Paquita González, la parricida de Santomera que estranguló a sus hijos

<<¡Ponte boca abajo!>>. 

José Carlos, de 14 años, escuchó desde otra habitación aquellas palabras que pronunciaba su madre la madrugada del 19 de enero de 2002. Era el primero de los hijos de Paquita fruto de un matrimonio anterior, pues en aquel momento se encontraba casada con José Ruíz, con quien tuvo dos hijos más: Francisco, que en aquella fecha tenía 6 años y Adrián, el cual tenía 4. José Carlos se quedó quieto en su habitación, pues creía que era una de las tantas ocasiones en las que Paquita maltrataba a sus hijos.

A la mañana siguiente, el cuerpo de los pequeños yacían sin vida a causa de un estrangulamiento, sobre la cama del matrimonio. Sobre las 7:30 horas de la mañana se producía la llamada al 112 alertando sobre la muerte de los pequeños. Varios efectivos policiales acudieron a la vivienda de inmediato donde se encontraron a Paquita en la puerta gritando <<¡Me han matado a mis hijos!>>. Los agentes entraron en la vivienda y hallaron algunos indicios de lo que en un principio parecía un robo. Sobre el suelo se esparcían los cristales de una ventana que había sido rota desde el exterior, las habitaciones estaban revueltas y Paquita advirtió a los agentes de que echaba en falta sus joyas. Ello sumado al hallazgo de los dos pequeños muertos con magulladuras en el cuello que indicaban claros indicios de estrangulamiento. El mayor llevaba el pijama puesto y el pequeño tan sólo la parte de arriba. Además, éste tenía manchas de sangre sobre su hombro. Los pies de los pequeños quedaban en suspensión al borde de la cama.

Las declaraciones de Paquita se centraron en que alguien de origen ecuatoriano, había irrumpido en plena madrugada y la había rociado con un spray paralizante. Paralelamente a esto, el marido de Paquita, José Ruíz, se encontraba en Francia ejerciendo sus labores de camionero e inmediatamente tuvo que regresar a la vivienda lo antes posible al ser informado de la tragedia que había ocurrido en la vivienda familiar.

Paquita fue sometida a intensos interrogatorios y a un reconocimiento médico para verificar su versión de haber sido rociada con spray paralizante y para examinar el origen de las heridas que tenía en sus muñecas. Sin embargo, las horas transcurrían y la labor de los investigadores comenzaba a dar los primeros frutos sobre lo que hipotéticamente pudo suceder. La versión de Paquita iba perdiendo cada vez más consistencia. Las sospechas de los agentes se centraban en que quien había cometido el doble asesinato era, sin duda, alguien del entorno más cercano de los dos pequeños. El siguiente paso era desmontar la falsa versión que Paquita les había contado y descubrir la verdadera razón del crimen.

LOS AVANCES EN LA INVESTIGACIÓN: LAS SOSPECHAS SE CONFIRMAN

El pueblo de Santomera había quedado totalmente consternado. Centenares de personas acompañaron a aquellos padres que habían perdido a sus dos hijos de manera trágica en un supuesto robo. Paquita y su marido se abrazaban durante el entierro de los dos pequeños y algunas lágrimas cayeron por el rostro de aquella madre aparentemente destrozada. Sin embargo, pronto daría un giro aquella historia y lo que hasta la fecha había sido una madre rota por el dolor por el asesinato de sus dos hijos, se iba a convertir en la principal sospechosa del parricidio. La tarde del 20 de enero de 2002, y justo después de finalizar el entierro, quedaba detenida al considerarla la presunta responsable del crimen. Y es que, quien vio por primera vez los cadáveres de los pequeños sabía que no habían fallecido hacía media hora, tal y como decía Paquita en sus primeras declaraciones, sino que llevaban horas muertos.

La detención supuso un giro de 180º al caso y ahora, las declaraciones de Paquita estaban asistidas por abogado al no tratarse de un testigo sino de una imputada por presunto asesinato. El 21 de enero de ese mismo año, tan sólo un día después de su detención, Paquita confesaba el crimen a los investigadores.

LA CONFESIÓN DE PAQUITA

Mucho whisky,  cinco gramos de cocaína y pastillas para dormir. Ese fue el cóctel que Paquita tomó la noche en que se produjo el asesinato de Francisco y Adrián. De manera totalmente serena, confesaba haber sido la responsable de causar la muerte a sus dos hijos, aunque alegaba que no recordaba nada de los sucedido. No parecía arrepentirse de los hechos ni mostró gesto compungido alguno sobre la situación en la que se había visto envuelta.

Confesó haberse despertado sobre las 6 de la mañana y encontrarse ya muertos a sus dos pequeños. Dijo haber observado a su alrededor porque pensó que alguien pudo irrumpir en la vivienda y haberlo cometido, pues ella había quedado prácticamente inconsciente tras la ingesta de alcohol y drogas. Sin embargo, todo se encontraba en perfecto estado por lo que dedujo que había sido ella misma quien había acabado con la vida de sus dos hijos. Por ello, decidió fingir un robo y acusar a una persona imaginaria a la cual había llegado a describir a los agentes para dar más credibilidad a su testimonio. Con una plancha salió al exterior de la vivienda y rompió uno de los cristales para simular el inicio de un robo. Las joyas que supuestamente echaba en falta, habían sido guardadas entre los cojines del sofá del salón. Consideró, claramente, que la intimidad de su vivienda podría sostener su falsa versión de los hechos. Además, un vecino corroboró que aquella madrugada había oído algunos gritos y que pensó que podrían estar robándole el coche. Se asomó a la ventana y veo que no había nadie, pero pudo reforzar sutilmente la versión que Paquita contó a los agentes. Los gritos que aquel vecino escuchó eran los de la propia Paquita obligando a los pequeños a ponerse boca abajo para facilitarle la tarea del propio estrangulamiento con el cable del cargador del móvil.

LA TORMENTOSA RELACIÓN DEL MATRIMONIO ENTRE PAQUITA Y JOSÉ

La búsqueda de un móvil llevó a indagar en el pasado y presente más oscuro de la parricida y su marido. Los días previos al crimen, José había estado enviando a Paquita una serie de mensajes amenazantes y con contenido ofensivo. <<Como me toques los cojones más, te meto en un sanatorio>>. Ella, también respondía con mensajes amenazantes: <<Te voy a dar donde más te duele>>. La tensión en el matrimonio y las conductas de ambos crearon un ambiente insano que terminó por pasarles factura. Al parecer, José reconoció haber maltratado a su mujer, pero también durante el juicio, alegó que su amor por él era absolutamente enfermizo. También que hubo intercambios de pareja, con versiones absolutamente contradictorias. Mientras Paquita defendió su versión de que fue obligada a ello, su marido la contradecía diciendo que las propuestas venían de parte de ella.

Ambos eran consumidores de cocaína y, además, José fue detenido también por tenencia ilícita de armas, pues tenía una pistola ilegal en su domicilio. Una peluca rubia y 9000 euros fueron hallados en la vivienda al hacer el registro y Paquita alegó que debido al tráfico de drogas que llevaban a cabo y las amenazas que estaban recibiendo sobre ello, había preparado una huída en caso de que su situación empeorase. Además, también se descubrió que meses antes José le había dicho que si mezclaba whisky con cocaína y somníferos, no sería consciente de sus actos. ¿Pudo Paquita haber empleado aquella mezcla para tener valor para cometer el crimen?

Aunque son pocos los estudios que se han llevado a cabo sobre este tema, si parece indicar que existe una relación entre el consumo de alcohol y drogas y el maltrato doméstico. El estado mental de Paquita fruto del maltrato que recibió en alguna ocasión por parte de su marido, y la adicción que presentaba a ciertas sustancias, y sumado a su comportamiento aparentemente celotípico al considerar que su marido le era infiel, se valoró la posibilidad de que se cometiera el crimen por venganza y despecho.

Durante el juicio y la práctica de las pruebas, se desestimó por completo que Paquita tuviera lagunas a causa del consumo de drogas, por lo que se desestimó la eximente por consumo de drogas. Paquita fue consciente en todo momento de lo que hacía y la versión de que tomó todas aquellas sustancias pudo haber sido para poder cometer aquel atroz asesinato. El hecho de estrangular con un cable requiere de manifestar la fuerza sobre la en un crimen movido por la relación personal del verdugo para con su víctima. Las muertes en las que se emplean las propias manos u objetos que impliquen el desempeño de la fuerza sobre la víctima, suele darse en casos en los que existe un vínculo personal entre víctima y agresor, en este caso movido por la ira, los celos y la voluntad dolosa de acabar con su vida liberando las emociones que le generan al agresor. Además, Paquita alegó el consumo de estupefacientes era debido a la depresión y la ansiedad que sufría en base a la relación que tenía con su marido, que lejos de prevenirlo, estudios demuestran que el consumo de drogas genera niveles mayores de ansiedad y una baja tolerancia a la frustración, no ayudando tampoco en el factor depresivo.

Finalmente, Paquita fue condenada a 40 años de prisión, 20 por cada uno de sus hijos, desestimándose cualquier indulto por el consumo de drogas, hecho que pudo comprobarse que llevaba días haciéndolo antes del crimen. En 2016 pudo disfrutar de su primer permiso carcelario.

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Fuentes:

Francisca González

https://www.lasexta.com/programas/expediente-marlasca/cronica-negra/el-brutal-crimen-de-francisca-gonzalez-paquita-estrangulo-a-sus-dos-hijos-con-el-cable-del-cargador-del-movil_201806035b1472ff0cf2691eb496643e.html

https://www.laopiniondemurcia.es/municipios/2016/09/30/parricida-santomera-sale-prision/771333.html

https://www.laopiniondemurcia.es/municipios/2016/09/30/parricida-santomera-sale-prision/771333.html

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