, desde el punto de vista de la criminología y la psicología criminal, verdaderamente interesante. Es evidente que su forma de ser se ve afectada por una carencia y un sentimiento de abandono que le acompaña durante toda su vida prácticamente. Durante mucho tiempo, y debido a las peleas entre sus padres, se aislaba en cobertizos de madera cazando insectos y conservándolos en formol. Esto le llevó a interesarse por la anatomía, primero de los propios insectos y, posteriormente, de pequeños mamíferos que encontraba en las carreteras. Aprendió de pequeño a limpiar los cuerpos de animales que encontraba, una práctica que llevó a cabo cuando pasó a asesinar a personas. Aquí encontramos una evolución característica de comportamiento criminal en algunos asesinos, cuando la experimentación empieza en animales.

El intento de suicidio de su madre, que la mantuvo en cama durante varios días, fue el detonante para que Dahmer empezara a desarrollar comportamientos extraños para llamar la atención de sus compañeros y a buscar refugio en el alcohol con el fin de minimizar su tormento. Según sus propias declaraciones, presentaba una actitud asustadiza cuando cometió el primer asesinato, también con el segundo. Esto es una característica típica de los asesinos que empiezan a cometer sus primeros crímenes. El desarrollo de este comportamiento en Jeffrey acabó derivando en un asesino despiadado y manejando las situaciones con relativa destreza.

Dahmer acechaba a sus víctimas, les engañaba para que acudieran a su apartamento, les drogaba para poder manejarlos a su antojo y tras asesinarlos, ocultaba las pruebas que le implicaban. Un comportamiento que poco a poco fue llevando a cabo con más confianza, dejando atrás las dudas que le acechaban cuando invitó a su primera víctima a casa. Es más, con la víctima que asesinó en el hotel, Ressler le preguntó por qué no se había ido y simplemente había dejado el cuerpo ahí. Su respuesta fue <<porque la habitación estaba a mi nombre>>. Esto le llevó a trazar un plan que protegiera su identidad y no fuese descubierto. Sin embargo, por otro lado, presentaba conductas que dentro de la calificación de Ressler, entrarían dentro de una categoría de criminal desorganizado: canibalismo, necrofilia, mutilación… En consecuencia, estamos ante un comportamiento muy común en asesinos en serie: una combinación de ambos.

Su más profunda motivación era no sentirse abandonado. Mantener y conservar los cuerpos de sus víctimas era la manera de sentir que permanecían consigo y paliar ese vacío emocional a causa del abandono. Esto le llevo, además, a desarrollar nuevas maneras de controlar y someter a sus víctimas, ideando la posibilidad de practicar una trepanación e inyectarle ácido para mantenerlos con vida pero anulando por completo su voluntad. Teniendo un control absoluto sobre la víctima, no podía huir, y por tanto no le abandonaría. Esto se traduce en la desaparición o paliación de ese vacío emocional.

Pero todo ello le llevó a crear situaciones dentro de su apartamento completamente desmedidas. Llegó a bañarse con los cadáveres, a guardar sus cabezas y conservar sus corazones (razón y emoción) e incluso a compartir cama con un cuerpo en estado de descomposición. También a llevar a cabo una gran cantidad de fotografías con el fin de preservar un recuerdo de cada una de sus víctimas.

Fotos de Jeffrey Dahmer

Fuentes de consulta:

https://www.lavanguardia.com/

https://psicologiaymente.com/

https://www.abc.es/

https://elpais.com/

2 comentarios sobre “Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee: el asesino más sádico

    1. Hola, muchas gracias. Ya tienes uno de Ted Bundy. Si lo buscas en la sección de asesinos múltiples lo encontrarás.

      Gracias por tu tiempo. Un saludo.

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