Ted Bundy: su infancia, las víctimas y su perfil criminológico

Su infancia: los primeros años de Ted Bundy

El 24 de noviembre de 1946 nacía, en Vermont, Theodore Robert Cowell. Los primeros tres años de su vida los pasaría en casa de sus abuelos maternos, en Filadelfia, y es que Bundy era hijo de madre soltera. Por aquel entonces aquello suponía un fuerte estigma social el engendrar un hijo fuera del matrimonio, por lo que las mentiras en la vida de Ted empezaron muy pronto.

Ted Bundy junto a un muñeco de nieve

Ambos abuelos maternos, Samuel y Eleanor, le hicieron creer que en realidad ellos eran sus padres. Esto supuso que creyera que su propia madre, Louis, era su hermana.

La tormentosa relación que mantuvo con sus abuelos maternos durante su infancia

Samuel Cowell, que así era como se llamaba el abuelo de Ted, no tenía buena fama. Lo describían como una persona intolerante y agresivo con su mujer y sus animales de compañía. Había protagonizado diversos episodios de violencia extrema con sus propias hijas hasta el punto de arrojarlas por las escaleras. La tensión en el domicilio familiar era la tónica del día a día.

En contrapartida, la abuela de Bundy, Eleonor Cowell, se describía como una mujer tímida e introvertida. Sufría depresión, por lo que acudía a terapia de electroshock para intentar combatirla.

El ambiente perturbador que le producía Ted acabó generando que ya desde muy joven comenzase a mostrar algunos síntomas de un comportamiento que no auguraba nada bueno. En una ocasión, Julia, la otra hija del matrimonio Cowell, despertó inesperadamente tras haberse acostado después de comer. El pequeño Ted Bundy estaba observándola mientras sonreía. A su alrededor la apuntaban decenas de cuchillos que la rodeaban por completo.

El cambio de apellido: de Ted Cowell a Ted Bundy

En 1950 Luois hizo las maletas cansada de soportar las graves tensiones a las que estaba sometida bajo el techo de sus padres. Decidió abandonar Filadelfia y mudarse hasta Tacoma, Washington, con su hijo Ted. Tan solo un año más tarde de aquel cambio conocería a Johnny Culpepper Bundy durante una reunión de solteros de la Iglesia Metodista de Tacoma. No tadaron mucho en contraer matrimonio y Johnny Bundy no tuvo ningún inconveniente en asumir su rol de padre con Ted, ni tampoco en formalizar los papeles para adoptarlo formalmente. Ted tenía 4 años cuando adopta oficialmente el apellido de <<Bundy>>.

Durante la adolescencia, un primo de Ted, tras llamarle <<hijo bastardo>> le enseñó un certificado de nacimiento que no mostraba lo que él creía ser. A partir de ahí comenzaron sus indagaciones y las pistas acabaron por llevarle hasta el registro de su lugar original de nacimiento, en Vermont. Esto supuso un duro golpe para Ted. Habían comenzado a generarse los primeros resentimientos y el rencor.

Los primeros atisbos de violencia durante la adolescencia

En sus entrevistas tiene vagos recuerdos de esta etapa de su vida, aunque sí que describe algunas escenas que resultan verdaderamente perturbadoras. La relación de Ted con sus padres era más bien distante. El carácter de Ted era más bien reservado, introvertido y tímido. Ted Bundy no entendía las relaciones interpersonales, ni cómo un persona podía desear mantener una amistad con otra. Se convirtió en un ser completamente solitario y deambulaba por la ciudad buscando revistas y otros recortes con los que entretenerse. Pero no cualquier tipo de revista. Su principal objetivo fue hallan fotografías de mujeres desnudas.

Ted Bundy en su adolescencia

Los documentales sobre crímenes, sobre todo si tenían un contenido sexual violento, eran de especial interés para Ted Bundy. La búsqueda constante de contenido explícito y violento se mezclaban con la ingesta de alcohol en grandes cantidades. Después, salía al acecho por las calles sin rumbo fijo. Tan solo tenía un objetivo: encontrar ventanas que no tuviesen cortinas para poder observar a las mujeres desvestirse.

Las primeras mutilaciones a animales

Dos factores fueron clave: el aislamiento social y el fuerte rencor hacia su madre por la estafa familiar a la que le había sometido durante años. Aquello necesitaba exteriorizarse de algún modo y el contenido violento que había empezado a consumir no era del todo suficiente.

Esto le llevó a desahogar su ira asesinando y mutilando a cualquier animal que se cruzaba en su camino. Estas tendencias agresivas con los animales fueron un claro indicador de que Ted era, cada vez más, una bomba de relojería. Su autocontrol era cada vez menor y la ira interna necesitaba ser calmada de algún modo. Este aspecto de su vida no fue conocido hasta sus entrevistas con los psicólogos durante su estancia en la cárcel.

El momento crucial para el desarrollo de la personalidad de Ted Bundy: su relación con Stephanie Brooks

Buen estudiante, amable, tierno, romántico y seductor. Ted había iniciado sus estudios de Derecho en la facultad y su carácter dio un giro de 180 grados.

En la primavera de 1967 conoció a Stephanie Brooks, una joven estudiante de psicología. Cuando esto ocurrió, Ted Bundy había dejado las clases de Derecho que había iniciado tiempo atrás. Los meses pasaban y mientras Stephanie tenía muy claro cuál quería que fuese su futuro y los objetivos que pretendía lograr profesional y personalmente, no parecía observar lo mismo en su novio Ted. Esto provocó la ruptura de la relación cerca de dos años después.

Ted Bundy junto a Elizabeth (Kloepfer) Kendall y su hija Molly

Frustrado por sentirse completamente abandonado por Stephanie Brooks, Ted se obsesionó con ella. Intentó escribirle en varias ocasiones pero ninguna de sus cartas parecían convencer a aquella mujer.

En 1970 volvió a inscribirse en la universidad, pero en esta ocasión en la carrera de psicología, graduándose dos años más tarde y convertido en el estudiante de honor. En 1973 volvió a contactar con Stephanie Brooks y ella quedó gratamente sorprendida de la transformación que había hecho Ted Bundy consigo mismo. Por aquel entonces, Ted estaba en uno de sus mejores momentos, también como político, ya que se había iniciado en este ámbito también. Volvieron a salir, aunque mantenía otra relación con otra mujer de manera paralela, con Elizabeth Kloepfer. Sería conocida como Elizabeth Kendall posteriormente tras la publicación de su libro.

La venganza de Ted hacia Stephanie Brooks

En 1974 rompió cualquier tipo de contacto con Brooks sin ningún tipo de explicación. Su única intención fue vengarse de ella y demostrarse a sí mismo que era capaz de volver a seducirla e incluso saber que podría haberse casado con ella. Cuando lo tuvo claro, desapareció de la vida de Stephanie.

En aquel momento, Bundy había comenzado a reducir su asistencia a la universidad a principios de 1974. En el mes de abril había dejado de asistir por completo. Paralelamente, algunas mujeres jóvenes habían comenzado a desaparecer misteriosamente por la zona del noroeste del Pacífico.

Ted Bundy: victimología del asesino en serie

El primer asesinato de Ted Bundy

_ Ted, ¿por qué has desaparecido? ¿por qué no has respondido a mis llamadas durante estos meses?

_ No sé de qué me estás hablando, Stephanie.

Ted acababa de colgar el teléfono. Había hablado con Stephanie Brooks y había saciado su sed de venganza. Se levantó del sillón y salió por la puerta de su casa.

Era la noche del 4 de enero de 1974. Ted Bundy se dirigió hasta el domicilio de Karen Sparks. Entró sigilosamente y ahí estaba, durmiendo en su cama. Ni siquiera pudo reaccionar cuando la Ted bajó la barra de hierro con todas sus fuerzas hasta impactar en su cráneo. Quedó inconsciente prácticamente al instante.

Retiró las mantas que cubrían su cuerpo y le quitó la ropa que llevaba. Con la misma barra con la que la había golpeado la cabeza, la violó. Karen permaneció inconsciente durante una semana y media y consiguió sobrevivir a aquella agresión, pero le quedaron fuertes secuelas físicas y psíquicas.

Las víctimas del estado de Washington

El 1 de febrero de ese mismo año, Ted repitió la misma secuencia de hechos. Entró en la habitación de Lynda Ann Healy y la golpeó con una barra de hierro. Sin embargo, en esa ocasión la vistió y se la llevó consigo.

Durante los primeros meses de 1974 varias jóvenes fueron víctimas de la serie de crímenes que se estaban produciendo en el estado de Washington. La primera de ellas sería Donna Gail Manson, que fue secuestrada el 12 de marzo de 1974 en Olympia, a los 19 años. Nunca se halló su cadáver. Le siguió Susan Elaine Racourt, que fue asesinada el 17 de abril de 1974 en Ellensburg, a los 18 años. Ted abandonó su cuerpo y tan solo pudo recuperarse el cráneo y la mandíbula en Taylor Mountain.

Ted Bundy

Roberta Kathleen Parks fue su tercera víctima, asesinada el 6 de mayo de 1974 en Seattle, a los 22 años. Al igual que Susan, tan solo pudo recuperarse el cráneo y la mandíbula en idéntico lugar, en Taylor Mountain. También sucedió lo mismo con su cuarta víctima, con Brenda Carol Ball, asesinada el 1 de junio de 1974 a los 22 años.

Georgann Hawkins, fue asesinada el 11 de junio de 1974 en Seattle, a los 18 años. El propio Ted Bundy indentificó su los restos esqueléticos de su cuerpo. Janice Ann Ott, fue asesinada el 11 de julio de 1974 en Issaquah, a los 23 años. Su cuerpo se recuperó totalmente esqueletizado. Y, por último, Denise Marie Naslund, de 19 años, fue asesinada el 14 de julio de 1974 en Seattle. Su cuerpo también se encontró totalmente esqueletizado.

Las víctimas del estado de Utah

El verano de 1974, Ted Bundy se trasladó a Utah y se desató de nuevo una cadena de asesinatos. El primer crimen se produjo el 2 de octubre de 1974 y su primera víctima fue Nancy Wilcox, de 16 años. Tras acorralarla, se abalanzó sobre ella y comenzó a estrangularla hasta terminar con su vida. Enterró su cadáver en el Parque NAcional Capitol Reef. Nunca se han recuperado sus restos.

Dos semanas más tarde, el 18 de octubre, Melissa Anne Smith, tenía 17 años en el momento en que desapareció. Era la hija de un jefe de policía. Una semana y media después, su cuerpo se encontró desnudo en una zona montañosa cerca de donde se había producido su desaparición. La autopsia reveló por su estado que no llevaba más de 48 horas muerta, por lo que se dedujo que Ted Bundy pudo haberla retenido toda una semana hasta asesinarla.

El 31 de octubre de de este mismo año, de 1974, Laura Anne Aime, de 17 años, correría la misma suerte que Smith. Ambos cadáveres había sufrido un mismo ritual que Ted Bundy confesaría en sus entrevistas. Fueron goleadas, violadas y sodomizadas. La estrangulación se había producido con unas medias de nylon. Les había lavado el pelo y después las había maquillado.

Ted Bundy

Carol DaRoch, la joven que consiguió escapar de las garras de Ted Bundy

Había caído el sol la tarde del 8 de noviembre. Ted se acercó a la joven Carol DaRonch, de 18 años, que estaba trabajando en el centro comercial Fashion Place, en Murray. Le dijo que era un Oficial de la Policía de esa misma localidad y que había sido víctima de alguien que intentó forzar su vehículo. Bundy le pidió a la Carol que, por favor, le acompañase en su vehículo para poder interponer una denuncia en la comisaría de policía. Carol accedió.

Sin embargo, pronto se percató de que Ted no estaba conduciendo por la carretera que les llevaba hasta la comisaría. Comenzó a palparse una tensión en el vehículo y Ted se abalanzó sobre ella para intentar dominarla. Carol se defendió y Ted, intentó esposarla pero colocó ambos grilletes en la misma muñeca de la joven. Esto le permitió abrir la puerta del vehículo, salir corriendo y salvar su vida. Ted no tuvo tiempo de reaccionar con Carol, pero necesitaba saciar sus impulsos.

La cadena de asesinatos que sigue en Utah y una llamada a la policía de Elizabeth Kloepfer

La misma noche en que Carol se había escapado, Ted salió en busca de una nueva víctima. En esta ocasión, fue el turno de Debra Jean Kent, de 17 años. Desapareció repentinamente tras salir de un ensayo de una obra de teatro. Ted abandonó su cuerpo y no pudo ser confirmada su identidad, con los pocos restos que se hallaron, como que pertenecían a Kent, hasta el 2015 mediante pruebas de ADN.

Paralelamente a estos crímenes, Elizabeth Kloepfer tenía las sospechas de que Ted Bundy podría ser el hombre que policía andaba buscando. Pese a que le tomaron declaración, no hallaron ninguna prueba forense que vinculase a Ted directamente con esta cadena de asesinatos. Mientras tanto, Kloepfer mantuvo el contacto con Bundy de forma regular, incluso en enero de 1975, Ted regresó nuevamente hasta Seattle y pasaron una semana juntos. Evidentemente, Elizabeth no le dijo que había estado hablando con la policía.

Las víctimas del estado de Colorado

El cuerpo de Caryn Eileen Campbell apareció desnudo un mes después de producirse su desaparición el 12 de enero de 1975. Se encontraba en un camino de tierra cerca del complejo Wildwood Inn, donde había sido vista por última vez. Asesinada por múltiples golpes en la cabeza con un objeto contundente, dejando surcos claramente visibles alrededor de todo su cráneo. También había sufrido cortes provocados con un arma blanca. Tenía 23 años.

Dos meses después, el 15 de marzo, la instructora de esquí, Julie Cunningham, de 26 años, desapareció durante el trayecto de su casa hasta el local donde había quedado con un amigo para cenar. Ted había fingido una cojera que le impedía moverse con total normalidad, así que le pidió a Julie que le ayudase a meter unas botas de esquí en su coche. Sorpresivamente, la golpeó, la esposó y la estranguló. Después abandonó su cadáver y volvió 6 horas más tarde para contemplar sus restos.

Denise Lynn Oliverson, de 26 años, fue su siguiente víctima, asesinada el 6 de abril. Su cuerpo fue abandonado cerca de un río y jamás se recuperó.

Los últimos crímenes de Ted Bundy en Idaho, Utah y Florida

Ted seguía al acecho y en busca de nuevas víctimas. Fue el turno de Lynette Dawn Culver, de 12 años, el 6 de mayo de 1975. Ahogó a Lynette y luego se la llevó hasta un hotel. Una vez allí, la agredió sexualmente y después abandonó su cadáver a orillas de un río de Idaho.

Paralelamente a todos estos asesinatos, mantenía una relación con Kloepfer y con Boone al mismo tiempo, aunque también había mantenido otras relaciones esporádicas con otras mujeres. Durante el mes de junio de 1975, Kloepfer y Ted hablaron de casarse, mientras ella seguía manteniendo el contacto con la policía fruto de sus sospechas.

El 28 de junio de ese mismo año, Susan Curtis desapareció en Utah y jamás se recuperó su cadáver.

Los últimos asesinatos que se le atribuyen se cometieron en el estado de Florida. El 15 de enero de 1975 fue el día que más agresiones seguidas cometió, haciéndolo a un total de 5 mujeres. Margaret Elizabeth Bowman, de 21 años, fue la primera de esta nueva serie de crímenes. Ted la estranguló mientras dormía. Luego fue el turno de Lisa Levy, estrangulada y agredida sexualmente mientras dormía también. Las tres siguientes: Karen Chandler, Kathy Kleiner y Cheryl Thomas, todas ellas de 21 años, fueron sorprendidas mientras dormían pero todas pudieron sobrevivir al ataque.

El 9 de febrero, Ted acabaría con la vida de la última de sus víctimas: Kimberly Dianne Leach. La secuestró y la asesinó. Después abandonaría sus restos que se encontrarían momificados posteriormente.

Las víctimas de Ted Bundy

El perfil criminal de Ted Bundy

Si hay algo que destaca en este caso es la personalidad de Ted Bundy. Tras ser arrestado el 16 de agosto de 1975, la policía encontró en su Volkswagen múltiples objetos que no dejaban a Bundy en buen lugar: un pasamontañas, una palanca, grilletes, bolsas de basura, cuerdas, un picahielo o pantys. Pese a que Ted intentó justificar porque llevaba todo aquello en el coche, el policía recordó la descripción de Carol Da Ronch le había hecho cuando interpuso la denuncia por secuestro y agresión. Las descripciones coincidían con las de Ted Bundy. Sin embargo, no tenían pruebas suficientes para inculparle todavía y lo dejaron en libertad.

Ted acudió directamente hasta su apartamento y tuvo la fortuna de que con los registros, la policía no se había percatado de un <<trofeo>> que él guardaba: una colección de fotografías de todas sus víctimas. Las destruyó. La policía le vigiló durante las 24 horas y siguió manteniendo conversaciones con Kloepfer, la cual les dijo que había descubierto otros objetos desconcertantes como muletas, yeso, guantes quirúrgicos y una maleta llena de ropa de mujer. Intentó deshacerse hasta de su propio Volkswager, pero la policía lo confiscó y comenzó a hallar pruebas que le incriminaban directamente. Finalmente, acabó siendo juzgado por todos estos crímenes.

Ted Bundy
Ted escribió su nombre durante los juicios en la mesa

El modus operandi

Además de ser un conocedor del Derecho, Ted, era un investigador del mundo forense. Ambas ramas de conocimiento le permitieron tomar medidas contundentes para pasar desapercibido y ser totalmente camaleónico. Esto le permitió organizar de forma minuciosa todos sus asesinatos y utilizar herramientas comunes y domésticas como medias para estrangular. Los crímenes fueron un cuerpo a cuerpo entre él y sus víctimas.

Desechó por completo la idea del uso de armas de fuego, y eso se deben principalmente a dos razones: por un lado, por el ruido que producen al dispararse y los restos e indicios que pueden dejar; y, por otro, el hecho de que la violencia de Ted y la agresividad sobre sus víctimas implica un claro dominio y control. Disparar con un arma es una ejecución fría y distante, que nada tiene que ver el sentir como la vida de una persona se desvanece entre las manos de su asesino.

Tenía muy claro y muy presente que sus huellas dactilares no debían aparecer en ningún momento ni en ninguna escena del crimen. No solo porque pudiese usarse como prueba, sino que ya de por sí implica un indicio de que simplemente estuvo en ese lugar. No importa si antes, durante o después, la mera relación ya implicaba poder estar en el foco de una investigación. Si eso ocurría, aquello se convertiría en fichas de dominó dispuestas en fila que caerían en cuestión de segundos.

Los cambios físicos de Ted Bundy

Ted Bundy conocía aspectos psicología de la memoria y la capacidad de los testigos a la hora de describir o identificar a un sospechoso. Por esa razón, hacía cambios sutiles que le permitían cambiar su rostro para evitar ser identificado por testigos. Se cortaba el pelo o lo dejaba crecer, se afeitaba por completo o llevaba una sutil barba de unos pocos días, se perfilaba las cejas o las dejaba algo más espesas.

Tan solo ocultaba de forma deliberada un lunar que tenía en el cuello, por eso utilizaba jerséis con cuellos altos u otras prendas que pudieran ocultar esa marca peculiar y que podría distinguirle claramente.

La evolución en el modus operandi de Ted Bundy

No es extraño observar cambios en el modus operandi en los asesinos en serie. En el programa de Elena en el País de los Horrores estuve hablando de estos cambios y el perfeccionamiento que van consiguiendo.

Puedes escuchar el programa aquí:

Sus primeros asesinatos consistían en acceder a los apartamentos donde dormían sus víctimas y asaltarlas en mitad de la noche. Sin embargo, poco a poco fue organizando más sus crímenes, obtuvo materiales con los que fingir un accidente para engañar a sus víctimas y otras artimañas y elegía a sus víctimas meticulosamente con unas características muy definidas.

Muchas mujeres le definían como atractivo y simpático y, obviamente, no dudó en utilizar esas cualidades para acercase a las mujeres. Solo cuando empezó a tener sospechas que podría estar siendo perseguido, volvió a sus inicios accediendo a las viviendas de las mujeres en mitad de la noche.

También practicó actos de necrofilia. Recordemos que en alguna ocasión había vuelto al escenario del crimen. El interés de hacerlo recaía en una necesidad de volver a ver a sus víctimas muertas y practicar sexo con sus cadáveres. También las vestía con ropas que él tenía (recordemos también que Kloepfer encontró una maleta con ropa de mujer), y que por supuesto, no eran de la propiedad de sus víctimas. Las aseaba peinándolas, maquillándolas y pintándoles las uñas. También tomó fotografías de las mujeres asesinadas que después guardaba, aunque las destruyó para evitar ser descubierto.

La victimología

Todas fueron mujeres blancas y muy jóvenes, de entre 12 y 26 años. Pertenecían a la clase media y tenían una vida asentada, siendo la mayoría estudiantes. Además, algo que siempre se destacó es que eran castañas o morenas con una media melena, un cabello que recordaba a Setephanie Brooks, la mujer que rechazó a Ted Bundy. Sin embargo, en sus entrevistas él reconoció que no se debía a ese aspecto sino que solo observaba rasgos que indicasen juventud y belleza y que físicamente ninguna se parecía en realidad a Stephanie.

Los estudios realizados sobre su comportamiento, llevaron a establecer que Ted Bundy sufría, en efecto, un trastorno antisocial de la personalidad, comúnmente conocido como psicopatía.

Ted Bundy en Netflix

La vida de este asesino en serie es inmensa. Casi diría que imposible de resumir en un solo artículo de blog. Hay múltiples reportajes que se han realizado sobre Ted, en Netflix tenéis <<Conversaciones con asesinos: las cintas de Ted Bundy>> y la película <<Extremadamente cruel, malvado y perverso>>. En este último caso, el criminólogo Vicente Garrido realizó una charla analizando algunos aspectos de este famoso asesino en serie y que os dejo a continuación:

También tenéis en Amazon Prime una nueva serie llamada <<Ted Bundy: enamorada de un asesino>>

En otra ocasión hablaremos de la relación que Ted Bundy mantuvo con Carole Ann Boone, pero eso será en otro artículo. Si te ha parecido interesante esta entrada y quieres seguir leyendo sobre otros asesinos en serie, te recomiendo “Diario de un asesino”, de la sección Penny Dreadful. Aquí, te narro en primera persona los crímenes, en este caso, de Edmund Kemper:

Fuentes consultadas:

Programas de Elena en el País de los Horrores:

Extremadamente cruel, malvado y perverso

Las cintas de Ted Bundy

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