El monstruo de Fritz Honka, la historia del destripador de San Pauli

La infancia de Fritz Honka: los duros primeros años de vida

El 31 de julio de 1935 nace en Leipzig, Alemania, Fritz Honka. En aquel momento, Fritz era el tercer hijo de un matrimonio humilde, dedicándose la madre, Elsa, a ser asistenta y el padre, también llamado Fritz, a la carpintería. Pero conforme pasaron los años la familia fue haciéndose cada vez más numerosa, llegando a tener un total de 10 hijos. Pese a que ambos tenían trabajo, los sueldos no eran suficientes como para poder alimentar y poder cubrir todas las necesidades básicas de cada niño. Además, a estos problemas se le unieron que Adolf Hitler se encontraba durante aquellos años en el poder y también el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Ambos sucesos fueron una confrontación directa con los ideales comunistas del padre. 

Padres de Fritz Honka | Fuente: La Vanguardia

Los rumores en el barrio comenzaron a ser cada vez más y más persistentes. Los vecinos señalaban sus ideas políticas y el malestar social y la represión del régimen iba en aumento. Todo esto acabó costándole la detención. También a su hijo Fritz Honka, que fue llevado junto con su padre a un campo de concentración. 

Elsa se quedó completamente sola a cargo de los otros nueve hijos, convirtiéndose en una situación completamente insostenible. Además, su marido Fritz, comenzó a tener problemas de salud y también desarrolló una fuerte adicción al alcohol. La combinación de ambos y el duro trabajo que desarrollaba como fogonero por aquellos años, acabó costándole la vida en 1946. Ahora sí, Elsa estaba completamente desamparada y tuvo que tomar una decisión drástica: mandar a algunos de sus hijos a un orfanato. Fritz Honka fue uno de los que tuvo que pasar algunos años de su infancia en un orfanato.

Un punto de inflexión en la vida de Fritz Honka: un asesino se está gestando

Cuando Fritz Honka cumplió los 15 años comenzó a trabajar como albañil para poder ganarse la vida. Pero esto no le aseguraba una estabilidad laboral lo que le llevó a intentar cambiar de trabajo y acabó en Brockhöfe, un pueblo situado en Baja Sajonia. Allí intentó trabajar como granjero ayudante pero tampoco auguraba demasiado buen futuro este útlimo cambio. Al menos, para su propia satisfacción, encontró a una amante llamada Margot. La relación entre ambos fue fugaz pero supuso verse en una encrucijada cuando Margot le anuncia que está embarazada. Fritz tiene que tomar una decisión: o se queda con Margot y le pasa una pensión de 3000 marcos o huye. Escogió la segunda opción.

A mediados de la década de los 50, concretamente en 1956, Fritz llega a Hamburgo. Por aquel entonces ya había cumplido los 21 años. Este nuevo cambio de residencia le permite encontrar otro nuevo trabajo, y esta vez es en el puerto, en una compañía llamada Howaldtswerke-Deutsche Werft. Todo parecía transcurrir con normalidad y Fritz parecía que había podido encontrar finalmente un poco de estabilidad en su vida. Pero todo iba a truncarse en cuestión de segundos cuando tras sufrir un accidente de tráfico el rostro de Fritz acabaría desfigurado. Sus dientes rotos, la nariz torcida y un estrabismo evidente y acentuado, le provocaría severos problemas psicológicos y una autoestima completamente destruida. 

Su matrimonio con Igne

Cuando Fritz pensaba que su vida sentimental había acabado en el mismo instante en que sufrió aquel accidente, aparece Igne en su vida. La pareja comenzó a mantener una relación sentimental y acabaron casándose en 1957. Fruto de este matrimonio nacería un bebé al que se le llamaría Fritz, manteniendo el mismo nombre para toda una serie de generaciones de la familia. Pero lo que parecía un matrimonio feliz y una vida asentada ya por fin, comenzó a desencadenar en una serie de episodios que no pasarían desapercibidos para los vecinos por su intensidad.

Fritz Honka con una de sus parejas | Fuente: La Vanguardia

Durante toda una década mantuvieron fuertes discusiones, gritos y peleas. Los vecinos eran testigos de todo ello y el matrimonio, tras varias rupturas y reconciliaciones, decidió divorciarse en 1967 definitivamente, cuando protagonizaron un episodio violento delante de sus propios vecinos.

Esta ruptura le llevó a trasladarse a un apartamento bastante pequeño, de apenas 20 metros cuadrados. Allí estuvo conviviendo con una mujer durante un tiempo pero la mujer acabó marchándose tras un intento de violación por parte de Fritz. 

 La vida de Fritz Honka a la deriva

 La situación emocional de Fritz ese vuelve totalmente dramática. Solo, desamparado y con una autoestima destruida por su complejo tras haber sufrido el accidente, le llevó a refugiarse en el alcohol. La adicción fue in crecendo e incluso llegó a aparecer completamente ebrio durante su jornada laboral. Esto le valió el despido. Lo único que le quedaba por aquel entonces, que era el trabajo, lo acaba de perder. Esta espiral de malas acciones le llevó a desarrollar una profunda misoginia, creyendo que el problema de todos sus males se encontraba en las mujeres. Este odio fue acentuándose conforme iba sufriendo rechazos de una y otra mujer, lo que le llevó a frecuentar el barrio de Reeperbahn en busca de la compañía de mujeres a cambio de dinero.

Vestido de negro y con un objetivo claro, comenzó a merodear por la zona en busca de un prototipo de mujer muy definido: de en torno a los 50 años, de una estatura más baja que él (menos de 1.68cm) y desdentadas. Él pensaba que si buscaba a mujeres de este perfil, se aseguraría que no le rechazaran y que no se burlaran de sus defectos.

El destripador de San Pauli: la carrera criminal de un asesino en serie

Gertraud Bräuer, de 43 años, fue la primera de sus víctimas. Había acudido hasta el apartamento de Fritz para mantener relaciones sexuales pero cuando llegó, se encontró a un cliente completamente ebrio y fuera de control. Cuando Gertraud se dio la vuelta para abandonar la casa de Fritz, negándose mantener relaciones sexuales con una persona que presentaba tal estado, la ira se apoderó de él y se lanzó sobre ella. No pudo soportar un rechazo más. La asfixió.

Cuando el cuerpo sin vida de Gertraud reposaba sobre el suelo, Fritz la descuartizó en pequeños trozos que, disimuladamente, fue abandonando en distintos rincones de la ciudad. Pero no todo el cuerpo. El torso lo guardó en su apartamento y la policía, tras recibir una denuncia por la desaparición de Gertraud, acabó descubriendo los restos esparcidos pero no tuvo más remedio que archivar el caso por falta de pruebas. No pudieron encontrar al responsable de tal atroz asesinato. 

Durante los siguientes cuatro años, Fritz Honka, se mantuvo en silencio y discreto, pero los crímenes volverían con más frecuencia y más violencia aún si cabe, en 1974.

Las víctimas | Fuente: La Vanguardia

El verano de 1974: una serie de asesinatos inundan la ciudad

Anna Beuschel, de 54 años, se cruzó en el camino de Fritz en agosto de 1974. Cuatro años antes de este encuentro, ya se había producido en el mismo sitio, el cruce con Gertraud. Fritz seguía frecuentando el mismo bar y los mismos ambientes, pero desde que asesinó a su primera víctima no había vuelto a actuar. Hasta aquella noche. Tras acordar con Anna mantener relaciones sexuales en casa de él, Anna le acompañó pero Fritz fue incapaz de mantener una erección, así que le pidió cambiar de práctica sexual.

Las risas de Anna invadieron los apenas 20 metros de la casa de Fritz. Poseído por la ira, se abalanzó sobre ella y acabó asesinándola. Nuevamente, volvió a ejecutar parte del mismo proceso que llevó a cabo con Gertraud: la descuartizó y guardó sus restos en el altillo. Esta vez, no esparció restos de su cuerpo por la ciudad, lo que hizo que el asesinato pasara más desapercibido. Además, nadie denunció la desaparición de Anna.

En diciembre de ese mismo año, Frieda Roblick, de 57 años, corrió la misma suerte que sus predecesoras y en enero de 1975, Ruth Schult, de 52, exactamente lo mismo. Tampoco nadie denunció sus desapariciones.

Las quejas de los vecinos caen en saco roto

Alcohol y perfumes. Así podría resumirse la vida de Fritz durante los siguientes meses. El olor nauseabundo comenzaba a filtrarse por cualquier recoveco del edificio y los vecinos comenzaban a quejarse. Fritz era consciente de que el olor a descomposición de todos los cuerpos que guardaba en su casa comenzaba a ser cada vez más intenso. Mientras trataba de disimularlo con perfumes y piedras aromáticas, iba consumiendo ingentes cantidades de alcohol que le mantenían relativamente al margen de la realidad.

Las quejas de los vecinos iban en aumento, pero las autoridades jamás se personaban en el edificio para indagar de dónde podía provenir el olor. Pasaron varios meses y los olores se intensificaron todavía más durante los meses de calor. Las quejas seguían en aumento pero nadie hacía nada por remediarlo. No fue hasta que se produjo un incendio, cuando salió a la luz la verdad. 

Apartamento de Fritz Honka | Fuente: La Vanguardia

El incendio

El 17 de julio a las 15:30 horas unas llamas empiezan a inundar la segunda planta del edificio donde vivía Fritz Honka. Los bomberos llegaron rápidamente y tras sofocar el fuego, revisaron cada una de las viviendas por si alguna persona había podido quedar atrapada o insconsciente a causa del humo. Todo parecía estar controlado, hasta que llegaron al apartamento de Fritz, el cual acabaría conociéndose como “La casa del horror de Hamburgo”. Al acceder los bomberos a la vivienda, el techo se derrumbó. Cuatro bolsas cayeron sobre el suelo llenas de brazos, piernas y torsos mutilados y desnudos. Las narices de las víctimas habían sido amputadas, así como sus lenguas. Dos elementos característicos que reflejan parte de la psicología del propio criminal. 

Evidencias halladas en casa de Fritz | Fuente: La Vanguardia

La detención de Fritz Honka: el Jack, el Destripador

Así es como se autodenominó tras horas y horas de silencio: Jack, el Destripador. Durante su juicio, el abogado defensor trató que se le exculpara de los asesinatos cometidos alegando que se trataba de una persona con severos problemas psiquiátricos y una fuerte adicción al alcohol. 

El juez le condenó a 15 años, los cuales pasó en un psiquiátrico manteniendo una buena conducta. Cuando cumplió la condena, acabó en una residencia de ancianos bajo el nombre de Peter Jensen. Quienes compartieron tiempo con él fueron testigos de sus delirios y de sus quejas por olor a cadáver en su habitación. 

Fritz Honka falleció de un ataque al corazón con 63 años el 23 de octubre de 1998.

Fritz Honka durante el juicio | Fuente: La Vanguardia

Fuentes de consulta:

https://www.cope.es/

https://www.lavanguardia.com/

https://murderpedia.org/

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