John Wayne Gacy: la historia de Pogo, el payaso asesino

La desaparición de Robert Piest hizo saltar todas las alarmas el 12 de diciembre de 1978. Robert era un adolescente de tan sólo 15 años que había concretado una reunión con John Wayne Gacy para realizar una entrevista de trabajo y esta fue la última vez que fue visto con vida.

Las sospechas se centraron en John, era lógico, pues era el último que había estado en contacto con el joven Robert. Tan sólo una semana y media después, el 22 de diciembre de ese mismo año, confesaría todo. Y es que, tras haber realizado unos registros en su vivienda buscando pruebas sobre la desaparición de Robert Piest, se encontraron múltiples documentos de desapariciones que se habían producido anteriormente. Pero empecemos por el principio, conozcamos quién fue John Wayne Gacy, también conocido como Pogo, el payaso asesino.

Los años previos de un asesino en serie: la traumática infancia de John Wyane Gacy

Era el Chicago de los años 40. A principios de esta década, concretamente el 17 de marzo de 1942, nació John Wayne Gacy y no de manera fácil, precisamente. El parto se había complicado al venir de nalgas y, además, nacería con un problema cardíaco con el que tuvo que convivir el resto de su vida. John sería el segundo de tres hijos y el único varón del matrimonio formado por John Stanley Gacy y Marion Elaine.

La relación con su madre y sus dos hermanas siempre fue estrecha, manteniendo un buen vínculo entre ellos. Sin embargo, la relación con su padre era radicalmente distinta, con una actitud déspota y opresiva que le causaría severos problemas psicológicos. John Stanley, tenía graves problemas con el alcohol y era habitual que bebiera más de la cuenta de manera frecuente. Esto, ligado a su mal carácter, suponía una pesadilla para John Wayne en su día a día. Pero él adoraba a su padre. La figura paterna era de suma importancia, queriéndole impresionar de manera constante para ganarse su aprobación. Pero las reacciones de su padre no eran las esperadas en ningún momento.

John Stanley abusaba de toda la familia. El cinturón de cuero era el objeto favorito con el que menguar la voluntad de todos infundiendo puro terror. Era la tónica habitual en la residencia de los Gacy.

Los abusos del padre de John Wayne Gacy: una huella emocional de por vida

Castigos físicos, humillaciones y motes del calibre de <<marica>>, <<niño de mamá>> o <<mariposón>> conformaban el ambiente opresivo de los primeros años de vida de John Wayne Gacy. Pero además, no sólo tuvo que sufrir los abusos de su padre, pues cuando tenía nueve años de edad, un contratista amigo de la familia también abusó sexualmente de él.

Pero esto no era todo. Hubo algo que también le marcaría profundamente y serían los abusos que sufría su madre. Esto provocó en John una huella emocional tan profunda que le pasaría factura y comenzaría a ser visible en su adolescencia, en su etapa sexual. Los problemas sexuales serían algo que terminaría por acompañarle el resto de su vida. De hecho, a los 18 años, cuando tuvo el primer encuentro sexual con una mujer, se desmayó. 

A la edad de 11 años, sufrió un terrible accidente. Un columpio fue a parar directamente a su frente, provocándole la formación de un coágulo que quedaría alojado en el cerebro durante cinco largos años. No fue hasta los 16 años cuando comenzó a sufrir una serie de desmayos que parecían injustificados. El padre, cansado de ver a John en su faceta inútil de impresionarle, achacó esos episodios a un mero afán de seguir implorando su atención y de llamar, en general, la atención.

Los primeros trabajos  de John Wayne Gacy

El coágulo terminó por desaparecer tras recibir tratamiento médico y, tras abandonar hasta cuatro institutos diferentes, se mudó con 20 años hasta Las Vegas. Allí encontró su primer empleo en una funeraria, aunque tan sólo duraría tres meses. Este sería, quizá, punto partida de su futura carrera criminal. Y es que durante estos tres meses, experimentaría con los cadáveres que llegaban a la funeraria. 

Pasado este tiempo, volvería hasta su ciudad natal, a Chicago, para graduarse finalmente en el Northwestern Bussines College. Tras ello, comenzó a trabajar como aprendiz en una compañía de zapatos. A partir de aquí se iniciaría un progresivo ascenso hasta llegar un año después, en 1965, hasta ser el vicepresidente de dicha compañía de zapatos. Su vida social era excelente y era una de las personas más queridas y carismáticas de su entorno.

Los frustrados matrimonios de John Wayne Gacy

No adelantemos acontecimientos. Retrocedamos un año, a 1964. Durante los ascensos que se produjeron entre 1964 y 1965 hasta llegar a ser vicepresidente, se traslada en un momento dado a Springfield, Illinios, para trabajar como vendedor. Es aquí cuando conoce a Marlynn Myers, quien unos meses después se convertiría en su primera esposa.

Los problemas sexuales seguían siendo un problema importante en la vida de John Wayne Gacy. Esto provocaba que no pudiera tener erecciones. En una ocasión lo consiguió y fue la vez en que el matrimonio engendró su única hija. Este evento que coincidió con la primera experiencia homosexual de John en los suburbios de la ciudad.

pogo el payaso

El matrimonio con Marlynn terminó en 1968, cuando fue acusado y condenado por abuso sexual a menores. Pero tras cumplir la condena el éxito tocó a la puerta de John. Volvió a casarse y engendró un segundo hijo. Sus espectáculos como <<Pogo, el payaso>>, iban viento en popa y consiguió ganarse el respeto de toda la comunidad. También coqueteó con la política y se convirtió en un miembro activo del Partido Demócrata. Comenzó limpiando oficinas pero terminó siendo vocal de mesa. Estaba claro que el carácter de John Wayne Gacy era bien acogido por todos.

Este éxito le llevó, incluso, a que los Servicios Secretos de Estados Unidos le autorizaran para acceder a información clasificada. Todo un hecho que sonrojaría a los Servicios Secretos cuando la doble vida de John Wayne Gacy saliera a la luz.

Los asesinatos de Pogo, el payaso asesino

En los suburbios de la ciudad se reunían jóvenes de escasos recursos que recurrían a la prostitución para poder subsistir. Este escenario era prácticamente perfecto para John. Acudía hasta la zona y los recogía con su vehículo. Les prometía que les iba a ofrecer un trabajo que les permitiría vivir dignamente y alejarse de una vida infortunada y pedigüeña. Nada más lejos de la realidad. Bajo todas aquellas promesas se escondía una intención verdaderamente terrorífica. Una vez tenía a aquellos jóvenes dentro de su círculo de control, comenzaban las pesadillas.

john wayne gacy

El primero de los asesinatos de John Wayne Gacy

Las crónicas sitúan el 2 de enero de 1972 como la fecha en que cometió su primer asesinato a sangre fría. Aquella noche, merodeó por la estación de autobuses Greyound y se encontró con un adolescente de apenas 15 años. Era Timothy McCoy. El aspecto de Timothy llamó su atención. Frágil y muerto de frío, parecía estar esperando a alguien. Gacy detuvo el vehículo negro que conducía cerca de aquel joven e inició una serie de preguntas aparentemente inofensivas. Todo se desarrolló con relativa rapidez. Gacy le convenció para subirse al coche. Le había prometido que le daría cobijo durante aquella noche, pues le había dicho que tenía que esperar 10 horas hasta poder volver a emprender un viaje que había iniciado.

Gacy se lo llevó hasta su casa. Allí, le ofreció una habitación donde pasó la noche y por la mañana, Timothy se levantó para preparar el desayuno en agradecimiento por la hospitalidad de Gacy. Pero cometió un error fatal. Fue hasta la habitación de John sujetando el cuchilo con el que había estado preparando la comida. Adormilado todavía, Gacy abrió los ojos y no pudo ver más allá del filo del arma. Se abalanzó sobre el joven Timothy que tras arrebarle el cuchillo, acabó brutalmente apuñalado y después, enterrado en el propio jardín de Gacy. 

La casa de John Wayne Gacy

Otros crímenes que ocultar

No fue hasta 1975, tres años más tarde, cuando volviese a cometer otro asesinato. Fue el 29 de julio, cuando uno de sus empleados, John Butkovitch acudió hasta su casa para reclamarse los sueldos atrados que tenía por pagar. Pese a que en un primer momento consiguió apaciguar el enfado de aquel joven de 17 años y que se marchase por donde había venido, no pudo evitar ir a buscarlo después. Y lo encontró. Le dijo que volviese a su casa para recoger el dinero que le debía. Esa fue la última vez que se vio con vida al chico. Gacy alegó que le entregó el dinero en mano porque su única intención era fugarse. Fue creída su versión.

A lo largo de 1976 se fueron produciendo otras misteriosas desapariciones. Personas que parecían estar siendo tragadas por la tierra y de las que no quedaba rastro alguno. Adolescentes que desaparecían repentinamente y no volvían a ser vistos. La dinámica era siempre muy similar. Acercarse hasta el objetivo y convencerle de que le daría trabajo o dinero fácil. Después, la nada. Esta misma tónica siguió repitiéndose a lo largo de 1977. Darrel Sampson, Randall Reffett, Michael Bonnin, Rick Johnston, Kenneth Parker, Michael Marino, Wiliam Bundy, Gregory Godzik, John Szyc, Jon Prestidge, Matthew Bowman, Robert Gilroy, John Mowery, Russell Nelson, Robert Winch, Tommy Boling, David Talsma, William Kindred, Timothy O’Rourke, Frank Landing, James “Mojo” Mazzarra y su última víctima, Robert Piest. Una lista interminable de jóvenes que acabaron violados, torturados y olvidados entre el sótano y el jardín de Pogo, salvo tres, que acabaron siendo arrojados a un río. 

Modus operandi, juicio y sentencia de John Wyane Gacy; Pogo, el payaso asesino

De noche y con intención de encontrar a su próxima víctima, John recorre las zonas donde se concentra ese tipo de personas que nadie va a echar de menos. Adolescentes conflictivos, fugados de sus casas y dedicados a la prostitución para ganarse la vida, eran objetivo fácil para las intenciones que se escondían tras su carisma. Cuando tenía a su víctima en el punto de mira, se acercaba para ofrecerle dinero a cambio de sexo o algún pequeño trabajo con el que ganarse algo de dinero. Les convencía para que se subieran a su coche y se los llevaba hasta su casa. Una vez allí, comenzaba todo un ritual macabro.

john wayne gacy
Agentes sacando un cuerpo del interior de la casa de John

Les invitaba a tomar unas copas de alguna bebida fuerte, para hacerles perder el sentido lo antes posible. Cuando el alcohol había hecho su trabajo, daba inicio a un truco de magia que hacía en sus espectáculos como Pogo, el payaso. Consistía en aferrar a sus muñecas a unos grilletes e intentar liberarse sin emplear la llave. Con esta excusa debaja inmobilizada a su víctima, quedando todavía más vulnerable. Los torturaba y los sodomizaba para acto seguido estrangularlos. Se deshacía de los cuerpos dejándolos en el sótanos cubiertos por cal viva, pero llegó un momento en que el volumen de cuerpos aumentó de tal manera que tuvo que comenzar a cavar en su jardín. 

El olor nauseabundo que comenzó a rodear la casa de Gacy comenzó a ser molesto en las viviendas aledañas. Los vecinos, incluso, llegaron a llamar a los exterminadores al ver la zona plagada de insectos. 

El juicio

Locura. Ese fue el alegato del abogado de Gacy. Sin embargo, las pruebas que le realizaron para determinar si, efectivamente, sufría algún trastorno que pudiera desencadenar la ejecución de los asesinatos, decían todo lo contrario. Cuerdo y con la capacidad de distinguir entre el bien y el mal de manera clara. Ese fue el diagnóstico de Gacy. 

La recopilación de pruebas era cada vez más evidente. Le situaban, sin duda alguna, en el centro de todas las sospechas y la máxima condena estaba cada vez más cerca. El juez emitió un permiso para poder hacer las excavaciones pertinentes en el suelo propiedad de Gacy. Al hacerlo, decenas de huesos comenzaron a ver la luz. Ya no tenía escapatoria. Lo confesó todo.

El juicio duró un total de cinco semanas y la deliberación del jurado un par de horas. El veredicto fue claro: culpable de todos los cargos. Al día siguiente, el juez le condenaría a morir por inyección letal. 

El 10 de mayo de 1994 pronunció sus últimas palabras:

«Matarme no hará regresar a ninguna de las víctimas. ¡El Estado me está asesinando! ¡Bésenme el culo! ¡Nunca sabrán dónde están los otros!»

Las pinturas de John Wayne Gacy

Dentro de su faceta como criminal, John también realizó una serie de pinturas.

pogo payaso asesino

Si te ha parecido interesante este caso, te recomiendo que te pases a leer los crímenes de Edmund Kemper, aunque en este caso de una manera diferente. Me adentro en su mente para narrarte en primera persona qué sintió al cometer sus actos. Puedes leerlo haciendo click en el siguiente botón:

Fuentes consultadas:

criminalia.es

https://murderpedia.org/

https://elcierredigital.com

https://blogs.publico.es

https://psicologiaymente.com/

Merino, Elena, “En la piel del asesino”, Círculo rojo, 2017

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